Miro por la ventana.
Y ahí está. Tan hermosa como siempre.
Blanca como la nieve más pura.
Con su brillo tímido, dispuesta a guiar en la noche a todo quién se lo pida.
Está tan alta que parece imposible que alguien haya podido visitarla.
Y es cierto, estaba tan lejos que no pude visitarla.
Luna mía, sigues en mi ventana y en mis caminos por la noche mas Ella parece haberse ido en un momento.
Es un eclipse, pero de esos de antaño que parecían vaticinar un desastre natural.
Me equivoco, aunque hubieran servido para predecir desgracias, éstos eran llamativos, se hacían de notar. Una victoria tuya, Luna mía, al Sol acaparador.
Pero ella ha desaparecido en silencio de mi camino, se ha ido del cielo sin destellos o explosiones… ¿Será una luna nueva?
De ser así, Ella ha de volver, bien sabes que quiero que lo haga, Luna mía. Mas lejos de aparecer otra vez tras una noche por la que no merece la pena preguntar, Ella parece hacer que su luna nueva se haga más oscura.
Miro por la ventana y ahí estás, miro a ver si vivo y Ella no está.
¿Por qué? Tú que estás ahí arriba, Luna mía, has de saberlo. Dímelo, por favor te lo pido, no te pido que vuelva sólo el motivo de su juicio en el gran enigma del libre albedrío.
Luna mía, luna de sangre.
Que ahí, desde la altura
Ves cómo mi carne busca
Y grita pidiendo al aire
Que me traiga un poco de cordura.
Que a ti te hablo
De lo que amo.
Yo te cuento
Lo que temo.
Te escribo
Lo que no le digo.
Luna mía, ¿por qué? No lo entiendo, no proceso el porqué has dejado que Ella se vaya… Tu luz iluminó mi camino hacia Ella, y no sé si te estaba viendo o si le estaba viendo, pero sí sé que no estaba viendo el camino. El camino con Ella se acabó, me quedo solo hablándole a una piedra flotante allá arriba, que como si fueras Ella, no puedo hacer más que mirarte y ni poder tocarte.
Tú, que lo ves todo, ¿qué estará haciendo? ¿Compartir camino con otra persona? Si es así, me pregunto cómo del viento no escuché esas palabras que lapidan mi ilusión. De ser así, no sé como de superficial o débil ha de ser tu luz para no ver el final del camino…
Definitivamente, estaba viendo a Ella. No al camino o a la Luna, a Ella. Y es hermosa, y más hermoso fue ver su sonrisa… Luna mía, te aseguro que desde tan lejos no podrías contemplar tanta belleza…
Luna mía, la echo de menos.
No sé por qué me dejó de contestar…
¿Cuál será el camino que le iluminas noche tras noche?
No escuchó, ignoró. Dio largas sin explicar. Le ansío y le quiero, te juro que aun con frío la espero. Suelo quedarme y sentarme en suelo, mientras la espero…
Y miro por la ventana.
Y ahí está. Tan bella que me recuerda a quién quiera olvidar.
En la noche fría.
Con su brillo tímido, dudando yo que me pueda llevar a dónde quiero.
Tan lejos como Ella, incapaz de alcanzarla.
Luna mía, ¿Y si sólo hay que alejarse del espejismo? ¿O preguntarme si en algún momento fue real?
Te veo desde mi ventana, pero también veo caminos por recorrer y plantas hermosas que también se merecen ser miradas. No lo veo como un descenso, menos que la planta valga menos que tú, Luna mía, pero sí creo que debo esperar a quién pueda yo abrazar…
Y no sé si la encontré, pero no la veo.
Miro por mi ventana.
Y ahí está. Tan verde como siempre.
Se alza y florece, como un buen recuerdo.
Con sus ramas un cojo se podría apoyar por el camino.
Tan cerca que lo podría tocar.
Una planta
me levanta
el alma,
da color
al amor
que no tengo
mas deseo.
Vi cómo se va
cómo rechaza
lo que fui a dar.
El árbol
desde la altura
me mima y cuida,
me da cordura
mientras ve mi caída
a la locura.
Sombra da,
no abraza,
no me abraza
no consuela.
Es el recuerdo
de tu indiferencia.
Es el duelo
a mi dependencia.
Y lo empiezo a necesitar, Luna mía.
A falta de la belleza y el misticismo, veo al árbol. Está ahí, acompaña y lo puedo tocar.
Mas no lo veo como pedir menos. Solo quiero estar y vivirlo, no mirarlo, Luna mía.
No quiero olvidar la admiración hacia ti, hacia Ella.
Pero juro que es verte y recordarla.
Cuando te ocultas entre las nubes y cuando el viento hacía que el pelo le ocultara la cara.
Cuando te veo llena y la veía tan hermosa como la recordaba.
A falta de poder acompañarla en su camino, queda el mío.
Los caminos que hicieron sus dedos en mi piel.
Y ahí estoy, volviendo a Ella… Otra vez.
Temo. Temo encontrarme con ese árbol o esa flor y guardarme bajo ella de la noche y buscarla entre las hojas, tratando de encontrarte, Luna mía.
¿Podré ver a otra reír sin escuchar a Ella?
A lo mejor sólo es el precio de andar por la noche.
El frío, el peligro y el hastío. Meterme donde no veía por donde iba con tal de llegar a ese espejismo.
Luna mía, ¿fallaste como guía o sólo me distraje y giré por donde no era?
…
Tú, piedra flotante que uso para reflejar a la chica que gusta o gustaba o yo qué sé, ¿por qué? Necia hay que ser para pensar que no lo pedí o esperé lo suficiente como para que ahora coja y desaparezca de la nada.
Tantas promesas de sinceridad para no acabar teniendo la conversación final, ¿por qué no me manda a la mierda? ¿Por qué acabar haciendo de luna nueva? No sé por qué Ella haría eso, pero ahí está, el chat vacío.
Quiero cerrar la ventana y dormir, pero aquí estoy como si de un preso se tratara.
Pero lo voy a hacer. Me lo merezco.
Cierro la ventana.
Ahí seguirá. Tan indiferente como siempre.
Blanca como la inocencia de cordero.
Con ese brillo insuficiente para otra cosa que no sea perderse.
Está tan lejos que solo un necio se hubiera enamorado de Ella mirando a la Luna.