CAPITULO TRES
LAS PISTAS FALSAS NO LE SIRVIERON DE NADA, PORQUE OLVIDARON UN DETALLE, LA INTELIGENCIA DE ARIA
−ahora como actuamos tíos, vamos y los golpeamos o llamamos a los refuerzos −, lo dijo mirándolos entre
seria y risa nerviosa,
−yo también tengo ganas de golpearlos, pero mejor dejamos que actúe la ley −, contesto el tío Danny,
−pero es que me gustaría patearlos donde sabes que mas le dolería−, dijo muy seria y con expresión de que
si era capaz de hacerlo,
−lo sé, lo sé sobrina, yo también quiero patearlos, pero creo que mejor llamaremos a la caballería −, dijo
Francisco, mientras sacaba el teléfono de su bolsillo y marcaba un número que había marcado muchas
veces,
−estaba esperando tu llamada−, dijo la voz al otro lado de la línea,
−con todas esa huellas digitales, que ya me informaron, espero ya tengan copias, porque en este momento se
va a caer el sistema de todos los organismos de justicia, y dile a tu sobrina que ya sé que es ella−, dijo el juez
judicial Augus Justos, al fiscal,
−No sé de qué hablas, pero tenemos indicios de donde puede estar el esposo de tu sobrina−, le dijo mientras
escuchaba una maldición en el teléfono,
−sí que es rápida, esa condenada cría, que va a hacer que me salgan más canas de las que tengo, ya no hay
huellas digitales −, dijo el hombre que terminó soltando una carcajada,
−ella aseguró con mucha firmeza que no dejaría rastros de su incursión en la plataforma del poder judicial−, le
replico Francisco acompañando con otra carcajada al escuchar a Augus riéndose,
−donde lo tienen, porque si le han tocado un solo pelo a mi sobrino, los voy a hundir en prisión por muchos
años−, dijo molesto, agregando seguidamente,
−ya firmo las ordenes, donde las envió y cuantos agentes necesitan −, preguntó el juez tío Augus,
−por lo menos veinte, hay que asustarlos, además creemos que también tiene a la abuela Helenita −, dijo
Francisco a manera de información,
−como que tienen a Helenita, yo voy con ustedes, creo que hoy me olvidaré de la toga de juez −, dijo feroz,
mientras ordenaba que prepararan un escuadrón de treinta oficiales armados y agentes de combate para un
operativo de rescate, además de dos unidades de servicios de rescate con dos paramédicos y un médico de
emergencia en cada unidad,
−creo que alguien va a estar muy arrepentido de lo que provocó −, dijo el tío Francisco,
−sí, el tío Augus, cuando se encabrona se le sale lo de luchador clandestino en los cuadriláteros de su
cuadra, y peor si se metieron con su Helenita, ella ha sido su amor platónico toda la vida −, dijo Aria,
levantándose de la silla, conteniendo un risa, al ver la cara de asombro de los tíos y de su padre,
−de donde sacaste esa información−, grito Francisco mirándola horrorizado
−yo se muchas cosas del tío Augus, no se lo digan, pero me lo contó la abuela Helena, que lo conoció de
joven, solo que ella era como diez años mayor que él, así que no le hiso mucho caso, tú sabes eso de las
diferencias de edad que la gente criticaba tanto antes−, les respondió sonrientes y luego les dijo
tranquilamente,
−pensar en el rescate me dio hambre, vamos a la cocina−, y salió caminando, poniéndose las manos en las
caderas, dándose un ligero masaje, mientras era seguida por los cuatro hombres que estaban pensando que
más sabía esa criatura tan inteligente.