Resilence

Capitulo 6: punto de partida

Un año había pasado desde aquella noche en La Guaira que le arrancó el alma. Alex ya no era el mismo joven impulsivo que buscaba dinero rápido en carreras ilegales. Su rostro, aunque mantenía esos rasgos atléticos y su *buzz cut* característico, ahora lucía una madurez forzada, con una mirada en la que habitaba un vacío que nadie podía llenar.

El sol de la tarde pegaba fuerte sobre el asfalto mientras Alex se desplazaba en su moto por las calles. El rugido de su motor, antes símbolo de desafío, ahora era solo una herramienta de trabajo. Se ajustó los auriculares.

—Ya voy llegando, es que había una cola terrible —dijo al teléfono, con voz neutra.

Alex trabajaba incansablemente como *delivery*. Repartía comida, documentos, encargos; cualquier cosa que le permitiera mantenerse en movimiento y enviar cada bolívar a casa. Llegó al local de los trabajadores, se bajó de la moto con agilidad y entregó los paquetes.

—Disculpa la tardanza, muchachos —dijo, secándose el sudor de la frente.

—Tranquilo, tío. Todo llegó bien, que es lo que importa. Si no, no te pago, ¿oíste? —bromeó el encargado soltando una carcajada.

Alex esbozó una sonrisa, pero fue un gesto forzado.

—Bueno, gracias. Debo seguir trabajando.
Revisó su teléfono. Un nuevo pedido: *Pastelería y Repostería Las Rosas*. Aceptó el encargo al instante, arrancando de nuevo. *"Sigamos haciendo dinero"*, se repetía a sí mismo como un mantra para no pensar en el vacío que Kelvin dejó en la mesa de su casa.

Al llegar a la pastelería, el aroma a azúcar y vainilla lo recibió. Marcela, la supervisora, salió a recibirlo con una sonrisa cálida que contrastaba con el ambiente de trabajo.

—¡Hola, Alex! Buenas tardes, gracias por el almuerzo —dijo ella, recibiendo el pedido.

—De nada, Marcela. Un placer —respondió él, manteniendo esa cara seria pero siempre amable.
Marcela se quedó mirándolo un segundo más de lo necesario.

—Alex, ¿no quieres pasar a comer al negocio? De todos modos hay mucha comida aquí y yo sola no voy a poder con todo esto.

Alex la observó por un instante. Tenía que admitir que Marcela era una mujer sumamente atractiva: su cabello corto le daba un toque moderno, su piel blanca estaba salpicada de pequeños lunares y sus ojos color castaño tenían un brillo especial. Por un segundo, el corazón de Alex —ese que había jurado no volver a sentir nada— dio un vuelco. *"Dios, ¿en qué estoy pensando? Debo trabajar"*, se reprendió internamente, alejando el pensamiento de inmediato.

—Lo siento, Marcela, pero tengo varios envíos que entregar y, pues, no puedo quedarme —respondió, dándole la espalda para evitar que viera su turbación.

—¡Vale, tío! No seas así, Alex. Quédate un momento. Además, debes comer algo para mantener ese cuerpo, que te vas a desaparecer —insistió ella, con un tono pícaro y divertido.

Alex soltó una risa auténtica esta vez, la primera en mucho tiempo. La sencillez de la invitación lo desarmó.

—Está bien, Marcela. Rápido, entonces.

La pequeña cocina de la parte trasera de la pastelería estaba impregnada del aroma a dulces recién horneados, pero el ambiente se volvió un poco más íntimo mientras compartían un bocado rápido.

Marcela, mientras removía su café, miró a Alex con curiosidad genuina.

—Alex, una pregunta —dijo bajando un poco la voz—. Llevo conociéndote más de seis meses y nunca te he visto haciendo otra cosa que solo trabajar. ¿Tú no tienes vida además del trabajo?
Al notar que Alex se tensaba, ella se cubrió la boca con las manos, arrepentida.

—¡Ups! Lo siento, lo siento. A veces no me callo lo suficiente, no quería meterme donde no me llaman.
Alex la observó fijamente. La sinceridad en los ojos de ella lo desarmó. Suspiró profundamente, dejando el cubierto sobre la mesa.

—Tranquila, no pasa nada —respondió con una calma triste—. Es verdad. Desde que llegué aquí a Madrid no he hecho más que trabajar. Mi mamá y mi hermana me necesitan, y cada euro cuenta.
Marcela se conmovió al instante, su expresión cambió de la curiosidad a una empatía profunda.

—Lo siento, Alex. Sé que es difícil salir de tu país y empezar de cero... no quiero hacerte sentir incómodo. Pero escucha, te voy a hacer una invitación y esta no se puede rechazar, ¿vale?
Alex arqueó una ceja, sorprendido por la intensidad de la chica.

—¿Ah, sí? ¿Y qué será?

—Vamos a salir, en plan de amigos. Este fin de semana, ¿está bien?
Alex sintió un nudo en el pecho. La sola idea de "salir" le parecía un lujo que no se podía permitir, no solo por el dinero, sino por la culpa que aún cargaba por la muerte de Kelvin.

—Marcela, jaja, es una idea muy buena, pero tengo que trabajar. Además... siendo honesto, no tengo dinero para gastar. Lo siento.

Marcela soltó una carcajada, sacudiendo la cabeza con determinación.

—¡Ostia, Alex! No te estoy pidiendo que pagues. Yo cubro los gastos. Vamos, por favor... además, no puedes pasar tu vida pura y exclusivamente trabajando. Te vas a marchitar.
Alex la miró, cautivado por su energía y su insistencia. Por primera vez en meses, sintió que alguien le estaba ofreciendo una vía de escape de su propia miseria.

—Está bien, acepto —dijo con una sonrisa pequeña.
En ese momento, el teléfono de Alex vibró con fuerza sobre la mesa. Un nuevo pedido urgente.

—Me tengo que ir, tengo que trabajar —dijo, levantándose rápidamente de la silla.

—Está bien —respondió Marcela, acompañándolo hasta la puerta con una sonrisa radiante—. Pero no te olvides de nuestros planes para el fin de semana.

—Seguro, nos vemos. Gracias por la comida, Marcela.
Alex salió a la calle y subió a su moto. Mientras el motor rugía y se incorporaba al tráfico de Madrid, por primera vez en mucho tiempo, no pensó en las cuentas pendientes ni en el pasado. Por un segundo, pensó en el fin de semana.

El sol comenzaba a ocultarse tras los edificios de Madrid, tiñendo el cielo de tonos anaranjados. Alex, agotado tras una jornada interminable, detuvo la moto en un pequeño parque. Necesitaba ese contacto, esa voz que lo anclaba a la tierra. Marcó el número y esperó con el corazón en la garganta.



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En el texto hay: amor, aventura e intriga

Editado: 29.06.2026

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