Resilence

Capitulo 11: Decisión

Alcatraz no perdió ni un segundo. Antes de que el teléfono terminara de emitir el tono de desconexión, levantó la mano hacia sus socios.

—¡Ya va! ¡Ya tengo un corredor! —exclamó con una frialdad escalofriante—. Denme veinte minutos para cuadrar todo y los vuelvo a llamar.

Colgó de golpe y se giró hacia Alex con una intensidad que parecía perforarle el alma.

—Alex, necesito que me ayudes en esta carrera. Es una orden, y es tu única oportunidad.

Alex sintió un nudo en la garganta, pero intentó mantenerse firme:

—Señor, de verdad, qué pena con usted, pero yo no corro más. Hace mucho tiempo que no toco una máquina y mi instinto está oxidado... puede que le salga mucho peor conmigo.

Alcatraz se acercó, invadiendo su espacio, con un tono amenazante y seductor a la vez:

—No es tu incumbencia lo que pasó ahí abajo, eso es historia. Pero esto puede beneficiarte: buena pasta para ti, para tu familia, o lo que tú quieras si me ayudas a ganar esta carrera. Es una oferta que nadie en su sano juicio rechazaría.

En ese momento, la puerta se abrió con estruendo. Borja y Samy entraron, con las ropas manchadas de una forma que a Alex le provocó náuseas.

—Señor, Antonio quedó hecho mierda —soltó Borja sin rodeos.

El sargento Ramiro, desde un rincón, soltó una carcajada sarcástica:

—¿Tú crees? Si desde aquí arriba ya se veía el desastre.
Samy permaneció en silencio, observando la escena con ojos muertos, mientras Alcatraz zanjaba el tema con un ademán de desprecio:

—Ya no me interesa eso. Alex nos va a ayudar.
Borja abrió los ojos con incredulidad, mirando a Alex con un odio visceral.

—¿Esa mierdecilla? ¡Señor, es un suicidio! Si lo hace perder... es mejor que conduzca yo.

El sargento Ramiro y Samy estallaron en burlas, lo que hizo que Alcatraz, ya al límite de su paciencia, explotara:

—¡Borja, por el amor de Dios, cállate! —rugió el patrón—. ¡Apenas sabes caminar y pretendes manejar una de estas bestias!

Alcatraz se giró nuevamente hacia el joven, dejando caer la máscara de diplomacia. Su tono se volvió un susurro peligroso:

—Entonces, Alex... ¿qué me dices? ¿Por las buenas o por las malas?

El cerebro de Alex trabajaba a mil por hora. *Estoy metido en un lío monumental*, pensaba mientras su corazón martilleaba contra su pecho. *Si me niego, es probable que no salga vivo de este palco. Si acepto, tengo una oportunidad, aunque sea mínima. Mejor hacerlo, ganar su favor y, con suerte, poder salir de esto sin pedir nada a cambio.*

Alex levantó la mirada, encontrándose con los ojos fríos de Alcatraz.

—Está bien —dijo con voz firme—. Lo haré.
La decisión está tomada. Alex se ha comprometido a competir en una carrera clandestina de alto riesgo para salvar su pellejo y la vida de su familia.

Alcatraz esbozó una sonrisa que no llegó a sus ojos, una mueca de satisfacción puramente calculadora.

—Bien dicho, muchacho. Confío en ti; sé que lo harás estupendo. Procura ganar, Alex... no acepto un segundo lugar.

El engranaje de la organización comenzó a moverse con precisión quirúrgica. Alcatraz repartió órdenes como quien dicta una sentencia.

—Samy, llévalo a la reserva en el taller. Equípalo con todo lo necesario y que esté listo para la pista. Borja, encárgate de notificar a los otros líderes: diles que mi corredor está listo. Y Ramiro... —Alcatraz miró al sargento con frialdad—, ocúpate de encubrir lo de Antonio. Que parezca un accidente fuera de las instalaciones.

—Claro, señor, como ordene —respondió el sargento, ajustándose el cinturón con indiferencia.

Samy le hizo un gesto seco a Alex para que lo siguiera. Mientras caminaban por los pasillos subterráneos hacia la zona de boxes, el aire se volvía más pesado y cargado de olor a aceite quemado. Samy, que hasta hace un momento había parecido poco más que un brazo ejecutor, bajó la guardia por un segundo y miró a Alex de reojo.

—Oye, chaval... ¿estás seguro de que vas a poder? —preguntó Samy, con una nota de curiosidad genuina en su voz ronca.

Alex sintió un nudo en el estómago. La duda era tan grande que casi podía saborearla.

—No sé... la verdad, no estoy seguro —confesó, sintiendo el peso de la responsabilidad sobre sus hombros.

Samy soltó un suspiro y le dio una palmada firme en la espalda que casi lo hace tambalear.

—Tranquilo, chaval. Solo relájate. Si eres bueno de verdad, eso llegará naturalmente. La técnica no se olvida, el cuerpo recuerda lo que la mente intenta ocultar. Relajado, ¿vale?

Alex se quedó perplejo. Aquel tipo, el más silencioso y peligroso del palco, le estaba dando la única palabra de aliento que había recibido en mucho tiempo.

—Gra... gracias por el consejo, de verdad.

—Tranquilo —respondió Samy, recuperando su máscara de indiferencia—. Sé lo que es la presión. Pero si puedes manejar este momento, lo que viene en la pista será pan comido.

Llegaron al corazón del taller. Allí, bajo luces halógenas que brillaban como focos de interrogatorio, estaba la moto. Alex se acercó a ella lentamente, acariciando el carenado con las yemas de los dedos. El impacto fue inmediato: comparada con las máquinas que él solía pilotar en La Guaira, aquellas motos artesanales que apenas arañaban los 150 km/h, esto era una bestia indomable. El chasis era pura fibra de carbono y acero reforzado; el motor, una obra de ingeniería ilegal diseñada para alcanzar los 250 km/h sin despeinarse.

Alex sintió que la moto vibraba ligeramente, como si estuviera esperando a que alguien con el suficiente valor la despertara. Era un monstruo diseñado para la muerte, y él tenía que domarlo antes de que fuera demasiado tarde.

El equipo de seguridad ha terminado de preparar la moto y Alex se encuentra ante la máquina que determinará su destino. La competencia está a solo minutos de reiniciarse.

Alex se ajustó el casco, sintiendo cómo el cuero y los materiales sintéticos del traje de competición se ceñían a su cuerpo como una segunda piel. Al montar la moto, el tacto fue eléctrico; la máquina parecía tener un pulso propio, una vibración contenida que recorría el chasis y ascendía por sus brazos hasta la columna vertebral.



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En el texto hay: amor, aventura e intriga

Editado: 29.06.2026

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