Resilence

Capitulo 13: Oferta

Alex se detuvo en el *pit*, el corazón le golpeaba las costillas como un martillo. Se quitó el casco con manos temblorosas, respirando el aire cargado de caucho quemado y adrenalina. Estaba eufórico, todavía con el pulso acelerado por el filo de la muerte que acababa de rozar.

Samy llegó corriendo, seguido por el equipo de mecánicos que vitoreaban como si hubieran ganado la guerra.

—¡Eres la ostia, chaval! —gritó Samy, dándole un abrazo que casi le saca el aire—. Ganamos. Por un momento pensé que te ibas a matar en esa curva, pero lo hiciste excelente.

Desde el palco superior, la figura de Alcatraz se recortaba contra la luz. Hizo un gesto breve con la mano, autoritario.

—Dile al chico que suba —ordenó Alcatraz—. Quiero felicitarlo personalmente.

Samy asintió, cambió su expresión a una más seria y le tocó el hombro a Alex.

—El señor Alcatraz quiere hablar contigo. Vamos, no lo hagas esperar.

—Sí, claro —respondió Alex, intentando recuperar la compostura mientras la realidad de dónde estaba volvía a golpearlo.

Mientras tanto, en el palco de los rusos, el ambiente era pura rabia. Yurinof estaba fuera de sí.

—¡Mierda, mierda, MIERDAAA! —gritó, lanzando su copa contra la pared—. ¡Vladimir, trae al Oso para acá, carajo! Me desobedeció. Tenía la orden de lanzarlo contra el muro y me ignoró. ¡Que venga ahora mismo!

—Como usted ordene, señor —respondió Vladimir, manteniendo la distancia.

Cuando Alex se alejaba hacia los palcos, una figura imponente le cerró el paso. Era el Oso. El ruso se había bajado de su máquina y se acercaba con paso lento. Alex se detuvo, tensando cada músculo, esperando un golpe.
El Oso se detuvo frente a él y lo miró de arriba abajo, su expresión era una mezcla de decepción y reconocimiento.

—Eh, chico. Espera.
Alex se quedó inmóvil. El ruso soltó un suspiro pesado y continuó:

—Tienes talento para esto. No lo desperdicies. Compite en las grandes ligas; eres capaz de llegar lejos. No pensé que tuvieras el valor de hacer esa locura en la curva... pero en este mundo, solo los que tienen agallas y están un poco locos llegan a ser algo. Ojalá nos volvamos a ver.
Alex, sorprendido por el respeto del rival que casi lo envía al otro mundo, asintió con humildad.

—Tú también eres muy bueno. Fue una carrera muy difícil... gracias.

Antes de que el intercambio pudiera continuar, Samy se acercó con prisa, luciendo incómodo por la cercanía con el ruso.

—Deprisa, Alex. El jefe no tiene paciencia. ¡Vamos!
Alex dejó atrás al Oso y comenzó a subir las escaleras que conducían al palco de Alcatraz, consciente de que lo que le esperaba allí arriba podría definir no solo su carrera, sino el destino de su familia.

Alex ha obtenido el respeto del mejor piloto, pero ahora debe enfrentar al hombre que maneja los hilos de todo este submundo.

Alex entró en el palco, todavía con la respiración entrecortada por el esfuerzo físico. Alcatraz, lejos de la frialdad con la que lo había recibido horas antes, lo esperaba con una sonrisa amplia y una botella de licor en la mano.

—¡Heyyy, chaval! ¡Felicidades! —exclamó Alcatraz, dándole una palmada en la espalda que casi lo hace desplomarse

—. Acabas de ganar una carrera muy importante para mí. Eres demasiado bueno. Esa locura en la última vuelta... fue una audacia temeraria. Pensé que te ibas a estrellar, pero esa maestría que mostraste... podría decir que llevas toda tu vida conduciendo.

Alex esbozó una sonrisa nerviosa mientras intentaba recuperar la compostura.

—Gracias, señor... me alegro que esté feliz.
Alcatraz soltó una carcajada y le sirvió una copa generosa.

—¡Deja los modales! Llámame solo Alcatraz, jajaja. Ven, toma, hay que celebrar.

Alex dudó, pero terminó aceptando la copa.

—Ok... solo un trago. No tomo mucho.

A su alrededor, el ambiente era extraño. El sargento Ramiro, con su habitual aire cínico, le dio un asentimiento de aprobación:

—Lo hiciste excelente, muchacho.

Borja, sin embargo, se mantenía en un rincón, cruzado de brazos; al ver la atención que Alcatraz le prestaba a Alex, simplemente escupió al suelo con desdén y resopló un "pfff" cargado de envidia. Samy, por su parte, se mantenía al margen, pero con una media sonrisa, satisfecho de haber sido él quien descubrió el talento de aquel chaval.
Alcatraz dejó su copa sobre la mesa y miró a Alex con una seriedad repentina, su tono volviéndose de negocios nuevamente.

—Mira, Alex. Te daré una buena suma de dinero. El premio que me hiciste ganar hoy vale mucha pasta, y gracias a esto, esa ruta de contrabando me hará ganar mucho más poder. Te has ganado tu parte.
Alex, sintiendo que esta era su oportunidad de oro para marcar una distancia definitiva, dejó la copa a un lado.

—Señor... no quiero nada. En serio. Solo quería ayudar, y gracias a eso... creo que por fin pude superar mis traumas, volver a pista y demostrarme a mí mismo que aún podía hacerlo. Mi mejor pago es poder irme a casa ahora mismo.

El silencio volvió a adueñarse del palco. Alcatraz dejó de sonreír y fijó sus ojos oscuros en los de Alex, evaluando si el joven decía la verdad o si estaba jugando una carta maestra de negociación.

Alex ha rechazado el dinero de Alcatraz, algo que en ese mundo puede interpretarse como un insulto o como una muestra de integridad absoluta.

El ambiente en el palco se tornó denso, casi irrespirable. La negativa de Alex no solo desafiaba la lógica del dinero, sino que ponía en duda la estructura misma de poder de Alcatraz.

—Alex, puedo darte mucho dinero —insistió Alcatraz, aunque su tono ya no era el de una oferta, sino el de una advertencia—. En pocas palabras, quiero que trabajes para mí. Necesito personas capaces a mi lado.

Alex tragó saliva, pero mantuvo su postura, recordando la razón por la que estaba allí.

—Señor, en serio, no quiero insultarlo, pero es que esto no va conmigo. Vengo de un país difícil donde el dinero dicta quién es el más fuerte, y a causa de eso tuve que huir. No quiero beneficiarme a costa de hacerle daño a los demás. Ya perdí a alguien importante en el pasado por mis decisiones y no quiero pasar por lo mismo.



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En el texto hay: mafia, deportes, sangriento

Editado: 22.07.2026

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