Resilence

Capitulo 16: El Precio del Éxito

Alex salió de su casa con el casco puesto, buscando en la velocidad de su moto el alivio que su mente no encontraba. El motor rugió bajo sus piernas mientras se dirigía al punto de encuentro, sintiendo que cada kilómetro lo alejaba un poco más de la vida tranquila.
Mientras tanto, en la panadería, Marcela se quedó mirando la pantalla del teléfono con una mezcla de tristeza y desconcierto. La frialdad con la que Alex le había hablado no se parecía al hombre atento de siempre. Necesitaba desahogarse, así que marcó el número de su mejor amiga.

—¿Hola, Elena? —dijo Marcela, intentando que su voz no temblara—. Quería saber si podrías venir a casa, me apetece tomar unos vinitos y charlar un poco.

—¡Claro, amiga! Estaba a punto de llamarte yo a ti. En 20 minutos llego, prepáralos que ya voy.

A kilómetros de allí, Alex llegó al negocio de Frank. El lugar estaba rodeado de un aura intimidante; dos autos negros, de vidrios polarizados, estaban parqueados justo en la entrada. Alex subió las escaleras con el pulso firme, aunque una sensación extraña le recorría el cuerpo. Al tocar la puerta, un sujeto imponente, vestido completamente de negro, le abrió sin decir palabra y le hizo un gesto para que pasara.

Dentro, el humo de los cigarrillos bailaba bajo la luz tenue. Frank y Samy estaban sentados frente a una mesa grande.

—¡Eyyy, chaval! Pasa, siéntate, ven —exclamó Frank, señalando una silla vacía.

Alex los saludó con un asentimiento breve y tomó asiento. Samy lo observó con curiosidad, una chispa de respeto brillando en sus ojos.

—¿Cómo te encuentras, hermano? ¿Lograste descansar algo después de anoche? —preguntó Samy.

—Sí, pude dormir un poco, gracias —respondió Alex, manteniendo la guardia alta.

Frank se inclinó hacia adelante, dejando escapar una carcajada llena de admiración mientras le daba una palmada en la mesa.

—Mira, Alex, te lo digo de verdad: eres la leche, tío. Lo que hiciste ayer en Guadalajara fue único. Sabía que tenías talento al volante, pero no que fueras una joya oculta. Eres como Messi cuando llegó al Barcelona; nadie sabía lo que tenía enfrente hasta que lo vio jugar.

Alex, con una humildad que no terminaba de encajar en aquel ambiente, se encogió de hombros.

—Bueno, no lo diría de esa manera. Siento que fue suerte del momento, las cosas simplemente fluyeron.

Samy intervino, negando con la cabeza y sonriendo de forma cómplice.

—Eso no fue suerte, ni por asomo. La habilidad con la que manejaste, la precisión en las curvas, la forma en que calculaste cada adelantamiento... parecía que llevabas toda una vida entrenando para eso. Tienes potencial, chaval, y nosotros estamos aquí para ayudarte a que el mundo lo vea.

El halago de Frank y Samy es una embriagadora señal de que el camino de Alex está cambiando para siempre. Mientras es aclamado en un mundo oscuro que le promete fama y dinero, Marcela espera en casa a una amiga, ajena a que el hombre que ama se está convirtiendo en una pieza clave de una organización que, tarde o temprano, traerá consecuencias.

Samy cruzó los brazos sobre la mesa, manteniendo una expresión seria pero profesional. El humo del cigarrillo se arremolinaba entre ellos mientras las palabras de Frank seguían resonando en la pequeña habitación.

—Alex, escucha —dijo Samy, bajando un poco el tono de voz—. Alcatraz tiene visión de futuro. Sabe que tienes un talento natural para las dos ruedas y quiere explotarlo.

Queremos meterte en una escuadra profesional, pero el camino es largo; hay que empezar desde abajo, en Moto3. Alcatraz cubrirá todos los gastos: equipo, viajes, mecánicos, inscripciones... y créeme, eso no es barato, es una fortuna. Tú vas a llamar la atención, porque en esas pistas compiten hijos de familias poderosas y empresas multimillonarias. Tú eres un chico de barrio, y sin este respaldo, habría sido imposible que te abrieras paso.

Alex sintió un nudo en el estómago. La oferta era tentadora, pero el origen del dinero le provocaba desconfianza. Antes de que pudieran seguir vendiéndole el sueño, decidió poner las cartas sobre la mesa.

—Disculpa, Samy, pero necesito saber algo —lo interrumpió Alex, con la mirada fija en él.
Samy se detuvo en seco, arqueando una ceja.

—Claro, hermano. Dime, ¿qué es lo que te preocupa?

—¿Qué me van a pedir a cambio? —soltó Alex, directo—. No quiero hacer negocios turbios, ni tráfico, ni nada de eso. No quiero verme envuelto en cosas malas. Tengo una familia que mantener, mi madre y mi hermana cuentan conmigo, y no puedo dejar que nada les pase. Mi vida, y la de ellas, vale más que cualquier carrera.

Frank soltó un bufido de impaciencia y golpeó la mesa con los dedos.

—¡Alex, deja que termine de hablar y cállate por favor! Estás paranoico, chaval.
Samy, en cambio, soltó una carcajada tranquila y levantó las manos en gesto de paz, tratando de disipar la tensión que Alex había generado.

—Ey, cálmate, hombre. No te preocupes por eso. Nadie te va a pedir que hagas nada ilegal fuera de la pista. De hecho, lo que queremos es que te conviertas en una figura limpia, un ídolo de masas. Eso es lo que le da valor a nuestra inversión. Tu único "negocio turbio" será ganarles a esos niños ricos en su propio terreno. ¿Te sirve eso como respuesta?

Samy intenta tranquilizar a Alex, pero la duda ya está sembrada. El joven sabe que, en el mundo de Alcatraz, nada es completamente gratis.

Alex se quedó en silencio un momento, absorbiendo la explicación.—Es que suena demasiado bueno para ser real —respondió Alex con sinceridad, bajando la guardia solo un poco—. Obvio que me interesa, es algo que mi hermano habría querido... verme en lo más alto. Pero es que de donde yo vengo, la desconfianza es lo único que te mantiene vivo. Si no dudas, te matan.

Samy se reclinó en la silla, clavándole la mirada.

—Alex, dime una cosa: ¿tú quieres cambiar tu vida para siempre? ¿Quieres dejar de ser el chico del recado?



#669 en Otros
#13 en Aventura
#283 en Detective
#255 en Novela negra

En el texto hay: mafia, deportes, sangriento

Editado: 22.07.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.