Resilence

Capitulo 24: determinación

Natacha, apoyada contra la pared del pasillo, mantenía la mirada fija en la puerta de la habitación mientras sus palabras caían como piedras sobre el suelo estéril del hospital.

—Es una familia humilde, Samy. Pero esto viene de lejos

—dijo ella, con una voz cargada de una amargura contenida—. Alex salió de Venezuela a los 18, huyendo. Tenía un hermano mayor, Kelvin. Se dice que fueron asaltados, pero la verdadera versión es otra: todo ocurrió en los piques de motos que se celebraban en la bajada de La Guaira.

Samy, que permanecía inmutable como una estatua, arqueó una ceja. —¿Piques clandestinos?

—Sí. Alex era un prodigio al volante, lo apodaban "El Titán del Litoral". Pero una noche, las cosas se salieron de control. Tuvo problemas con "Los Cabos", la banda más temida y sanguinaria de Caracas. Esa noche, dos de sus líderes terminaron muertos, y también cayó el hermano de Alex. Desde entonces, la venganza ha sido el motor de esa banda.

Samy procesó la información rápidamente, calculando el riesgo. —¿Cuál es el alcance real de esta banda? ¿Qué tanto poder tienen?

Natacha soltó un suspiro seco, lleno de veneno. —Azotan Caracas desde hace años: secuestro, extorsión, asesinatos, contrabando y violaciones. No tienen piedad con nadie. Lo peor es que reclutan niños de 8 o 10 años para convertirlos en sicarios. Son la peor plaga que ha existido en este país.

Samy apretó la mandíbula, sus ojos reflejando una determinación fría. —No te preocupes por eso. Nos haremos cargo. Tenemos una misión especial de parte de Alcatraz y vamos a barrer con ellos.

Samy le pregunta con curiosidad —¿Cómo sabes de Alcatraz? ¿Es solo por Ramiro?

Samy se quedó en silencio un segundo, sorprendido por la intensidad de la mujer. Entonces, ella revelo un secreto que cambió la dinámica por completo.

—A ese maldito viejo lo conozco muy bien... porque es mi abuelo.

El aire en el pasillo se volvió denso. Samy comprendió entonces por qué Ramiro tenía tanta confianza en esta operación. No era solo un contacto; era una cuestión de sangre. Antes de que Samy pudiera responder, la puerta de la habitación se abrió. Alex salió, con los ojos rojos pero cargados de una furia renovada.

—Ya podemos irnos —dijo Alex, con voz quebrada pero firme—. Ya me despedí. Ahora, quiero saber dónde están esos malditos.

Natacha guardó silencio, mirando a Alex y luego a Samy, consciente de que, en cuanto salieran de ese hospital, la cacería de "Los Cabos" pasaría de ser un rescate a una masacre inevitable.

El regreso al hotel fue tenso, marcado por el contraste entre el aire viciado de las calles de Caracas y la frialdad metálica de la habitación donde el equipo los esperaba.

Petrovish, siempre con esa sonrisa que no llegaba a sus ojos, los recibió sentado sobre la mesa, con la navaja descansando cerca de su equipo táctico.

—Ya está todo listo —anunció Petrovish, disfrutando de la incomodidad ajena—. Solo necesitamos que vuelvan a llamar para rastrear su IP. Samuel es un cerebrito con las computadoras, ¿verdad, Samuel? —Petrovish se giró lentamente hacia el técnico, quien palideció al instante—. ¡Jajaja! ¡Buen muchacho! Te ganaste un apretón de manos.

Petrovish extendió su mano, cargando el gesto con una amenaza silenciosa. Samuel, visiblemente aterrado, retrocedió un paso.

—¿Qué pasa? ¿No me darás la mano? —insistió Petrovish, mientras su tono se volvía más oscuro—. Alex lo hizo, ¡y ahora somos muy buenos amigos!

Alex, que seguía en pie cerca de la puerta, le clavó una mirada llena de desdén.

—Tú y yo no somos amigos, Petrovish.
El serbio soltó una carcajada exagerada.

—¡Ay, Alex, no mientas! Nuestro vínculo es muy lindo.
La mirada de Petrovish se volvió hacia Samuel nuevamente, esta vez con un aura que parecía irradiar peligro puro.

—¿Y bien, Samuel? ¿No me darás la mano? ¿Estás seguro de que esa es tu última palabra?

A Samuel le comenzó a faltar el aire, el pánico le impedía articular palabra. Justo cuando iba a ceder ante la presión, Petrovish le propinó una palmada en el hombro, tan fuerte que hizo que el joven tambaleara.

—¡Quédate tranquilo, hombre! Te va a dar algo, ¡jajajaja!
El ambiente en la sala era insoportable. Yeron mantenía los puños cerrados, Natacha observaba al serbio con la mano cerca de su arma reglamentaria y Alex apretaba los dientes, conteniendo su ira. La presión que Petrovish ejercía sobre el grupo era tan asfixiante como la de un depredador jugando con su presa.

Samy, que había estado observando todo en silencio, dio un paso al frente, cortando el aire con su sola presencia. Su voz, grave y autoritaria, resonó en toda la estancia:

—Ya basta de jugar, Petrovish. Tenemos que ponernos serios, esta no es una de tus diversiones.
Petrovish alzó las manos en señal de falsa rendición, aunque su sonrisa depredadora no desapareció.

—Sí, señor, como digas. Tus órdenes son mis órdenes... aunque sean un poco aburridas, jeje.
Samy ignoró el sarcasmo y se giró hacia el equipo, volviendo al plan.

—Samuel, concéntrate en esa IP. Alex, prepárate. Cuando ese teléfono vuelva a sonar, no solo rastrearemos su ubicación; vamos a ir por ellos. Es hora de dejar los juegos y empezar a ejecutar.

El sonido del teléfono fue como un disparo en la habitación. Alex contestó, con las manos temblándole, mientras Samy le hacía una seña imperativa: pásale el teléfono a Petrovish.

—¿Habla? ¿No tienes el dinero aún o qué? —escupió la voz al otro lado, cargada de impaciencia y veneno.
Petrovish tomó el aparato, su rostro adoptando una máscara de falsa cordialidad.

—¡Alooo! ¿Cómo están? Pues, mira, aún nos falta un poco para tenerlo completo. Vamos a necesitar un día más, ¿no hay problema, verdad?

El secuestrador estalló en una sarta de insultos.

—¡Tú estás jugando con nosotros, maldito! Vamos a matar a esa carajita y lo vamos a grabar para que lo vean, ¡pero no sin antes divertirnos con su cuerpo!
Alex, con los ojos inyectados en sangre, se lanzó hacia Petrovish con la intención de recuperar el teléfono y estrangular a quien fuera que estuviera hablando. Samy lo interceptó en el aire y lo empujó con fuerza hacia una silla.



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En el texto hay: mafia, deportes, sangriento

Editado: 22.07.2026

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