Resilence

Capitulo 28: Asalto. parte 1

Las 4:00 de la mañana. La oscuridad era total, solo rota por la silueta espectral de la finca que se recortaba contra el cielo antes del amanecer. La camioneta se detuvo a pocos metros del muro perimetral, oculta entre la maleza.
Samy bajó del vehículo, ajustándose el chaleco táctico mientras escaneaba el terreno con visión nocturna. El silencio era sepulcral, apenas interrumpido por el sonido lejano de algún grillo.

—Bueno, llegamos —susurró Samy, reuniendo al grupo—. Petrovish y yo entraremos primero a peinar la zona. Yeron, Samuel, quiero que aseguren el perímetro exterior; si ven algo extraño, no disparen a menos que sea estrictamente necesario. Natacha, te quedas al volante, es nuestra ruta de escape.

Natacha asintió, con el motor en ralentí silencioso. Samy giró la mirada hacia el joven que estaba sentado en el asiento trasero.

—Alex, tú te quedas aquí con Natacha. No podemos arriesgarte todavía.

Alex reaccionó como si le hubieran dado un latigazo. Se lanzó hacia adelante, con los ojos inyectados en rabia y desesperación. —¡No me puedo quedar aquí sin hacer nada, Samy! ¡Mi hermana está a pocos metros, tengo que salvarla yo mismo!

Samy le puso una mano firme en el pecho, obligándolo a sentarse de nuevo. La mirada de Samy no mostraba duda. —Quédate quieto, Alex. Estaremos en contacto por estos transmisores. Si algo se complica, puede que necesitemos apoyo, pero necesito que confíes en nosotros. ¿Ok?

La mandíbula de Alex tembló. Quería saltar de la camioneta, quería correr hacia la casa y patear la puerta, pero sabía que Samy tenía razón: si perdía la cabeza ahora, Natalia moriría. Bajó la cabeza, derrotado por el peso de la lógica.

—Está bien... —murmuró, apretando los puños hasta que le dolieron—. Los esperaré.

A su lado, Petrovish, que ya estaba cargando sus armas con una devoción casi religiosa, soltó un suspiro dramático. —¡Me aburro de tanto esperar! ¡Vayamos ya, carajo! Jajaja.

Samy le dedicó una mirada gélida para que guardara silencio. —Todos a sus posiciones. ¡Adelante!
Samy y Petrovish saltaron de la camioneta con la agilidad de los depredadores. Se movieron como sombras, sin emitir un solo sonido, hasta llegar a la grieta en el muro que Brayan les había señalado. Samy se detuvo un segundo, comprobó que el terreno estuviera despejado y le hizo una seña a Petrovish.

El arma mortal de Alcatraz se deslizó por el punto ciego de la finca, introduciéndose en la grieta con una sonrisa maníaca dibujada en el rostro. La cacería había comenzado oficialmente.

Samy se pegó al muro, sintiendo el pulso firme en su muñeca. A través de la radio de corto alcance, su voz apenas fue un murmullo: —Hay cuatro soldados en la zona este.

Petrovish, oculto detrás de una columna de hormigón a pocos metros, soltó una carcajada ahogada por el auricular. —¿Soldados? ¡No me hagas reír, Samy! Ni chaleco antibalas tienen. Están ahí bebiendo cerveza y fumando marihuana. Pff, será como aplastar hormigas. ¡Qué aburrido!

—Aburrido o no, tenemos que eliminarlos sin que suene una sola alarma —sentenció Samy, impasible.

Samy tomó una pequeña piedra del suelo y la lanzó con un movimiento de muñeca hacia un contenedor metálico cercano. El clank resonó en el silencio de la madrugada. Los dos hombres que bebían se giraron al unísono, confundidos. Fue su último error. Samy disparó dos veces seguidas; el silenciador apenas emitió un siseo, y las balas impactaron con precisión quirúrgica en las sienes de ambos. Cayeron como sacos de cemento, sin tiempo siquiera para soltar las botellas.

Al otro lado del pequeño patio, Petrovish ya estaba en movimiento. Se desplazaba como una pantera, invisible en la penumbra. Se abalanzó sobre el primero de los fumadores con una velocidad aterradora, cortándole los tendones de los talones con un tajo rápido. El hombre se desplomó gritando, pero antes de que el sonido pudiera salir de su garganta, Petrovish ya estaba frente al segundo.

El sujeto intentó levantarse, pero la mano del serbio fue más rápida: le clavó el cuchillo profundamente en la mandíbula inferior. Con un tirón hacia abajo, Petrovish le rajó todo el cuello y parte del pecho, dejando la carne expuesta en una abertura espantosa.

El primero, aún arrastrándose por el suelo tratando de alcanzar su arma, fue silenciado en un instante. Petrovish se giró y, con una frialdad mecánica, le hundió el cuchillo dos veces directamente en la cabeza.

El silencio volvió a reinar en la zona este. Petrovish se puso en pie, sacudiendo su arma, y miró el desastre que había dejado a sus pies.

—¿Viste eso, Samy? —dijo Petrovish por el intercomunicador, su respiración ni siquiera se había acelerado—. Te dije que eran hormigas. La zona está limpia. ¿Qué sigue, jefe? ¿Entramos por la puerta principal o prefieres que le demos una sorpresa a los que están adentro por los conductos de ventilación?

La orden de Samy retumbó en los oídos de todo el equipo. La misión de sigilo había terminado; ahora comenzaba la ejecución.

—Entra tú por la ventilación —indicó Samy con voz firme

—. Yo voy a limpiar esta zona exterior. En cuanto encuentre el panel de fusibles, apagaré las luces. Ese será tu momento para divertirte adentro.

—¡Como ordene, señor! —exclamó Petrovish, con un tono que denotaba un placer sádico—. ¡Eso sí me gusta! Sabes, Samy, al final no eres tan aburrido como pensaba.

Samy dejó de prestar atención al serbio y se concentró en su entorno. A pocos metros, tres hombres conversaban despreocupadamente. Samy apuntó con rapidez, sincronizando su respiración. Dos disparos secos y precisos, dos cabezas que se desplomaron. Pero, justo cuando su mira se centraba en el tercero, un movimiento lateral lo tomó por sorpresa.

Una mole humana, un gigante que se había mantenido oculto en las sombras, se lanzó contra él con la fuerza de un tren de carga. El impacto fue brutal; ambos hombres atravesaron una pila de cajas de madera que estallaron en mil pedazos. Samy, aturdido pero manteniendo la compostura, rodó por el suelo y se puso de pie, enfrentando a su rival. Era una mole, un tipo con el mismo tamaño y contextura que él.



#669 en Otros
#13 en Aventura
#283 en Detective
#255 en Novela negra

En el texto hay: mafia, deportes, sangriento

Editado: 22.07.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.