Resilence

Capitulo 29: Asalto. parte 2

Samy se lanzó contra Jonson con la agilidad de un rayo.

El gigante intentó un golpe desesperado, pero Samy lo esquivó con un giro de torso, aprovechando el impulso para conectar un impacto directo con el nudillo americano en el ojo derecho del coloso. El sonido de la cuenca ocular colapsando bajo el metal fue atroz. Jonson se tambaleó hacia atrás, cubriéndose la cuenca destrozada mientras un río de sangre oscura le bañaba la mitad de la cara.

—¿Ya no eres tan malo, no? —se burló Samy, aunque no hubo tiempo para disfrutarlo.

De las sombras del pasillo, dos soldados armados irrumpieron en la escena con sus armas en alto. Alex, que hasta ese momento seguía la pelea con los ojos muy abiertos, reaccionó al ver el peligro. Se lanzó en una carrera desesperada hacia los cuerpos de los dos hombres que Samy había abatido momentos antes. Con manos temblorosas pero decididas, arrancó las armas de las manos inertes y se posicionó para cubrir a su aliado.
Jonson, con la mandíbula colgando y el rostro desfigurado por el dolor, alcanzó a articular un grito agónico mientras señalaba a los recién llegados:

—¡Esos... malditos...! ¡Mátenlos! —balbuceó, perdiendo el equilibrio.

Samy ni siquiera esperó a ver el impacto. Al escuchar el metal de los cerrojos, se puso en marcha hacia la cobertura donde estaba Alex. Las ráfagas de los soldados empezaron a picar el concreto a su alrededor, levantando nubes de polvo y esquirlas. Samy se deslizó tras una columna, justo al lado de Alex, quien le pasó un rifle con una mirada cargada de pura adrenalina.

—¡Gracias! —dijo Samy mientras se asomaba para responder el fuego.

Jonson, colapsado en el suelo, se retorcía intentando recuperar la vista mientras intentaba dar órdenes, pero sus palabras eran solo un gorgoteo ininteligible. La finca era ahora un avispero, y los dos hombres sabían que no tenían margen de error: si no eliminaban a esos dos soldados ahora, el resto de la guarida se les vendría encima. La batalla por Natalia estaba lejos de terminar.

El interior de la finca era un cuadro dantesco. Petrovish se movía entre los pasillos como un espectro, dejando tras de sí un rastro de cuerpos desmembrados y paredes pintadas de rojo. Su risa, aguda y constante, resonaba entre los gritos de los pocos hombres que aún intentaban huir.

De repente, una patada contundente impactó en su pecho, lanzándolo por los aires hasta estrellarse contra la pared de baldosas de unos baños cercanos. Petrovish rodó, aterrizando con gracia sobre sus pies, y vio frente a él a un hombre robusto, con un delantal de cuero manchado y un machete de hoja ancha en la mano.

—Vaya... —dijo Petrovish, limpiándose un hilo de sangre de la comisura de los labios—. Me agarraste desprevenido.

Era El Carnicero, uno de los líderes. Sus ojos destellaban una ira asesina.

—¡Maldito! No sé cómo entraste ni cómo causaste este desastre, pero te voy a agarrar y te picaré en pedacitos.

Luego, se los echaré a los cochinos para que ni tus huesos queden —rugió el hermano de El Tigre.
Petrovish se puso en pie, adoptando una postura de guardia baja, con sus dagas reluciendo.

—¿Tú crees que en una pelea de cuchillos me vas a ganar? —respondió con una sonrisa depredadora.

El Carnicero se lanzó al ataque, blandiendo el machete con una fuerza bruta. Petrovish, con una agilidad felina, esquivó el tajo y rodó por el piso, lanzando un corte preciso que le cercenó los tendones de la pantorrilla. El Carnicero cayó de rodillas, soltando un bramido de dolor, pero en su desesperación, lanzó un tajo salvaje al aire que alcanzó a rozar el brazo de Petrovish, dejando una herida abierta.

Petrovish miró su brazo y suspiró, su expresión volviéndose fría de golpe.

—Estoy apurado. Quisiera divertirme mucho más contigo, pero no tengo tiempo.

Con un movimiento que desafió a la vista, Petrovish abandonó sus cuchillos y sacó una pistola de su cinturón.

Los ojos de El Carnicero se abrieron de par en par, perdiendo toda su bravuconería al ver el cañón negro apuntando a su pecho. Antes de que pudiera reaccionar, Petrovish disparó con una cadencia mecánica: dos disparos secos a los hombros y dos a las rodillas.

El Carnicero se desplomó contra el suelo, inmovilizado y a merced de la crueldad sin límites del serbio, quien se acercó lentamente, recargando su arma mientras el eco de los disparos se perdía en el resto de la casa.

Petrovish se inclinó sobre el hombre destrozado, levantándolo del suelo por la solapa de la camisa. El Carnicero, agonizante y con los pulmones llenos de sangre, lo miró con odio puro.

—Dime ahora mismo... —siseó Petrovish, acercando su rostro al del criminal—, ¿dónde está tu hermano y la niña?
El Carnicero escupió una mezcla de bilis y sangre sobre la cara del serbio.

—¿Todo esto por esa niña de mierda? —balbuceó, forzando una risa ahogada—. ¿Qué te pasa? ¿Estás loco?
Petrovish se limpió la cara con calma, manteniendo una sonrisa gélida.

—Dime una cosa... ¿Cómo te dicen a ti? ¿El Carnicero?
El hombre, temblando pero intentando mantener un resto de dignidad, forzó una sonrisa irónica.

—¿Y por qué preguntas? ¿Quieres un autógrafo?
Petrovish soltó una carcajada que resonó en las paredes de azulejos como un decreto de muerte.

—Me encantaría, pero creo que prefiero otra cosa de ti... tu corazón.

Sin previo aviso, Petrovish lo giró bruscamente y le desgarró la camisa con un tajo rápido del cuchillo. Al sentir el frío del metal contra su pecho desnudo, la fachada de El Carnicero se desmoronó.

—¿Qué haces? —chilló, su voz rompiéndose en un gemido

—. ¡Estás loco! ¡No me hagas daño, por favor!

El hombre empezó a sollozar, las lágrimas surcando la sangre de su rostro. Petrovish lo observó con una mueca de profundo asco.

—¿En serio vas a llorar? Y todavía no he hecho nada —dijo Petrovish, negando con la cabeza—. Ustedes son muy valientes cuando están del lado del arma, pero qué rápido cambian cuando les toca pagar, ¿no? ¡Jajaja!



#669 en Otros
#13 en Aventura
#283 en Detective
#255 en Novela negra

En el texto hay: mafia, deportes, sangriento

Editado: 22.07.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.