Resilence

Capitulo 35: Límite

El aire del circuito Bejarama se tornó denso mientras los mecánicos terminaban de ajustar los últimos detalles en la KTM. Alex se encontraba sentado sobre la moto, con los ojos cerrados bajo el casco, visualizando cada curva, cada cambio de elevación y el punto exacto de frenado. Cuando el semáforo sobre la recta principal cambió a verde, no hubo titubeo: el motor rugió con furia y Alex soltó el embrague de golpe, disparándose hacia la primera curva para arañar cada centésima de segundo posible.

—Bueno, Alex, 20 vueltas no son sencillas, pero sé que puedes lograrlo —la voz de Samy resonó clara y firme por el comunicador—. Demuéstrales de lo que eres capaz.

—Eso haré, Samy. Solo observa —respondió Alex con absoluta determinación, mientras su mente se transportaba a un plano diferente.

En su imaginación, la pista solitaria se pobló de competidores invisibles, rugiendo a su lado, convirtiendo la prueba de resistencia en una batalla campal por la gloria. Al cruzar la línea de meta, el cronómetro marcó 1:50 en la primera vuelta. Era un buen comienzo, pero el joven piloto sabía que el estándar exigido por el maestro japonés era mucho más alto.

Vuelta tras vuelta, el cuerpo de Alex comenzó a pasar factura. Al llegar a la sexta vuelta, el dolor en sus antebrazos se convirtió en un ardor punzante, producto de la tensión constante en el manillar y la fuerza requerida para dominar la máquina.

—Alex, vas muy bien, el ritmo es constante —le indicó Samy por la radio—, pero debemos bajar ese tiempo. Tienes que llegar a lo que Akuma exige, el 1:48.

—¡Sí, lo sé! —respondió Alex entre dientes, sacudiendo la molestia de sus brazos mientras ajustaba la postura en la siguiente recta—. El dolor no es suficiente para detenerme... ¡Tengo que hacerlo mejor!

En el paddock, Nora observaba la pantalla de telemetría con una mezcla de concentración y asombro.

—Akuma-sama, al parecer el chico se está aclimatando bien al ritmo... está conteniendo las 20 vueltas con una disciplina sorpresiva.

Akuma cruzó los brazos, manteniendo el rostro inexpresivo.

—Pero no es suficiente. Debe demostrarme si de verdad quiere ser un piloto profesional. No me sirve de nada alguien que se esfuerza a medias cuando la presión del campeonato real lo alcancé.

Antes de que Nora pudiera responder, un parpadeo en la pantalla hizo que los datos de la novena vuelta se actualizaran de golpe. Los ojos de Nora se abrieron de par en par al leer el registro exacto: 1:48.60.

Un destello de genuina sorpresa cruzó el rostro habitualmente frío del Sensei Akuma al ver cómo el crono rompía la barrera impuesta, acercándose peligrosamente al tiempo perfecto que había exigido para ganarse un lugar en la élite de Yamaha.

—¡Alex! ¡Llegaste a 1:48:60! Vamos que sí puedes, todavía te quedan 11 vueltas, no bajes el ritmo, sé que es difícil pero tienes que resistir —le animó Samy a través del comunicador.

—¡Lo sé, Samy, lo entiendo! ¡No me rendiré! —respondió Alex con firmeza.

En ese instante, Alex comenzó a trazar las curvas con una naturalidad asombrosa, inclinando la máquina al límite, dominando con maestría cada subida y bajada del circuito. Al notar el desgaste progresivo de los neumáticos, ajustó su estrategia de frenado y trazada para no perder velocidad. Para la decimopuesta vuelta, el rendimiento del joven piloto dio un salto impresionante.

—¡Excelente, Alex! Ya tu tiempo es de 1:48:07, ¡sigue así, ya estás en las grandes ligas! —gritó Samy, visiblemente eufórico.

Con el cuerpo adolorido y el aliento entrecortado por el esfuerzo supremo, Alex respondió:

—¡Sí!... Pero nunca antes había sentido esta presión en mi cuerpo... ¿Acaso esto es competir a un nivel profesional?
En el paddock, Nora miró al veterano maestro japonés y comentó:

—Akuma-sama, me parece que Alex es un gran talento.
Akuma mantuvo la mirada fija en la pista, evaluando cada milímetro del pilotaje del joven.

—Sí, tiene mucho potencial, pero quiero ver si aguanta lo que queda de vueltas —respondió con seriedad.
Acto seguido, Akuma pidió el comunicador para hablar directamente con Samy, quien accedió desconcertado. Tomando el control de la línea, la voz fría y autoritaria del Sensei retumbó directamente en el auricular de Alex:

—Alex, ya te quedan 6 vueltas y tu tiempo es excelente... ¿Pero eres capaz de romper la barrera de los 1:48? ¿O es ese tu límite?

Exhausto, luchando contra la fatiga extrema mientras mantenía el manillar con el poco combustible físico que le quedaba, Alex parpadeó con desconcierto y exclamó por la radio:

—¿Qué?... No entiendo.

El tono de Akuma a través del comunicador era un desafío directo, una prueba de fuego que no admitía excusas.

—Si es verdad que eres un prodigio de la moto, podrás bajar ese tiempo... ¿O solo eres un excelente piloto, Alex?

—espetó el maestro japonés con absoluta frialdad.
La sangre hirvió en las venas de Alex. El cansancio, el dolor en los antebrazos y los fantasmas del pasado se desvanecieron ante el fuego del orgullo.

—No... Yo soy mejor de lo que estás viendo, viejo. ¡Ya verás! —respondió Alex con voz ronca, pero llena de una furia indomable.

En el paddock, Nora dio un paso adelante, visiblemente alarmado.

—Sensei Akuma-sama, ¿es seguro llevarlo al límite de esta manera? Es peligroso para él, la fatiga muscular puede traicionarlo.

Alcatraz, con el puro inmóvil entre los dedos y los ojos fijos en la pista, esbozó una sonrisa cargada de intriga.

—Interesante... Veamos hasta dónde eres capaz de llegar, chaval.

Samy, apretando los puños frente a la consola de radio, maldijo en voz baja.

—Maldición... Más bajo que eso ya es inhumano. Alex está al límite, ¡no podrá aguantar mucho más!

Pero Alex ya había cruzado la línea del pensamiento racional. Con cuatro vueltas restantes, abrió el acelerador a fondo, obligando a la KTM a responder con cada gramo de potencia que le quedaba. Al cruzar la meta en esa tanda, el cronómetro digital brilló con un impactante 1:47:96.



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En el texto hay: mafia, deportes, sangriento

Editado: 06.08.2026

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