Resilencia

v e n t i s i e t e

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ALEX.

Llegado el día de la boda todo en la cocina era un caos, muchas personas, mucha comida, muchas ordenes, mucho de todo.

De alguna forma me había levantado mejor que antes, con mas entusiasmo y quizás un poco mas contento. Pase toda la noche intentando no pensar en la reunión con la princesa y en las palabras de mi madre pero al final no había dormido bien tampoco.

¿Irónico? Si. Pero tenia tanto sueño que no podía enfocarme en otra cosa que en los que hacia con las manos y las ordenes a seguir.

Mire le reloj, el turno recién comenzaba y ya podía sentía un nudo en el estomago que no sabia si era hambre, sueño o ambos.

-¿No te dije...?.-Ben vino a la cocina riendo con Javier a un lado y la bandeja de comida en la manos. Se acerco a mi y se sentó en su habitual silla.

Lo mire con la ceja alzada y prepare un caldo con agua dentro.

-¿Que hiciste?.

El me miró sonriendo con las palmas alzadas.-Yo nada. Esta vez juro que no hice nada.

-¿Por que será que no te creo?.

-Por que tienes serios problemas de confianza...-Se reclino en su típica silla tomando una manzana verde y Javier me miro inclinándose hacia mí compoteras de nueces para cocinar.

Le golpeé la mano.

-Rebeca desapareció.

Saque el caldo del fuego y lo coloque en la carne con tomate encima de la bandeja. Me sentía aliviado, el estúpido nudo en mi pecho se deshizo y eso me dejo tranquilo, aunque jamás lo admitiría.

-¿Y?.

Javier me miro incómodo y Ben solo se encogió en hombros dándole otro mordisco al fruta.

-Creímos que sabrías donde estaba.

-¿Yo?.- Ambos se encogieron en hombros como si fuera obvio, corte una rodaja de limón y la exprimidor sobre la carne.- Disculpen pero yo fui remplazado de mí cargo y hace rato que la princesa no es mí responsabilidad, así que no. No tengo ni idea de dónde está.

-Creímos que con tu relación...

Le lance una mirada de odio.

Ben sonrió.- No hubo relación, estoy trabajando. Váyanse.

Murmurando por lo bajo riéndose, se dieron media vuelta y salieron de la cocina entre choques y choques con los tipos nuevos.

-¡Atención mesa dulce!¡Atención mesa dulce!.- Grito uno de los coordinadores de bodas que el palacio contrato. Los cocineros de la mesa dulce lanzaron una mirada hacia el mismo y luego comenzaron a hacer las cosas mas lento.

Tomé el la botella de vino tinto para la carne y bebí varios tragos ignorando las miradas de desaprobación de mi madre.

¿Por qué deberia ser yo quien supiera donde ella estaba? Es tonto de pelo naranja debería saber, a él deberían ir a preguntarle no al idiota en la cocina.

Bufe, eche el vino a la bandeja con carne, papás y verdura y me volteé para meterla al horno precalentado con una mano apareciendo de en medio.

Parpadeé sorprendido.

Bien, el vino estaba mal.

Me volteé para ver su fecha de vencimiento pero de repente la mano se extendió hacia mí y hizo señas con los dedos. Trague saliva, eso debía de estar podrido, llenos de hongos alucinógenos o algo...

Pero casi con resignación me volteé a ver los dedos, sabia que era. O esperaba saberlo.

No sé por qué no luche, bueno si se, aunque miraba a la botella de vidrio sabia que no fue ella quién hizo aparecer la mano. Camine hasta el horno tomando la mano, entre lanzando los dedos y suspirando una vez más antes de atravesar el horno sin siquiera sentir el calor del fuego.

Sentí sus brazos antes que el frio y su mejilla pegada a mi pecho mucho antes que me atreva a abrir los ojos.

—Lo siento.- Murmuró Rebeca abrazándome el pecho con fuerza. La apreté más contra mí y suspiré, estaba llorando.-No puedo hacerlo, no quiero casarme con William.

-Shhh.- Chite contra su cabello y luego bese la cima de su cabeza. Había olvidado cuando me gustaba abrazarla y oler su cabello. La había extrañado demasiado, tanto que cuando se separó sentí que me arrancaban el calor del cuerpo. Mire alrededor, no estábamos en lo de Ope donde creía que ella estaría, era una cabaña de madera con una mesa en medio, un pasillo a un lado y ventanas en la cocina a mis espaldas cubiertas con sabanas blancas y sucias.-¿Dónde estamos?.

Ella me miro parpadeando y luego miro alrededor como si por sin se diera cuenta de donde estábamos.

-En una cabaña muy muy lejos del castillo, la vi en un viaje que hice con mí madre hace muchos años, esta medio escondida entre los árboles.- Asentí y la mire bajar la cabeza apenada mientras desenvolvía los brazos de mi alrededor.

Suspiré queriendo volver a abrazarla pero por fin sintiendo el frio del lugar. Estaba demasiado viejo y cubierto de sabanas blancas, deshabitado, y eso dejaba entrar el frio aun mas. O era mi imaginación.

Mire el viejo horno y la chimenea.

- Hay que ir a buscar madera antes que anochezca y el frio nos tome desprevenidos.- Mire el lugar, estaba demasiado sucio y había olor a moho, pero era un buen lugar al fin y al cabo. Ella sonrió agradecida, me abrazo y luego se separó para irse.-Estas segura de que nadie vendrá a la noche y nos destripara con una hacha mientras dormimos ¿No?.

Se encogió en hombros mirando también alrededor.-No tiene pinta de estar habitada.

Tenía razón.

-Abre las ventanas, ir por madera.- Ella asintió y camino hasta la ventana para quitar los trapos de los vidrios y los muebles. Deje la bandeja con la carne, las verduras y el vino a un lado encima de la mesa aun tapada y me encamine hacia la puerta.

Cocinarlo fue lo más fácil de todo.

-¿Cómo haces para cocinar algo con tan poco?.- Habíamos encontrado que esa casa tenía más cosas de las que esperábamos. Platos, cubiertos, vasos, utencillos de cocina. Rebeca abrió la llave del agua y la cocina contaba con varios utensillos y ollas sin contar con dos tanques de gas que nos servirían para cocinar sin madera.




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