Resilencia

C a p i t u l o d o s

Como si fuera cierto, lo que mi madre dijo se cumplió al medio día siguiente justo después del almuerzo y antes de asista a mis clases de Historia.

La puerta de mi habitación sonó con los leves golpeteó y, sentada como estaba frente a mi espejo, suspire, me levante y abrí al guardia real de mi madre.

-Señorita...- Era un tipo grande, buen mozo y con una leve barba que le daba un toque masculino por el cual algunas mujeres del pueblo suspirarían. Parpadeé ante su inexpresividad.- ...La Reina solicita su presencia en la sala de mujeres.

Apreté los labios con fuerza pensando en el plan, no debía ser impertinente, debía seguir las ordenes. Mi trabajo solo era eso.

A pesar del nudo que me ahogaba alce la barbilla y asentí con la cabeza para luego seguirlo con mis propios guardias protegiéndome por detrás. Que tonto era eso, pensé para distraerme de mi enojo, quien podría entrar o atacar el palacio tan directamente, sonaba estúpido hasta pensarlo. En el pueblo nunca había tenido nadie que me protegiera y no me había pasado nada, ahora sentía que violaban mi privacidad y me asechaban.

Mire la puerta de la habitación donde mi madre me esperaba algo irritada y tentada a no entrar, a desobedecer o ignorar lo que me decían, no podrían hacerme nada. Pero al fin y al cabo debía seguir las ordenes, pensé poniendo la mano sobre el picaporte.

Me obligue a entrar.

Ella estaba sentada en su sillón rojo sangre, solo y únicamente para la Reina, con su cabello recogido en una trenza y un rodete en la nuca y la corona, sutil pero llamativa, encima de su cabeza. Frente a ella la mesa de té con las sirvientas de la habitación apostadas a sus espaldas, lista para cualquier exigencia. Vestía de lila, lo cual era no era raro en ella.

Alzo la cabeza de su taza y giro la cabeza para mirarme con una sonrisa agradable.

-Hola Rebeca, mi niña.- Hasta me atrevería a decir que estaba siendo dulce por que desde que había llegado no había visto mas que sequedad, desinterés y hostilidad de su parte. Alzo el brazo y abanico el aire frente a ella indicándome que me siente en el sillón del otro lado de la mesa. Obedecí ligeramente confundida.-¿Quieres algo?.

Una de las sirvientas se adelanto un paso, alce la mano sintiéndome estúpida e hice señas rechazándola con amabilidad.- No, gracias.

Ella inclino la cabeza y volvió a su lugar en silencio.

La reina sorbió un poco mas de té y coloco la taza sobre la mesa.

-¿Como estas hoy?.

Mire mis manos sobre mi regazo y enderece la espalda.- Bien, gracias.

Tenia el corazón acelerado, no por miedo, sino por nervios. A veces, después de pasar casi un año aislada de aquellos lujos, me costaba pensar en que todo era mío y que esa antes había sido mi vida. Me abrumaba los lujos por que antes, cuando teníamos que ir a conseguir las raciones o a cortar leña para el invierno, no tenia mucho para pensar y si lo tenia no lo consideraba. Había olvidado de donde venia.

-Me alegro...- Volví a concentrarme en la mujer frente a mi y ella suspiro.-...Como bien dije ayer hoy comenzaras con un tipo de terapia.- Me miro esperando que abriera la boca, nuevamente impertinente, pero la idea había rondado en mi cabeza toda la noche y ahora estaba resignada. Asintió contenta con mi reacción e hizo una seña hacia el guardia que me había ido a buscar, él asintió y salió de la habitación.-..Se que debe ser difícil volver a el palacio, no quiero ni imaginar las atrocidades que deber de haber echo para sobrevivir entre ellos, pero quiero que sepas que tener nuestro apoyo sincero, tanto de tu padre como el mío.

-Se los agradezco.- Asentí suavizando el gesto en mi rostro, me sentía una mentirosa controlando mis gestos. Pero eso la contento y las líneas rígidas de estrés de sus ojos se desvanecieron. Junte las manos sobre mi regazo.- La verdad es que este ultimo tiempo me encuentro un poco abrumada pero...

La puerta se abrió y callé.

Nadie mas que mujeres y dos guardias podrían entrar a esa habitación, pero eso no quitaba el echo de que haya gente que se cuele por error. Nunca me paso pero no dudaba en que podía suceder.

Una muchacha de no mas de veinticuatro años entro a la habitación vestida con una camisa fina, un pantalón negro de cintura alta, botas y un tapado verde esmeralda que le llegaba hasta los talones.

La mire asombrada, a pesar de su apariencia tan mala su actitud no lo era, parecía tímida mientras caminaba cabizbaja hacia nosotras, con las manos unidas enfrente y los pasos cortos.

La reina suspiro cuando la tuvo al lado.

-Bien, ella es Margarita, tu nodriza.- No sabia si reírme o seguir teniendo ese indignación en mi rostro. Margarita inclino la cabeza hacia mi y le correspondí de igual forma.- Durante el resto de esta semana evaluara tu comportamiento y luego comenzaremos a trabajar sobre el ¿Si?.- Ella estaba tratándome como si fuera una niña pequeña y eso me irritaba. Miro a su guardia y él asintió con la cabeza una vez antes de que ella suspire y se levante.- Me temo que deberán conocerse ustedes, tenia programada una cita con la modista del palacio para remodelar todo para el solsticio...- Antes de irse se volteó hacia mi incomoda.-... Me disculpo, hija.




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