Resilencia

C a p i t u l o d i e z.

Dos días después de accidente Javier despertó sintiéndose extraño, con el cuerpo pesado y las energía gastada.

-¿Amor?.-Pregunto Amelia, su esposa, apareciendo del otro lado de la cama con las sabanas apenas envolviendo su piel. Pero cuando él la miro, por unos segundos, no la reconoció y se alejo de ella como si su tacto quemara.-¿Que pasa?.- en su rostro se veía la preocupación.

Javier abrió la boca para contestar pero nada salió de ella mientras se levantaba de la cama y comenzaba a cambiarse con el pulso acelerado y el miedo suplantando su energía. Estaba temblando mientras salía del cuarto en la Aldea del Rey y se encaminaba hacia la salida mirando hacia atrás por si su mujer lo seguía.

-Jav...-Oyó a sus espaldas y luego salió antes de darle la oportunidad de seguirla.

Su cuerpo comenzaba a desintegrarse cuando la luz del sol acaricio su piel, algo le estaba diciendo que se vaya de ahí, que cambie para ser escuchado.

-Hombre...- Su compañero de guardia apareció a su lado e intento golpearlo en el hombro como saludo, pero su mano lo traspaso.-...¿Que pa...?.

Antes que la palabra termine Javier era un orbe de energía, algo que no podía maneja esta vez. Se vio parado en los escalones de su casa y luego volando a través de las casas en dirección al castillo sin control alguno.

Entro al castillo y, en vez de subir como hacia todos los días, se encamino a través del comedor del Rey, por las escaleras del servicio y luego por pasadizos secretos, túneles llenos de polvo y telaraña, que discurrían por debajo de lado a otro, giro a la izquierda y luego otra vez a la izquierda, subió dos escalones secretos y siguió por su pasadizo tan estrecho que él, tan diminuto como estaba apenas pasaba, giro a la derecha y se encontró con un portal de hierro que se abrió para que él, que dejo lo pasar a un pasadizo de paredes echas de cristal donde el reflejo de si mismo tardo segundos en llegas pero donde no se vio a él como orbe, que vio a una niña de poca edad, con la cara pálida y sucia, los ojos azules y llorosos y la mano extendida hacia él.

Parpadeo, sus ojos también se llenaron de lagrimas, y de repente ya no estaba con ella, sus pies se encontraban en contacto con el frio suelo de su propia casa, el frio viento matutino enfriaba el sudor que caía de su cuello. Miro alrededor, confundido por estar fuera, y se percato de lo agitada de su respiración.

-Deberías entrar.- Sugirió Ben frente a él mientras lo empujaba hasta su puerta, ahora abierta de par en par con su esposa resguardada con una bata y los ojos puestos fijos en él.

-¿Que...?.-Comenzó aun mas confundido al ver a la su novia tan preocupada mirar a todos lados por su pasillo en la aldea e invitarlos a entrar apresurada. Ben le quito el estupor de una sacudida y lo empujo a entrar.-¿Ams...?.

-Shhh...- La mujer cerro la puerta ni bien entraron y se apresuro a resguardar las cortinas.

-¿Que paso?.-Le pregunto Ben parado a su lado.

-No lo se...- Su cabeza daba vueltas en los recuerdos de la niña de ojos azules, los pasillos de cristales, pero aun así sentía que eso era un sueño del que debía despertar.-... Creo que me llamaron.

-No, amor, te llamaron.- Corrigió su mujer caminado hacia la cocina y apareciendo con un té en sus manos.

-¿Que significa que te llamaron?.- Ben era el único que no entendía y eso fastidio a Javier mientras tomaba un sorbo de té y dejaba en la mesa la taza.

-¿Quien eres tu?.-Pregunto Amelia mientras miraba a su compañero guardia con sus ojos grises de repente tormentosos.

-Soy su compañero de Guardia, Ben.- Extendió la mano hacia ella, pero la mujer no le devolvió el saludo.- Trabajo con Javier en el cuidado de la princesa, estuve cuando se descompuso y quise venir a ver como estaba...

-Se descompuso hace dos días...-Gruño la malhumorada Amelia lanzándole miradas fulminante a su amigo quien le resto importancia con la mano.

-Tenia cosas que hacer.

-Bien, lo invito a que...-Antes de que la bella mujer que Javier tanto amaba lo metiera en problemas por su cruel boca, hablo con voz ahogada.

-Estoy bien.- Se enderezo en la silla y miro a sus dos acompañantes de hito en hito.- Un llamado es cuando un aura o un alma necesita ser escuchada y me pide a mi eso..

-¿Por que a vos?.-Pregunto Ben ignorando la mirada de Amelia.

-Por que mi cuerpo puede desintegrarse en algo compuesto de partes de mi alma y parte de luz, y soy un faro para los errantes...- Javier suspiro al ver la cara de confusión de su amigo.- Un errante es un alma que murió por homicidio.

-¿Lo que yo no entiendo fue por que lo dejaste entrar?.-Pregunto su mujer, indignada mientras se apoyaba en la mesa y cruzaba los brazos sobre su voluminoso pecho. Ben la miro, nuevamente confundido, y ella lo ignoro mientras miraba a su novio.

-No fue un errante, fue otro como yo.- Explico mirándola fijamente.-Me llevo...- Amelia lo cayo mientras lanzaba una mirada hacia el otro guardia para que tuviera cuidado con lo que decía, pero Javier confiaba en él, que le había salvado al vida cuando no tenían ni dos días trabajando juntos.-No pasa nada, Ben me salvo del ataque.

El susodicho sonrió alagado.

-Y quedaste sordo de un oído.-Bufo Amelia rodando los ojos.




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