Resiliente

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Pasteles de amor.

Ada.

La fiesta de aniversario de Solan y su esposa llegó más rápido lo que me gustaría, y si creía que no tenía que ver a Emiliano… me equivoque.

Tampoco estaba negada a tener cero contacto con él, lo he mantenido mediante correo electrónico, con indicaciones específicas de mi jefe. Aunque el nombre del correo sea el de su salón, sé que es él quien me responde.

Jenny se tomó el día libre de sus vacaciones, tuve que venir al salón porque hubo un problema con la decoración específica que Solan pidió, la agencia se equivoco en el color del marco decorativo y ahora estamos buscando una solución para antes de esta noche y ella decidió acompañarme. Sé que también lo hace para distraerse y no pensar en Jimmy y su repentina decisión de tomarse tres meses para saber si quiere casarse con mi amiga.

Me lo contó a detalle, a solas, después de nuestra última noche de chicas.

De verdad, no se que fue lo que hice para merecer las grandes amigas que tengo.

Ella ha estado haciendo llamadas, mientras la señorita desmonta el marco apenada, la única solución que me dio fue quitar el marco azul y dejar el resto de arreglos ya montados.

—Conseguí un marco del color que George solicitó—guardó el teléfono—llegará en una hora.

—Gracias, Jen.

La chica se disculpo nuevamente antes de irse.

Se suponía iría a la oficina hoy como cualquier otro día, pero las palabras de mi jefe fueron precisas. “Necesito que todo salga excelente esta noche” y me envió directo hacia acá. Hemos estado todo el día al pendiente que todo quede exactamente como Solan lo pidió, el personal del salón coopera para que todo quede listo a tiempo.

Habían cambiado el color vino de las paredes por uno beige, con tonos dorados en algunas columnas.

Mi jefe quiso recrear el momento de su casamiento, con los mismos invitados, todo tal cual como cuando se casó, sin sus familiares. Por eso los había traído antes de esta fecha. Había enviado doscientas invitaciones por correo a doscientas personas, en la lista de esas personas iba incluido Emiliano y su familia.

Supuse que la recibió la semana pasada, no confirmó su asistencia, pero supongo que vendrá, ya que es el dueño del lugar.

Junto al personal, ayude a poner cada uno de los manteles del color verde almendra qué mi jefe pidió, por suerte no tuve que conseguirlos por fuera, lo que si me costó bastante fueron los arreglos florales para cada mesa.

Con ayuda de todos, el lugar quedó listo con tiempo más tiempo de sobra del que calculé.

—¿Qué le parece?—preguntó uno de los meseros.

—Todo quedo de maravilla—asentí, recuperando el aire—, espero que al señor Solan le guste. Seguí sus instrucciones al pie de la letra.

—Conozco a Solan, le va a encantar, he trabajado mucho tiempo para él—Jenny llegó a mi lado—, a su esposa también.

—Dios te escuche—murmure.

Como si hubiera nos hubiera escuchado, mi teléfono sonó en una llamada suya.

Respondí al instante.

—¿Cómo va todo, Ana?

Ya volvía a llamarme Ana.

—Excelente, señor—me abstuve de corregirlo—. Todo está listo para esta noche.

—Eso espero—dijo sin un gramo de agradecimiento—, ahora necesito que te encargues del pastel, quiero que sea exactamente igual al de mi boda—demandó.

—¿Q-qué? ¿Pastel?

—Te enviaré una foto—colgó.

—¿Pastel? No había dicho nada de un pastel de bodas—me lleve las manos a la sien—¡¿Dónde voy a conseguir un pastel de bodas para hoy?!

—Tranquila, ya veremos como resolverlo.

Como dijo, me envió la foto de un pastel de tres pisos, con una decoración extravagante y muy difícil de preparar.

—Dios mío—susurre al ver la imagen—. Tranquila, Ada, tienes que resolver esto con la cabeza fría—murmure a mi misma—¡¿Dónde voy a conseguir un pastel para doscientos invitados?!

—Hay una nueva pastelería en el centro comercial cerca de aquí—murmuró el mesero escuchando todo—, pueden ir ahí.

Jenny le pidió el contacto del lugar para llamar antes, lo cual me tranquilizó un poco. Solo un momento, hasta que Jenny colgó y dijo:

—Se necesita hacer el pedido con tiempo—me hizo saber—. Tienen algunas tartas listas para vender, pero ninguna preparadas para boda.

—No puede ser.

El mesero estaba igual de estresado qué yo.

No puedo permitirme estresarme más, necesito pensar en una solución ya. Una solución ahora.

—Tengo cinco horas para encontrar un pastel idéntico al de la imagen, ninguna pastelería puede ayudarme ahora. Si me apresuro… no. —murmure, tratando de encontrar la respuesta en mi cabeza, y al parecer funcionó—¿Tal vez si?—mire a Jenny—Yo puedo hacerlo. Solo necesito conseguir todo… oh, mi horno no funciona.

—Usa el mío.

—¡Si, el tuyo es perfecto!

—Llamaré a las chicas.

No esperamos a nada, con Jenny fuimos directo a su departamento. Durante el camino le envío una lista a de cosas a Laura dictadas por mi, mientras yo conducía su auto. Gracias a Dios cuando llegamos a su casa, ella tenía lo básico para preparar las tartas, que sería lo más tardado ya que eran tres pisos, y tenía que hornear tres bases de diferentes tamaños.

—Compré todo esto con la idea de aprender a hornear pasteles durante estos tres meses sin Jim—murmuró sacando todo de sus gavetas—. La verdad es que ni siquiera lo intenté.

Me até el cabello tan rebelde que tengo, y comencé ya ordenar todo para empezar. Ver los ingredientes sobre la mesa me recordó mi maestra del instituto.

—Yo te voy a enseñar, mi querida Jennifer.

Ambas comenzamos con la mezcla para los tres moldes, le explique y mostré pasó por paso lo que debía hacer, me siguió lentamente hasta lograr la consistencia perfecta para lograr un panque esponjoso y delicioso. Mi jefe especificó en su mensaje que la tarta debía ser del sabor favorito de su esposa, chocolate. Así que nos pusimos manos a obra. Laura llegó a tiempo con todo lo necesario para decorarlo.




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