Mutual-Shawn Mendez
***
Primera clase.
Emiliano.
Extraño a Ada.
No me da pena admitirlo.
Extraño su simpleza, como a pesar del puesto que tiene siempre mantiene los pies en la tierra, extraño que me diga Eme, que siempre que la veo esta ayudando a los demás.
Extraño su cabello tan hermoso, ese color tan vivo, tan rebelde. Extraño sus ojos, su voz, todo.
Phrida me insiste en formalizar, pero yo no dejo de pensar en Ada. En todo lo que ha pasado. En ella junto a ese chico, el mismo que la recibió en su casa el otro día. Sigo creyendo que lo conozco de algún lado, más no recordé donde.
Mi teléfono no había dejado de sonar, menajes de todo el mundo, de Christian invitándome a su fiesta de compromiso, Phrida insistiendo en que vaya y formalicemos “lo nuestro”, algunos son de Adrián, otros de mi madre, mensajes de muchas personas, de mis empleados, de mis amigos, ninguno de ella. Ninguno de Ada.
Llevo viendo la foto de su contacto por más de dos horas, cuestionándome si es prudente o no enviarle un mensaje. Su última conexión fue hace días, exactamente el día que la vi con ese chico rubio.
Sigo un poco confundido, ella dijo que no era su novio, pero lo estaba besado. Y a mi siempre me dice que no.
No la entiendo.
El sonido de la puerta interrumpió mis pensamientos, aún seguíamos en Houston, el humor de Alejandro iba de mal en peor conforme pasan los días. El pobre no tolera no tener el control de nada.
Mi padre ha llegado esta mañana, lo que significa que volveré a Nueva York pronto. Lo que significa ver a Ada de nuevo, aunque sea de lejos.
Álvaro aparece en mi campo de visión, viene con mi hermano mayor detrás, ambos con su ropa de marca, fina, y costosa.
—Volverás a Nueva York en unas horas—establece Alonso—, necesitas no descuidar tanto el hotel.
—Claro.
—Alejandro se va a quedar aquí como habíamos acordado, tu te harás cargo de Nueva York hasta que todo aquí esté listo para la inauguración.
—Eso podría tardar mucho tiempo.
—Tardará lo que tenga que tardar, y hasta entonces, Alejandro se quedará aquí por ordenes de papá.
—No podemos hacer nada—comentó Álvaro.
—Me quedaré un par de días más aquí—continuó, desabrochando su saco—, ustedes volverán a casa a seguir gestionando todo como hasta ahora.
—No es que le de la razón a Alejandro, pero ¿Crees que puedas encargarte tu solo del hotel y él salón?
Es algo que llevo preguntándome que estos días, mi hermano y yo discutíamos cualquier cosa cuando de tomar decisiones sobre el hotel se trataba, mejoras, estrategias de publicidad y todo eso.
—Creo que me hará falta el punto de vista de Alejandro, pero lo intentaré.
—Cualquier duda o problema que tengas no dudes en llamar—habló Alonso.
—Gracias.
—Ahora, si me disculpan, tengo que irme ya—tomo su maleta ya hecha—. Mi mujer esta que hecha fuego por las orejas desde que supo que venía.
—Dale saludos de nuestra parte.
—Si, sí, si no respondo la siguiente video llamada familiar díganle a mi abogado que todo se lo dejo a mi madre—bromeo antes de irse.
Medio sonreí.
Recordé las palabras de Alejandro en el avión, sinceramente dudaba de que sus palabras fuesen reales.
Alonso se dispuso a seguir a Álvaro, lo detuve. Necesito hablar con alguien que no me diga blanco un día, y negro al otro.
—Alonso ¿Puedo hablar contigo de algo?
—¿De qué?—regresó hasta estar al pie de la cama.
—Necesito un consejo.
—¿De qué?
—¿Recuerdas esa chica que Alejandro les dijo que conocí?
—Sí. ¿Era verdad lo que dijo?
—En parte—me acomodé sobre la cama, bajando los pies al suelo—. Me interesa, y bastante.
—¿Pero?
—Creo que no estoy haciendo las cosas bien—confesé—. Desde que nos conocimos la invité a salir, ella me dejó en claro que no busca una relación amorosa, pero han pasado cosas que me hacen creer lo contrario, y estoy bastante confundido.
Mi hermano rodeo la cama, tomó asiento a un lado mío. Por mi parte solo recargue mis codos en mis rodillas, esperando poder recibir algo que me ayude.
—¿Qué cosas han pasado?—preguntó.
—En la fiesta de cumpleaños de Adrián, ella llevó a su hermana, nos vimos ahí, bailamos y me besó.
—¿Te besó?
—Creo que fue más porque tomó algunos tequilas.
Asintió, incitándome a proseguir.
—Después acepto tener una cita conmigo, y no apareció en el restaurante hasta después de cuatro horas —omití el detalle de las flores.
—¿Te dijo por qué?
—Sí, y yo fui un idiota con ella—admití.
Tengo que ser honesto si quiero recibir un buen consejo.
—¿Por qué?
—Por qué le dije que era mejor que no nos hubiéramos conocido, después la vi un par de veces más y ella hacía que no nos conocíamos…, todo fue un desastre.
—Déjame adivinar, le pediste consejos de amor a Alejandro
—No precisamente de amor—corregí—, solo quería arreglar cosas con ella.
—¿Y después que pasó?
—En uno de los partidos de Adrián volví a verla, hablé con ella y quedamos en bien, como amigos. Después, aceptó repetir esa cena a la que llegó tarde.
—Continúa.
—Justo ese día me pidieron venir, y ni siquiera pude avisarle.
—¿La dejaste plantada en el restaurante?
—Sí.
—¿Por qué no me dijiste que tenías esos planes?, le hubiera dicho a papá que llegarías al día siguiente.
—Alejandro me exigió que viniera de inmediato—explique.
—Alejandro no es nadie para exigirte algo, Emiliano. Y menos si se fue a Alemania con una chica un día entero.
—Pues así está el asunto.
—Y ella está molesta contigo—dedujo.
—Quise disculparme con ella pero, la vi en el centro comercial besando a otro chico. No sé que hacer, creo que esta molesta conmigo por lo del restaurante, y yo creo estar molesto con ella por verla con otro.