Un año atrás:
Ada.
La luz del sol se pierde poco a poco a través de las ventanas del restaurante, Marlen limpia las mesas de su área, mientras yo limpio el suelo de mi zona.
A una de mis mesas, llega una pareja que es imposible de ignorar, la mujer viste de un vestido lindo y elegante, y el hombre un traje gris que se le ciñe al cuerpo perfectamente.
Ambos toman asiento en las mesas de mi zona, Marlen, desde la suya, babea al ver al hombre que acompaña a la mujer.
Corre enseguida hacia mi.
—Ada, ¿Ya viste al semejante hombre que se sentó en tu zona?
—Ya lo vi.
—Por Dios, es un cuero de hombre—se mordió el labio sin quitar la vista de él—¡¿Por qué siempre te toca atender a los más guapos?!
—No lo es tanto—murmure tomando el menú.
Fui hasta donde su mesa, dándoles el mismo texto de bienvenida qué debo decir siempre que llega alguien. Le di el menú, y me retiré dándoles el tiempo para escoger algo de la carta.
—Hablaré con Homero para que me de tu zona, no es justo que todos los hombres guapos te toquen a ti.
—No importa, hazlo.
—¡¿En serio?!
—Tu zona son menos mesas qué la mía.
—No me importa tener más clientes con tal de atender a semejantes hombres que puedan sacarme de pobre—dijo, y se perdió tras la barra principal hacia la oficina Homero.
El hombre me llamó. Tome su orden, y se la entregue por la ventanilla a Guille, el cocinero. Somos buenos amigos, me ha invitado a salir un par de veces, pero siempre me niego.
Yo ya tengo a Alec, no es perfecto, pero lo quiero mucho y no lo voy a dejar.
Llevamos saliendo tres años, lo conozco hace cinco. Es el tiempo suficiente para saber que no quiero saber nada de nadie más. Aunque no se mucho de él, me prometió que algún día nos casaríamos, y aunque hemos tenido un par de discos obre mi hermana Addyson, todo está bien entre nosotros.
Seguí limpiando mi zona, y las mesas qué se desocupaban.
A veces en un pequeño tiempo libre que tengo, llamo a Jenny, para saber como esta Addy, ella es quien cuida de mi hermana cuando tengo turnos vespertinos.
—Señorita —me llama el hombro.
—¿Necesitan algo más?—me acerque con mi mejor sonrisa.
—La cuenta, por favor.
—Claro, si me permiten sugerir, tenemos algunos postres nuevos que podrían probar.
—Yo quiero postre, mi amor—dijo la mujer—¿Tendrán algo dulce y salado a la vez?
Ella y su pareja comenzaron a ojear la carta de los postres que les di, no tardaron mucho, y realizaron su orden.
—En un momento se los traigo—me lleve la carta.
Marlen salió de la oficina de Homero, su rostro no era el mismo con el que entro.
—¿Qué paso? ¿Te dio mi zona?
—No. La próxima vez que entre uno así guapote me lo mandas a mis mesas.
—Seguro.
Hoy casi no hay clientes debido a que es el ombligo de la semana, cuando muchos establecimientos cierran, Homero se aferra a abrir porque según él no puede perder ganancias.
Guille toco el timbre qué anunció el postre listo, los tome, y los llevé a la mesa rápidamente.
—Ada, tu novio llegó—avisó Marlen desde la barra.
—¿Me cubres unos minutos?—me acerque a ella.
—¿Y atender a ese cuero yo?—tomo mi delantal—¡Encantada!
Salí del restaurante corriendo a los brazos de mi novio, me recibió feliz. Yo también estoy feliz de verlo, por lo que al estar junto a él le doy un beso largo en los labios.
—Te extrañe, Ada—susurra.
—Yo también, no tengo mucho tiempo pero me encanta verte aunque sea unos minutos—rodee su cuello con mis brazos—¿Qué tal tu trabajo?
—Bien, algo exigente.
Nunca me ha dicho en que trabaja, tampoco le gusta que pregunte sobre ello. Así que no lo hago.
—¿Por eso no habías venido a verme?
Asintió, dándome un beso corto en los labios.
—Tampoco tengo mucho tiempo, amor, tengo una reunión importante en quince minutos, pero quería pasar a verte primero.
—Bueno, me alegra que aunque sea un momento pueda verte—acaricie sus mejillas.
—A mi también, te prometo que para el viernes seré todo tuyo.
—Eso espero.
Nos despedimos con un pequeño y corto beso. Al menos ya lo vi aunque sea un momento, y me alegró el día.
Volví adentro antes de que Homero se diera cuenta que salí, justo en el momento exacto en el que el hombre y la mujer me volvieron a llamar a la mesa.
—¿Ya tan rápido se fue tu galán?—cuestiono Marlen pintándose las uñas.
—Solo pasó a verme ¿No ibas a atender al hombresote?
—Dijo que tu lo estabas atendiendo cuando me acerque a ofrecerles algo más—rodó los ojos.
Me acerque de nuevo a la mesa cuando el hombre me entregó el pequeño Portacuenta.
—Qué tengan un buen día—dije como es debido el protocolo.
Abrí el Portacuenta y casi me atragante al ver la propina en efectivo que había dejado.
200 dólares, solo de propina. Es el doble de lo que consumieron, debe haberse equivocado. Debe ser un error.
Me acerque hasta ellos, antes que salieran por completo.
—Disculpe, creo que se equivocaron, dejo un billete de doscientos dólares.
El hombre me miró con una sonrisa qué no supe identificar si era amable, o falsa con la que diría que “esto es un experimento social”
—Es tu propina—entrecerró los ojos.
—La propina ya viene incluida en su cuenta.
—Esa propina es para ti, no la compartas con nadie más.
Puso una mano en la espalda de su mujer, y ambos salieron sin dar más explicaciones. ¿Por qué una propina tan generosa? Nunca me habia pasado esto, lo más que dejaban extra son diez dólares por el servicio.
—¡Ada ¿Qué pasa?!
Instintivamente guarde el billete en mi pantalón, el hombre dijo que no la compartiera, y siendo honesta, se que esta mal, pero la verdad necesito el dinero.
Volví hasta la barra con Marlen.
—¿Qué paso? ¿Por qué los seguiste?
—Es qué hubo un error en la cuenta—mentí—dejó menos de lo que era.