Mi nombre es Silvina. Nací en Rosario, Santa Fe. Desde pequeña entendí que la vida no siempre
es sencilla.
Crecí en una familia disfuncional. Mi padre abandonó su lugar y su ausencia se convirtió en una
pregunta constante: ¿por qué no me quiere? Durante años creí que el problema era yo.
Con el tiempo aprendí que el amor no se puede obligar. Que la ausencia habla más de quien se va
que de quien se queda.
En la escuela siempre fui buena alumna. Soñaba con ser arquitecta. Quería diseñar estructuras
firmes, quizás porque necesitaba sentir estabilidad en mi propio mundo.