La vida adulta no fue la que soñé. La perfección que imaginaba se transformó en una lucha interna
constante.
Viví diez años de depresión profunda. Llegué a pesar 150 kilos. Mi cuerpo comenzó a cargar no
solo peso físico, sino años de tristeza acumulada.
Caminar dolía. Moverme costaba. Salir era casi imposible.
La comida se convirtió en refugio. En consuelo. En compañía. Sabía que no era saludable, pero en
ese momento era lo único que calmaba la angustia.
Hubo días en los que solo quería desaparecer. Pero algo dentro de mí decidió quedarse. Y eso, hoy lo entiendo,fue valentia