Después de años encerrada, enfrentar el mundo fue aterrador.
Los ataques de pánico aparecían sin aviso. El corazón acelerado. Las manos sudando. El miedo
irracional de que algo terrible iba a pasar.
Pero había alguien que necesitaba ir a patín.
La reina de la casa.
Acompañarla fue mi primer acto de resistencia. Cada salida era una victoria pequeña pero enorme.