Hoy tenía cita médica. Control de la presión. Como siempre, los exámenes salen mal. Triglicéridos altos, colesterol alto, el azúcar se está subiendo. No bajo de peso. Estoy en 80 kilos. La presión alta.
O sea, es un día depresivo.
Salgo del consultorio a reclamar las cajas de pastillas que me mandaron. Me fastidia tanta droga. Me fastidia.
Para no llorar, me voy a un centro comercial. A tomar un frappé de café. Me gusta.
Mientras espero mi pedido, veo a una pareja de viejitos esperando también. El señor haciendo un crucigrama y la señora leyendo un libro. Una escena espectacular.
Mis lágrimas recorrieron mi cara. Eso soñaba. Tener a alguien a mi lado hasta viejitos. Tener una familia.
Lastimosamente ya perdí la esperanza de tener a alguien. Yo quería que fuera el padre de mis hijos, pero no está. No existe.
¿Y quién se va a fijar en este personaje con 4 hijos? Jajaja jajajaja... nadie.
Observo y observo. Qué lindo por ellos.
Llamo a la mesera y le digo que mi frappé me lo voy a llevar. Ya no hay tiempo. El bus va a pasar y no puedo perderlo.
No hay tiempo para mí.
Me lo traen, lo cancelo y me dispongo a ir a la salida.
En ese trayecto sonrío haciendo de cuenta que soy la mujer más feliz del mundo.
Le doy un sorbo a mi frappé y avanzó a mi realidad.