Respirar En Silencio

ALEGRIA O TRISTEZA

Desde ese día no volví a salir con él. Hablábamos muy poco por WhatsApp. No me quedaron ganas de nada. En mi cabeza solo repetía: no pasó nada, no pasó nada, como dice la canción de Thalía. Si no me acuerdo, no pasó. Eso creía yo, que todo había quedado ahí. Pero el destino me tenía preparada otra sorpresa.

Pasaron quince días cuando empecé a sentir agotamiento y náuseas cada vez que me subía al bus. Me daba mucho sueño. Por mi mente nunca pasó que estuviera embarazada, porque mi periodo siempre ha sido irregular. Mi mamá, cuando me veía así, decía que era una virosis.

Pero un día, acostada en mi cama, me llegó ese pensamiento de golpe. Me levanté y fui a la droguería más cercana. Compré una prueba de embarazo. Esperé a que todos se acostaran. Estaba sudando, asustada. Me la hice y... sorpresa: dos rayitas.

Lloré y lloré. Pensé: está mal, es tarde, es un error. Esas pruebas se hacen en la mañana.

No dormí esa noche. Al otro día, bien temprano, mientras llevaba a mis hijos al colegio, compré otra prueba y me la hice. Otra vez dos rayas. No podía ser. Se supone que la pastilla del día después funcionaba, eso decía en internet. Nunca la había utilizado.

Otra vez lloré y lloré. Al otro día decidí hacerme la de sangre. Cuando fui a recogerla, rogaba que fuera negativa. Suplicaba que fuera mentira. Pero nada, el resultado era el mismo.

Mi corazón se quería salir. Era una irresponsable, actué como una niña. Tenía treinta años, ¿cómo era posible? Mi mundo se me iba a venir abajo. Mi esposo solo tenía un año y tres meses de haber fallecido. Me iban a señalar, a juzgar. Quería salir corriendo, irme lejos. Mi mente estaba en blanco. ¿Qué les iba a decir a mis hijos? ¿Cómo les explicaba que solo fue un día? ¿Cómo los convencía de que no tuve una relación con esa persona, con ese desconocido? La familia de mi esposo me iba a atacar.

Desde ese día todo cambió.

Tirada en el suelo, agarré el celular y le marqué. Le di la noticia. Me dijo que por WhatsApp le mandara la foto del examen, tal vez no me creía. Se la envié. Me dijo que se iba a hacer responsable, algo que me sorprendió. No teníamos una relación, solo fue una vez y no lo puso en duda.

Después de la llamada me quedé tirada en el suelo, con el celular en la mano. Él había dicho que se iba a hacer responsable. No me lo esperaba.

Yo esperaba un "no es mío", un "estás mintiendo", un silencio. Pero no. Dijo "mándame la foto" y luego "yo respondo". Y eso me dejó más confundida que antes.

Esa noche no lloré. Ya no tenía lágrimas. Solo sentía un vacío en el estómago y esa prueba de sangre arrugada en mi mano.

Al otro día...




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