Respuesta A Medias.

Capítulo 1.

Piensa en aquello que llena tu corazón, desde lo más trivial hasta la pasión más grande que experimentaste en tu vida, piensa en como una acción tan simple puede asimilar esa tormenta de emociones que te recorren dejándolo todo en calma, para muchos un deporte, cocinar, incluso cuidar de una pequeña planta o quienes se regocijan con la compañía de alguien especial, sin importar que sea, anhelamos esa plenitud, la perseguimos desde que nacemos hasta el día que nuestros ojos se cierran por última vez. Están los privilegiados que encuentran aquello cuando su vida apenas comenzaba y aquellos cuya existencia se termina sin siquiera haber tenido esa respuesta, una pena total.
Entre las pasiones que existen en esta vida terrenal, hay una en particular que trasciende más allá de un gesto o movimiento físico, más allá de un cuidado o preparación intelectual, una pasión que es capaz de trasmitirse desde tu interior a los corazones de los demás... La Música.
- Recuerdo a mi Padre, más de lo que mi Madre recuerda siendo honesta. -
- Imagino que piensas mucho en él. -
- Pienso en el a diario... - (Suspirando)
- ¿Buenos momentos? -
Aquella chica miro fijamente al doctor frente a ella, mientras sujetaba su mano derecha a la altura de la muñeca con fuerza, y tras una breve pausa solo respondió.
- Si, lo son. -
- Bueno, creo que es todo por esta semana, no olvides pasar por tu chequeo mañana. - Dijo el Doctor levantándose de su silla casi con prisa.
- ¿Es necesario? - Pregunto la chica con una mirada de decepción.
- Dímelo tu. - El Doctor sonrió mientras miraba como la chica apretaba sus manos sin darse cuenta.
Aquella consulta era rutinaria, aunque la ayuda psicológica le parecía algo excesiva, sabía que su madre estaría más tranquila si ella asistía, después de todo, ¿Cómo se sigue igual después de perder a un padre?
- Nos vemos. - Dijo el Doctor abriendo la puerta, una invitación directa a que se retirara de inmediato.
- Bien. -
Saliendo casi corriendo de aquel consultorio, la chica apenas si miraba los rostros de quienes la rodeaban, solo seguía su camino, no por un sentimiento de superioridad, al contrario, su perspectiva de que los problemas de los demás eran más reales que los que ella tenía, simpatizando casi con cualquiera cuya vida atraviese un pequeño bache, algo extremo, y ella lo sabía, por eso optaba por evitar conocerlos.
- Solo sigue... - Susurro mientras a su alrededor muchos pacientes tenían conversaciones y discusiones fuertes.
Su camino a casa pasaba por un pequeño almacén de instrumentos que sus padres atendían, lleva cerrado desde hace unas cuantas semanas, pero para ella era inevitable no estar ahí, después de todo su infancia fue aquellos tambores y cuerdas.
- "Quien toca no es quien lo hace bello, sino la razón por la que lo hace", ay Papá... - Pensó la chica siguiendo su camino a casa.
Aquella noche su mente divago más de lo normal, no es un insomnio común, son esos pensamientos que sobrepasan tu control y cuando más anhelas que tu mente este en quietud, es cuando más te torturan. Todos tenemos fracasos, arrepentimiento, pero lo que más pesa en esos momentos es "y si hubiera", como si crear un escenario en tu mente donde las cosas transcurren distintas fuera un consuelo y un sufrimiento al mismo tiempo.
Al cabo de unas horas logro descansar un poco, aunque no lo suficiente pues en la avalancha de sobre pensamientos hubo uno que permaneció al despertar.
- La tienda... - Susurro levantándose de golpe de la cama, alistándose como pudo y corriendo hacia la puerta.
Al llegar con la luz del día la tienda parecía mucho más descuidada de lo que creía, ella aún conservaba la llave de su padre, pues su madre había decidido marcharse hace meses, sin importar lo que pensara, ella entraría y haría lo que pudiera.
- Esto debe ser una broma. - Dijo la chica abriendo la puerta.
Con solo entrar era evidente que se habían llevado todos los instrumentos, su madre era la clara culpable pensó ella, queriendo gritar pero respirando lentamente la chica decidió adentrarse hasta la parte de atrás, mientas caminaba por aquellos pequeños muros a su alrededor casi se podía oír una pequeña risa, un recuerdo vivo en ese lugar, y la imagen de una pequeña corriendo hacia un piano viejo y desgastado, donde un hombre tocaba lentamente sus teclas mientras sus ojos se cerraban, errando algunas notas, pero sin desentonar en esa melodía tan hermosa...
- Por favor dime que sigues ahí... - Dijo la chica abriendo la puerta y viendo aquel piano viejo y desgastado, aunque su expresión fue de tristeza un instante, casi de inmediato sonrió.
Era un caos aquel piano, pero por alguna razón se veia tan bello, aunque claro, la belleza es subjetiva.
- ¿Cómo es que no te llevo también? -
Pasando su mano por las teclas llenas de polvo, viendo como algunas ya no funcionaban, decidió mirar a su al rededor, buscando algo para poder limpiarlo, sin ser experta, sabia como poder arreglarlo, aunque tomaría tiempo, sin poder iniciar porque su teléfono sonó de repente.
- Carajo, la maldita cita. - Casi gruñendo la chica solo guardo su teléfono y decidió irse.
Era evidente que esos chequeos eran un auténtico fastidio para ella, pero en el fondo un pequeño miedo de que fueran necesarios crecía, algo que ella ignoraba la mayoría del tiempo, pero ¿por cuánto?
Saliendo de la tienda, la chica sintió un pequeño escalofrió en su hombro, como si alguien estuviera viéndola, pero ignorándolo solo cerro con llave la entrada principal y camino a su cita.
- Bienvenida, no esperaba que llegaras a tiempo. - Dijo la Doctora abriendo la puerta de su consultorio.
- Creo que es mejor solo venir y ya. - Dijo ella tratando de fingir una sonrisa.
- Si, seguro. - Dijo la Doctora con cierta ironía.
La chica solo se sentó frente a la doctora, extendiendo sus manos como si supiera de antemano lo que debía hacer, pero siendo interrumpida por un ruido en el pasillo afuera del consultorio.
- ¿Qué está ocurriendo ahí? - Dijo la Doctora levantándose de golpe.
- ¿Ahora qué? -
En el pasillo, un muchacho estaba armando un alboroto, peleando con miembros de la clínica tratando de que lo soltaran.
- Suficiente, ¿Qué está pasando aquí? - Se acerco la Doctora hasta donde estaba el muchacho.
- Doctora perdone el escándalo, pero este mocoso intento entrar a su consultorio por la fuerza. - Dijo uno de los guardias de la clínica.
- Ya está bien, suéltenlo. - Dijo la Doctora mirando al muchacho fijamente.
- Idiota. - Susurro el muchacho mientras jalaba sus brazos con resentimiento.
- Y bien, ¿en qué puedo ayudarte? - Dijo la Doctora con cierto tono de condescendencia.
A lo que l muchacho solo frunció su rostro con un claro disgusto, pero su expresión cambio de golpe al ver a la chica saliendo al pasillo, no hay que subestimar la curiosidad de las personas, y ella no podía resistir el saber que estaba pasando en aquel pasillo.
- No es nada, me equivoque de lugar. - Dijo el muchacho antes de salir corriendo del lugar sin que nadie pudiera detenerlo.
La Doctora solo suspiro, girando su cabeza con disgusto.
- Niños. - Dijo la Doctora entrando de nuevo al consultorio.
La chica permaneció sorprendida, aquella escena la dejo en un estado de confusión, al terminar aquella consulta, salió de inmediato a la tienda, pues era lo único que quería desde que sus ojos se abrieron en la mañana.
- Bien, solo debo averiguar donde conseguir las piezas y... - Dijo la chica llegando a la entrada de la tienda, pero deteniéndose de golpe al escuchar un ruido dentro.
- ¿Qué... un ladrón?, pero no queda nada ahí dentro... no puede ser, el piano. - Pensó la chica mientras sus manos comenzaban a temblar levemente.
Sin poder ingresar la llave en la cerradura de la entrada principal debido a ese pequeño temblor de sus manos, la chica sujeto con fuerza su muñeca y abrió de golpe, dándose cuenta que aun había seguro en la puerta... entonces ¿Cómo entraron?
Acercándose lentamente, el corazón de la chica latía con fuerza, sabía que de ser un ladrón lo que escucho poco podía hacer, y ese pensamiento de impotencia la detuvo en medio de la tienda, pero antes de poder volver a la entrada la puerta del fondo se abrió, y con un impulso de coraje la chica corrió hasta el fondo de la tienda chocando con la persona que salía. Estando en el suelo, la chica vio como la persona con la que choco era el mismo muchacho de la clínica.
- Eso dolió… - Dijo el muchacho levantándose.
- Pero que mier… -



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En el texto hay: esperanza, incertidumbre, crudeza

Editado: 15.06.2026

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