Respuesta A Medias.

Capítulo 2.

Capítulo 2:

"A veces pienso que no es nada fácil levantarse, excepto los días que tienes motivación, claro que esos no cuentan... No, hablo de esos días donde sientes que levantarte de tu cama es demasiado pesado, porque sabes que nada allá afuera vale la pena."

- Ey niño, deja de perder el tiempo y baja ahora mismo. - Dijo la voz de una mujer adulta en un tono despectivo.

- Si madre. - Respondió el muchacho mirando hacia el techo por unos minutos antes de levantarse.

Tras un breve lapso de tiempo, la madre del muchacho siguió llamándolo, subiendo su tono cada vez más.

- Enserio no entiendo cómo puedes desperdiciar el tiempo así… - Dijo la mujer sin siquiera mirar al muchacho.

- ¿Qué necesitas? - Respondió el muchacho con algo de indiferencia.

- El vago de tu padre no volvió anoche a la casa, ya sabes donde esta, tráelo, ahora mismo. - Dijo la mujer mientras organizaba varios papeles en la mesa, parecían cuentas pendientes.

- Bien. - Dijo el muchacho con un leve suspiro.

Esa parecía ser su rutina, quizás más común para las personas de lo que me gustaría admitir, aun así, no deja de ser irritante para el muchacho.

Tras salir de casa, su camino diario parecía solo un sendero recto hasta el bar más cercano, su padre no era precisamente una figura paterna, más considerando que el dinero que entraba a su hogar no duraba mucho, el chico solo pensaba "pero claro siempre habrá dinero para beber una ronda más".

- Inútil... - Susurro el muchacho mientras llegaba al bar donde estaba su padre.

- Ey niño, no creí que llegarías esta vez a recoger a tu padre. - Dijo el dueño del lugar mientras limpiaba las mesas.

- Y yo creí que ya tendrías un empleado para limpiar este lugar. - Dijo el muchacho mirándolo atentamente.

- No te contratare, ya hablamos de esto, ve y llévate a tu padre, anoche bebió de más. - Dijo el dueño mientras se dirigía a la parte trasera del bar.

- Como siempre. - Suspirando el muchacho.

Acercándose a una de las mesas, vio a su padre dormido con botellas de cerveza y whisky, con solo echar un ojo por encima a las marcas de lo que había bebido, calculo un gasto de más de la mitad de lo que costaba pagar el arriendo de su pequeño apartamento.

- Despierta viejo. - Dijo el muchacho sacudiendo a su padre.

- Déjame en paz, aquí estoy bien. - Tartamudeo el padre del chico.

- Vamos viejo borracho, no fuiste a trabajar hoy. - Dijo el muchacho tomando el brazo de su padre tratando de levantarlo.

- No me hables así maldito mocoso, debes respetarme, soy tu padre. - Dijo el padre del chico levantándose de golpe, pero tambaleándose aún por el alcohol.

- Si lo que tu digas, ahora salgamos de aquí. - Insistió el muchacho.

- Suéltame carajo, ya sé por dónde ir. - Dijo el padre del muchacho saliendo como pudo del bar.

- Bien, ve solo entonces, no me importa. - Dijo el muchacho en voz baja.

Era evidente que no era la primera vez que esto sucedía, asique dejarlo volver solo no parecía algo malo, de cualquier forma, el muchacho siempre iba detrás de el a una distancia que su padre no lo viera, asegurándose que llegara a casa.

- No es por ahí viejo estúpido. - Susurro el muchacho mientras veia como su padre tomaba otro camino.

Mientras más se alejaban del camino de siempre, el muchacho se percató de algo.

- Este lugar, es verdad, la tienda de música estaba por esta dirección... - Dijo el muchacho mientras miraba a sus alrededores.

Viendo como su padre continuaba alejándose, decidió dejarlo continuar solo, invadido por un recuerdo en concreto, el sonido ligero de un piano en su mente.

- Estaba por aquí, espero que el dueño aun... - Trato de hablar el muchacho mientras se detuvo de golpe.

Del otro lado de la calle solo podía ver como la tienda estaba completamente cerrada y abandonada.

- Maldita sea... no puede... maldita sea. - Dijo el muchacho con una gran tristeza en su voz.

Aquel sonido de piano que en su cabeza había comenzado a repetirse, se detuvo sin más, dejándolo en silencio nuevamente.

- No es... justo. - Susurro el muchacho mientras sus ojos se apretaban con fuerza.

Pero su mirada fue suavizada de golpe al ver a una chica salir de aquella tienda, parecía tener bastante prisa, y ya sea por instinto o solo un arrebato caprichoso, el muchacho decidió seguirla, como si ella tuviera la respuesta a lo que había sucedido en aquella tienda.

Creando un caos al entrar en una clínica de golpe, siendo perseguido por los guardias del lugar, al lograr encontrar a la chica y verla, solo... no sintió nada, como dándose cuenta de que lo que estaba haciendo era algo malo, tuvo miedo.

- No es nada, me equivoque de lugar. - Dijo el muchacho antes de salir corriendo del lugar sin que nadie pudiera detenerlo.

Los guardias de la clínica trataron de seguirlo, pero al salir lo perdieron, mientras corría de vuelta a su casa, sintió como cada paso se hacía más pesado, hasta que sus pies solo dejaron de moverse.

- Soy un idiota, que es lo que esperaba... - Dijo el muchacho mientras traba de recuperar el aliento.

No podía dejar de pensar en la cara de la doctora y los demás en aquella clínica, pero no era vergüenza lo que sentía, sino una sensación de rechazo bastante familiar para él.

- La tienda... - Dijo el muchacho mientras miraba donde se encontraba.

Aun que había corrido sin mirar a donde se dirigía, podría ubicarse fácilmente, y la idea de volver a aquella tienda de música parecía ser lo único que seguía en su mente. Corriendo de nuevo, sin ver nada más, sin fijarse en si sus piernas podían moverse, solo avanzo hasta aquella tienda.

- Es... aquí... - Dijo el muchacho pudiendo respirar apenas.

Tratando de forzar la entrada, moviendo la puerta levemente, solo siguió tratando una y otra vez, y cada vez más ejerciendo más fuerza en aquella vieja puerta sin poder abrirla, un ligero desespero crecía y cada vez que trataba de abrirla su enojo crecía también.



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En el texto hay: esperanza, incertidumbre, crudeza

Editado: 09.07.2026

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