Respuesta Equivocada

CAPÍTULO 2

CASSIS

³«¿«³

Están llamándome, pero no contesto.

Estoy cansado. He viajado varias veces, hasta llegar a este país, donde debo tener una reunión con accionistas. Han pasado cinco años desde que me enteré que tenía una pequeña empresa en proceso de crecimiento. Traté de recordar, pero lo único que me venía a la mente era….

Adeline Line.

Pregunté a todos y dijeron lo mismo: Fue una exnovia de la secundaria que desapareció.

Todos menos mi hermano.

—Ella es tu novia —declaró con una mirada seria—. Nunca creas a nuestra familia, hermano. Debes tener cuidado con todos, incluida Amaia Cásares.

—¿Adeline fue mi amante? ¿En serio era un imbécil?

Él sonrío de mala gana.

—Si estamos hablando de ese tema, sería yo —comentó con tono apagado—. Si sientes algo extraño, investiga a fondo, llegarás a tus verdaderos recuerdos.

Mis verdaderos recuerdos.

Las palabras que dijo mi gemelo menor, quedaron grabadas en mi mente y no dejan de repetirse hoy en día. No recuerdo casi nada, pero he tenido sueños extraños que quizás sean fragmentos de mi pasado.

Observo mi mano, recordando el tema de mi casamiento con Amaia.

Íbamos a casarnos antes, pero dijeron que había un problema. En ese tiempo, tomé el matrimonio como un intercambio provechoso para el poder; sin embargo, hoy en día, es diferente.

¿Desarrollé una empresa para no estar emparejado con la familia Cásares? Hasta he encontrado que tenía una suma enorme de dinero en un banco extranjero como si estuviera preparado para vivir.

¿Solo? ¿Con esa suma de dinero?

Bostezo y cierro por unos segundos los ojos. He estado investigando varias cosas que he tenido guardado. Dentro de ellas, está una llave de una caja fuerte, la cual, no he encontrado.

¿Dónde está? ¿Qué tiene dentro?

—Eres problemático, Cassis.

—Sí. Lo soy. Ya no puedes dar un paso atrás, porque no lo permitiré.

Abro los ojos de golpe, encontrando que el auto donde voy se ha detenido enfrente de un edificio de departamentos que me hospedaré. Me he dormido unos minutos. Friego mi frente y escucho el ruido de mi celular sonar. No es nada menos que Amaia.

—Llegamos, señor Harvey.

No contesto el celular y bajo del auto, directo al hotel que reservé. Estaré ocupado por un buen tiempo aquí. Debo hacer crecer a mi empresa que está a punto de llegar a la cima.

No necesito del poder de mi familia para hacerlo.

El celular vuelve a sonar justo al subir al ascensor, pero esta vez es mi hija. No evito sonreír y contesto enseguida.

¡Papá!

—Hola, pequeña. ¿Desde cuándo tu madre te deja el celular?

Soy grande. Tengo cinco años —indica con su vocecilla infantil—. ¿Estás solo? ¿Hay alguien a tu lado? No quiero tener otra mamá.

Paso una mano por mi cabello y miro los números que marcan el ascensor.

—No tendrás otra mamá.

¡Bien! Ya quiero estar contigo —declara—. Espérame un día más. Iré a tu lado, papá.

Río.

—Está bien. No olvides traer todo lo necesario para que estés conmigo —digo sonriendo—. Eso incluye tus cuadernos de estudio. —Ella gime de molestia—. Ese fue el acuerdo. Saliste de vacaciones y tendrás un maestro para enseñarte.

Olvido que soy una Harvey.

—Lo eres. Por eso, hay que estudiar mucho, pequeña.

Está bien. Con tal de estar a tu lado —dice riendo—. Nos vemos, papá.

—Nos vemos, pequeña Débora.

Ella lanza un beso por llamada y con eso terminamos de conversar.

Después de un año de perder la memoria, Amaia se embarazó. Fue producto de una noche de borrachera que tuvimos. O eso dijo ella. No recuerdo haber tenido intimidad, pero juzgando por el escenario, lo creí con rapidez.

De ahí, no he vuelto a tocarla.

No puedo hacerlo.

Traté de buscar ese sentimiento de amor que dijeron, pero no hubo nada. Cavé en lo más profundo de mi corazón e intenté acercarme a ella; sin embargo….

No puedo.

Eso es lo que repetía en mi cabeza.

Salgo del ascensor y camino hasta la puerta del cuarto que estaré hospedándome con mi hija. Está en vacaciones. Hizo que la llevara conmigo para estar a mi lado, pero sé que su madre le dijo que no se apartara de mí.

Solo mi hija hace que sonría.

A pesar de sentirme vacío por dentro, sigo adelante y buscando lo que me hace falta. Sé que hay algo importante ahí.

Retiro mi saco, desabrochándolo y remangando mi camiseta de manga larga hasta el codo para luego beber un poco de agua con gas que está sobre la mesa de la sala, mientras me acerco al barandal de mi habitación. Se puede ver toda la ciudad. Es un hermoso panorama de apreciar.



#252 en Novela romántica
#103 en Chick lit
#52 en Otros
#31 en Humor

En el texto hay: gemelos, romance, embarazo

Editado: 29.01.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.