Respuesta Equivocada

CAPÍTULO 6

ADELINE

³«¿«³

¿Ser la maestra de una niña adinerada?

No está mal aceptar este trabajo, porque es doble de mi sueldo de enfermera de medio tiempo. Mejor dicho, el triple. Solo necesito hacerla repasar unas materias donde es lenta. Por otra parte, no he visto la foto de la pequeña estudiante.

—¿Dónde sacaste este trabajo de medio tiempo? —pregunto a Athena, quien se limpia las manos—. Quiero decir, es una ganga.

—¡Lo es! —concuerda sonriendo—. Sé que no quieres trabajar como enfermera. —Quiero hablar, pero hace una seña que no diga nada—. Eres buena ayudando a los demás; sin embargo, no es lo tuyo cubriendo turno, ¿verdad?

Tiene razón.

—¿Cómo encontraste este trabajo?

—Un cliente me lo recomendó —responde sonriendo—. Es hija de un empresario. Estarán por un mes entero en este país y quiere que la pequeña tenga repaso de las clases que está baja.

La hija de un empresario adinerado.

Eso sería bueno. Ya no haría turnos en el hospital. Aparte, ganaría un sueldo completo.

—Acepto.

—Sabía que dirías eso —declara riendo—. No te preocupes de los retoños, lo cuidaremos entre tu madre y yo.

Es bueno tener mucho dinero en el banco. Así puedo ahorrar cuando estén en el colegio y universidad. Una cuenta solo para mis niños.

—Solo debo ir a la entrevista.

—Oh, no te preocupes por eso. Solo te harán firmar un contrato de los meses que trabajarás y ya —comenta Athena, moviendo la carne del sartén—. Dije que eras una profesional y aparte, tienes conocimientos médicos. Si llegara a pasarle algo a la niña, podrías salvarle la vida.

Sonrío.

—Muchas gracias, mejor amiga.

—De nada, querida tía Line.

—Por otra parte, ¿has sabido algo del padre de Dante? —pregunto. Ella no se inmuta en nada—. Quiero decir, no has tenido noticias de él.

—Quizás murió —declara riendo, pero al verme el rostro, deja de hacerlo—. Esa rata no muere con facilidad, Line.

—Sé que no merece ser llamado padre, pero no deja de tener la sangre de Dante —digo en un suspiro—. Aparte, tiene mucho parecido a él. —Hago una pausa—. No sé cómo le diremos a nuestros hijos la verdad de sus padres, Athe.

Ambos casos son diferentes, pero tienen algo de parecido: problemas familiares. No queremos que nuestros pequeños se lleven de rencor.

—Podemos llevarlos a un psicólogo. ¿No era tu plan?

—Sí. Lo es, ¿Pero si a pesar de ello, nuestros pequeños siguen odiando a sus padres? —cuestiono a mi pesar—. No quiero ver esa expresión de rencor en sus caritas.

Ella permanece en silencio por unos segundos.

—No te preocupes. Debes confiar en la crianza que le dimos juntas —comenta sonriendo—. Dudo que odien a sus padres al saber la verdad. Ni mucho menos, tengan rencores hacia nosotras por mentirles.

Tiene razón.

Lo hemos criado muy bien para que puedan manejar este asunto, pero no dejo de tener miedo.

—Tienen seis años. Ya es tiempo para que empiecen con el psicólogo —digo—. Trataré de sacar cita con uno del hospital que trabajo, ¿bien?

—Me parece perfecto.

Ya no quiero seguir mintiéndoles sobre su padre. Necesitan saber la verdad y poder sobrellevarla sin tener problemas en sus personalidades; sin embargo, el tema de ocultar la verdad a Cassis que tiene dos hijos, también me pesa demasiado.

Tiene una hija.

Si mis hijos conocen a su media hermana, es probable que se lleven bien. Son unos buenos niños. A pesar que Ivy tenga la personalidad de Cassis, es un amor de niña, mientras que Assis, es más flexible que su melliza menor.

—¿No has vuelto a ver a la señorita Cásares?

—No y dudo que la vuelva a ver —respondo—. Evitaremos llevar a los niños a ese parque. No quiero que se encuentren con un Cásares, hasta que se vaya de este país. Esperemos unos meses.

No quiero que nadie de mi familia se acerque a un Harvey o Cásares.

Si Amalia Cásares está aquí, es probable que también Ashiel, el gemelo menor de Cassis. Si él se encuentra con uno de los mellizos, reconocerá que son sus sobrinos enseguida.

Es inevitable no reconocerlos.

Ambos son la copia de su padre y su tío. Ivy salió con el mismo lunar que Cassis. Cuando los vi, lloré al ver que los genes del hombre que amo, fueron fuertes. Tanto que quería tener hijos, dejó sus señas en ellos.

—Quizás tendremos tres. Dos niñas y un niño.

Los tuviste. Aunque uno de ellos, no es nuestro.

▬¿♥¿▬

Es un edificio con varios departamentos caros. Pensé que iba a ser en una casa enorme, pero al parecer, se irán pronto de este país. Me he vestido bien. Tomo un respiro y aplasto el botón del departamento. En segundos, la puerta se abre, apareciendo una mujer de uniforme oscuro.



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En el texto hay: gemelos, romance, embarazo

Editado: 29.01.2026

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