Resquicio Del Miedo "Remake"

7. Contra Tiempo

Capitulo 7

La lancha continuaba avanzando lentamente, impulsada por la corriente, mientras el motor permanecía en absoluto silencio al haberse agotado el combustible. Ante la urgencia de alcanzar la orilla, Matías miró hacia adelante, donde la oscuridad apenas permitía distinguir la vegetación que bordeaba el río. Propuso dejarse llevar por la corriente para acercarse y, sin dudarlo demasiado, sugirió que ambos se arrojaran al agua para empujar la embarcación hasta la tierra firme.

Sin esperar respuesta, Matías se lanzó al río y Santiago lo siguió de inmediato. El agua estaba fría y la corriente intentaba arrastrarlos en otra dirección, pero consiguieron sujetarse de la lancha para comenzar a empujarla, mientras Joaquín permanecía en el interior junto a Luciano. Apoyando las manos contra la popa y avanzando con dificultad desde ambos lados, cada metro se volvía interminable hasta que la vegetación comenzó a acercarse y, entre las sombras, emergió un muelle de madera que se internaba unos metros sobre el agua.

Con un último esfuerzo lograron aproximar la embarcación. Joaquín tomó la soga, saltó hacia la estructura y la sujetó a uno de los postes que aún permanecían en pie. Cuando Matías y Santiago subieron nuevamente a bordo, los cuatro quedaron unos segundos en silencio: habían llegado, pero todavía debían desembarcar. Joaquín fue el primero en acercarse a la escalera, advirtiendo que varios escalones habían desaparecido y otros estaban tan deteriorados que apenas soportaban su peso. Comenzó a descender lentamente, probando cada apoyo y estirando la pierna en los huecos vacíos para guiar a los demás.

Santiago ayudó a Luciano a incorporarse, quien apenas lograba mantenerse en pie. Matías se colocó a su lado para sostenerlo durante el descenso hasta que finalmente los cuatro estuvieron sobre el muelle, teniendo de frente la estructura de la finca abandonada, a penas distinguible entre la maleza. En ese momento, Joaquín giró la cabeza fijando la vista en la casa y aseguró haber visto una luz. Todos orientaron la mirada hacia la edificación, pero la tiniebla era absoluta. Matías insistió en que era imposible dada la condición de abandono e inhabitabilidad del lugar, sugiriendo que debió tratarse de un simple reflejo, lo que llevó a Joaquín a dudar de su propia percepción antes de reunirse con el grupo para priorizar la atención médica de Luciano.

Al evaluar a Luciano, este confirmó con voz débil que aún podía resistir, por lo que Matías propuso avanzar a través del monte unos dos kilómetros hasta llegar al pueblo, donde la sala de primeros auxilios atendía las veinticuatro horas. Nadie respondió porque no hacía falta: la vía de escape estaba frente a ellos, pero para alcanzarla debían internarse nuevamente en la vegetación. Iniciaron la marcha en hilera, envueltos por una noche densa que los cubría por completo, anulando su visión mientras la duda de ser observados permanecía en el aire. Con Luciano tambaleándose y cada minuto jugando en su contra, se adentraron en las sombras sabiendo que el trayecto exigiría superar cualquier obstáculo, pues la distancia entre ellos y la salvación de su compañero se reducía a una carrera contra el tiempo.




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