Los ruidos característicos del monte comenzaron a perder fuerza, reemplazados gradualmente por los sonidos urbanos que anunciaban la cercanía del poblado. Tras unos metros más de marcha, los primeros destellos del alumbrado público recortaron las sombras de las calles, confirmando a Matías y al grupo que habían alcanzado su destino. Santiago se volvió hacia el convaleciente para consultar su estado; Luciano apenas logró murmurar que se sentía mal, mientras Joaquín y Santiago intentaban transmitirle una calma que empezaba a flaquear ante su debilidad.
En medio del avance, Fatiga increpó en voz baja a Pirincho manifestando la urgencia de llegar para atender una necesidad personal, lo que derivó en un áspero intercambio entre ambos donde Pirincho reafirmó su jerarquía de mando antes de señalar una edificación cercana, identificándola como la sala de primeros auxilios. Al pisar el lugar, una sensación de alivio momentáneo recorrió al grupo, aunque la calma duró poco frente a la gravedad del cuadro de Luciano, cuyo estado se mantenía en un equilibrio frágil.
Al ingresar, una enfermera recibió al grupo y, al enterarse de la picadura de serpiente y del tiempo transcurrido desde el incidente, acudió de inmediato en busca del profesional de guardia. El médico apareció a los pocos instantes, indicando que trasladaran al paciente a la camilla. Entre los cuatro ayudaron a acomodar a Luciano mientras el profesional examinaba detenidamente el contorno de la lesión y la inflamación que ascendía por la pierna, indagando si habían logrado identificar a la especie responsable.
Frente a la negativa de los acompañantes, el médico explicó que en la región predominaban dos tipos de ejemplares: culebras no venenosas y yararás cuyo ataque requería intervención inmediata. Sin perder tiempo, preparó la medicación para administrar el antídoto y evaluar la evolución biológica del tejido. Ante la consulta de Matías sobre el riesgo de perder la extremidad, el profesional remarcó la necesidad de guardar cautela hasta comprobar si la fórmula lograba contener el avance de la infección, dejando en claro que ya no había más acciones al alcance de sus manos que someterse a la espera.