Puntuales a las doce del mediodía, Matías y Joaquín aguardaban en el muelle junto a la embarcación con el tanque de combustible completo. Pirincho los esperaba en compañía de Fatiga e indicó el abordaje de inmediato; ante la inquietud por la ausencia de Santiago, Pirincho confirmó que este debía permanecer al cuidado de Luciano, limitando el traslado a ellos dos. Joaquín subió en primer lugar seguido por Matías, mientras Pirincho tomaba el mando del timón y Fatiga se acomodaba en la parte posterior para iniciar la navegación en silencio.
El curso del río comenzó a angostarse gradualmente hasta que Pirincho redujo la marcha frente a la desembocadura de un arroyo secondary, maniobrando para internarse por la nueva vía navegable. Conforme avanzaban, el paso se estrechaba al punto de que la vegetación lateral rozaba el casco de la lancha, hasta que el motor fue apagado. Al desembarcar, Pirincho señaló una huella difusa entre los árboles que los condujo, tras unos minutos de caminata, hasta la fachada de una edificación.
Frente a la estructura, Matías demandó precisiones sobre el motivo del traslado, a lo que Pirincho respondió apelando al cumplimiento de la deuda. Fatiga se adelantó para forzar el acceso con un empujón sobre la puerta principal mientras Pirincho exigía la colaboración inmediata de Matías en el traslado de diversos bultos sin formular cuestionamientos. El grupo comenzó a mover herramientas y objetos de distinto volumen en sucesivos viajes hacia la orilla; en ese momento, la mirada entre Matías y Joaquín ratificó la certeza de que estaban participando en el saqueo de la finca, asumiendo la carga de los elementos bajo la supervisión constante de Pirincho.
Una vez completado el cargamento en la embarcación, Matías dio un paso para abordar pensando en el regreso, pero fue frenado por la advertencia de Pirincho de que ambos deberían emprender la vuelta a pie. La incredulidad de Joaquín ante la pérdida de la lancha fue respondida por Pirincho con frialdad, instándolos a resolver por sus propios medios el retorno a El Catalejo antes de dar marcha al motor. Ante el tono despectivo de los desconocidos, Matías contuvo su reacción, observando en silencio junto a Joaquín cómo la embarcación se alejaba y desaparecía tras la vegetación del arroyo.
Mientras Pirincho y Fatiga navegaban de regreso cargados con el botín, una segunda embarcación interrumpió su avance bloqueando el paso del arroyo. Al aminorar la marcha, Fatiga erguió la postura al reconocer a dos efectivos uniformados que desde la otra nave hacían señas para detener el curso. Pirincho soltó el acelerador dejando la lancha a la deriva en medio del cauce. A la distancia, sin posibilidad de vislumbrar el encuentro, Matías y Joaquín percibieron cómo la densidad del silencio que los rodeaba adquiría una naturaleza completamente distinta.