Abandonados en la orilla del arroyo y despojados de la lancha, Matías y Joaquín iniciaron la caminata de regreso bordeando el curso de agua. Avanzaban entre la vegetación sumidos en la incertidumbre sobre cómo alcanzar la finca El Catalejo a pie, procurando mantener el ritmo y evitar cualquier nuevo enfrentamiento con los delincuentes. La marcha entre la maleza se volvió pesada, marcando cada paso con la frustración de haber sido utilizados para un hecho ilícito bajo la amenaza velada del auxilio cobrado.
Al alcanzar finalmente la desembocadura donde el arroyo se unía con el río principal, una silueta imprevista cortó el paso de la corriente. Una embarcación de Prefectura se encontraba desplegada en el lugar, bloqueando la salida del cauce menor. La alerta temprana dada por el médico rural, quien al conocer la identidad de los jóvenes y los movimientos sospechosos en la zona había dado aviso a las autoridades, permitió montar un operativo de control en el punto estratégico por donde debían navegar los sospechosos.
Pirincho y Fatiga, acorralados en medio del agua con la lancha repleta con el botín, no tuvieron margen de maniobra y fueron interceptados y reducidos por los efectivos uniformados. A la distancia, Matías y Joaquín observaron cómo los planes de los delincuentes quedaban desbaratados por completo. A los pocos días, tras completarse las actuaciones correspondientes en la dependencia oficial, la embarcación fue restituida a sus verdaderos dueños, cerrando definitivamente el ciclo de intriga y extorsión que se había iniciado en la orilla del río.