Restauración letal

Capítulo 2: El entrenamiento

El entrenador le explica a Paula que deberá entrenar constantemente y en diferentes técnicas.

—En el mundo de las MMA, a los peleadores que dominan todo se les llama peleadores completos. Tendrás que esforzarte en aprender la técnica de striking. De pie no solo darás puñetazos, sino que también usarás el muay thai para destruir la base de tus oponentes con patadas bajas, leg kicks. Golpearás los muslos de los agresores para que no puedan correr ni sostenerse en pie. Codos y rodillas: en las MMA, el codo es como un bisturí; corta la piel de inmediato. Paula, usarás los codos en distancias cortas para marcar a tus atacantes.

El clinch o el agarre de pie: para agarrar a tus oponentes por la nuca el clinch tailandés y los controlarás mientras les descargas rodillazos al abdomen o a la cara. Es una posición de dominio absoluto donde el agresor no puede escapar. El ground and pound o castigo en el suelo. Al derribarlos, no te quedarás solo en llaves, usarás esta técnica que consiste en estabilizar al oponente en el suelo y descargar ráfagas de golpes hasta que el árbitro diga basta. Esta es la parte más cruda de las MMA. Con la técnica del jiu-jitsu logras sumisiones letales y lograrás que se rindan. El mata-león es una certera estrangulación por la espalda que duerme al oponente en segundos; te será de mucha utilidad. Y con la palanca de brazo, armbar, podrás romper la articulación.

Paula escucha con atención todo lo que le explica su entrenador; mientras le explica con palabras, practica con ella algunas técnicas. Al terminar la explicación, Juan saca una hoja de su libreta y se la entrega.

—Este será tu horario de ahora en adelante. No hay excusas.

Paula observa el papel que contiene su nueva rutina de vida:

Lunes: Striking y Boxeo (Técnica de pie).

Martes: Muay Thai y Leg kicks (Destrucción de la base).

Miércoles: Clinch, codos y rodillas (Distancias cortas).

Jueves: Jiu-Jitsu (Sumisiones, Mata-león y Armbar).

Viernes: Ground and Pound (Castigo y estabilización en el suelo).

Sábado y Domingo: Descanso total (Recuperación).

En los próximos seis meses, Paula entrena fuerte y diariamente, su entrenador le exige mucho.

_¡Cierra con todo! ¡Púchale, carajo! ¡Hasta que truene! ¡Esa última fue de chocolate, dame otra de verdad o te me largas a descansar a tu casa! ¡Aquí estamos fabricando una máquina, no una niña llorona! ¡Dale!.

Juan la mira con respeto; ya no es la universitaria que venía a entrenar para mantenerse en forma, ahora es una máquina peligrosa de tirar golpes y patadas. Además, ha aprendido a la perfección todas las técnicas de las MMA. Los sparrings le temen; les aplica llaves de sumisión y los hace golpear el tatami rápidamente, ella se queda entrenando cuando todos se van, entrena con fuerza, con furia desmedida.

Un día que no tiene clases en la universidad, aprovecha para ir temprano al gimnasio y se lleva una sorpresa. Rafael, el policía que la interrogó en el hospital, se topa con ella en el lugar. Parece que él entrena por las mañanas y por eso nunca se habían encontrado.

—Hola. Saluda ella y rápidamente se dirige a su área de entrenamiento.

Rafael casi no la reconoce. No había notado lo hermosa que es; la última vez que la vio, estaba llena de moretones. Hoy le dio un vuelco el corazón cuando ella lo saludó; su cuerpo escultural ahora está muy definido por el continuo entrenamiento.

"Wow, qué hermosa está", piensa él y sonríe.

Hoy están practicando con sparring y Juan la manda a subir al tatami para que demuestre lo que ha aprendido. Rafael, que escucha lo que está pasando en el salón de al lado, va con mucha curiosidad a echar un vistazo. El sparring es un muchacho joven, porque hoy no hay oponentes femeninos. Paula se pone en posición y lanza varias patadas a las piernas del oponente; cuando lo ve que se frunce del dolor, se lanza hacia él, lo toma por la espalda, le aplica una llave mata-león y lo derriba al piso, donde le aplica una llave de sumisión. El joven toca el tatami e inmediatamente Juan detiene la pelea.

—Paula, por favor, es un entrenamiento, no tienes que destruirlo de esa manera.

Rafael se queda asombrado de la destreza y la fuerza con que pelea Paula, y piensa con la mente analítica del investigador: "Se prepara para la venganza… y no la culpo". Da media vuelta y regresa a terminar su entrenamiento.

Después de una hora, culminado su tiempo para entrenar, se asoma a ver qué está haciendo Paula y la ve dándole golpes a una pera de boxeo. Se acerca y le propone:

—Paula, voy cerca de donde vives, si quieres te llevo hasta tu casa.

Para su sorpresa, ella acepta.

—Está bien, gracias.

Paula toma una toalla, se seca el sudor de la cara y se dirige al baño, donde se lava y se cambia el suéter deportivo. Al salir, se dirigen al estacionamiento. Rafael, como todo un caballero, le abre la puerta del coche.

—¿Cómo has estado, Paula? Estaba por ir a tu casa; necesito que veas unas fotos a ver si identificas a alguno de tus atacantes.

Ella contesta demostrando que no ha cambiado su forma de pensar:

—No quiero saber nada de policías. Total, ¿para qué?, si nunca hacen nada contra esos malnacidos.

—Es que han estado atacando a otras mujeres y estoy llevando una investigación muy difícil. Pienso que me podrías ayudar.

Ella lo piensa mejor y accede.

—Está bien, voy a ver esas fotos. ¿Podrías llevarlas a mi casa?

—Sí, podría llevar algunas, pero sería mejor que me acompañes a la fiscalía, ya que algunas de las imágenes están en la computadora.

—Bien, te acompaño entonces. Puede ser hoy mismo, ya que tengo el día libre; no tengo clases en la universidad y no voy a ir a trabajar.

Rafael inmediatamente cambia de dirección en un retorno y se dirige a la fiscalía. En la oficina, él le pasa varios álbumes que ella comienza a ojear uno por uno.

—Este es uno de los que me atacaron.




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