Ha pasado un mes desde la última vez que vio a Rafael. Ella sigue entrenando; su graduación está próxima y académicamente tiene todo preparado para ese evento. En estos momentos se encuentra en el gimnasio, a las ocho de la noche.
—Hola, Paula, ¿cómo has estado?
—Hola, Rafael. Qué raro tú por aquí a esta hora.
—A decir verdad, necesito a alguien con quien conversar. ¿Me acompañas a tomar un café cuando termines tu entrenamiento?
—Ya terminé, pero siempre me quedo un poco más. Acepto el café, espérame un momento que me voy a cambiar de ropa.
Están sentados en un restaurante donde se oye una música instrumental suave. El mesero trae la orden a la mesa.
—¡Mmmm, qué buen café!
—Sí, hacen muy buen café aquí.
Hacen silencio por unos momentos hasta que Rafael dice:
—Te cuento que hay algo que me tiene muy molesto. A Renny, el detenido por cargos de violación, lo van a poner en libertad. La jueza consideró que el arresto fue ilegal por una falla en la cadena de custodia y parece que le va a dictar libertad con las reservas de ley.
—¿Cuándo lo van a liberar?
—Posiblemente en esta misma semana. Odio esa puerta giratoria; nosotros los metemos a la cárcel y los jueces les dan libertad.
Paula contesta bastante molesta:
—Qué sistema tan mediocre tenemos en México.
Rafael hace silencio por unos minutos y después le indica:
—Aquí también hay muy buena comida, yo no he cenado. Si deseas, podemos cenar aquí.
Paula contesta encantada:
—Es muy buena idea, así no tengo que llegar a casa haciendo comida.
Les traen el menú y deciden ordenar una cena ligera y nutritiva. Después de cenar y conversar, Rafael la lleva hasta su apartamento. Ella se despide con un: "Nos vemos". Como es su costumbre, Paula se baja e inmediatamente se dirige a su casa, pero esta vez, estando en el porche, se despide diciéndole adiós con la mano.
Entra, se dirige a su habitación, se da una ducha, se pone la ropa de dormir y se acuesta en su cama. No trata de dormir; se queda pensando en los pasos a seguir. "Necesito comprar un auto mañana mismo, voy a tomar parte de mis ahorros", decide.
Al siguiente día, por la mañana, Paula está viendo autos en un lote de seminuevos. Observa un auto que tiene bastante espacio para sus herramientas de restauradora, equipos de entrenamiento, diluyentes y otros; además, es un vehículo que pasa desapercibido. Después de dar una vuelta viendo los carros, se decide por un Volkswagen Jetta color plata. La compra se realiza rápidamente y Paula sale conduciendo su flamante Jetta. Ella lo toma como una herramienta necesaria.
Hoy debe ir a escoger un vestido para su graduación en la universidad. Entra a una boutique, se prueba dos vestidos y escoge el negro, que le sienta de maravilla en su escultural cuerpo. Después de realizar esas compras, va hasta la fiscalía. Necesita saber si al delincuente lo van a dejar libre y cuándo. Antes de bajar del auto, hace una llamada.
—Hola, Rafael, ¿qué haces? ¿Dónde estás?
Rafael se emociona por la llamada. Él siempre es el que va detrás de ella, la busca, se le acerca, la saluda; jamás Paula lo había llamado. Pero Paula lo ve como un mal necesario; ella está enfocada en sus entrenamientos, en conseguir a los delincuentes y en lograr justicia por su mano. Ahora lo busca porque es su fuente de información.
Paula cuelga, después de que Rafael le dice que está en su oficina de la fiscalía. Se baja del carro y va directamente hasta la oficina del investigador.
—Hola, Rafael.
Él la observa y nota que cada día está más hermosa.
—Hola, ¿para qué soy bueno? Es una sorpresa que hayas venido hasta aquí.
—Necesito que mires mi última adquisición y me des tu opinión. Por supuesto, si no estás muy ocupado.
—Iba de salida, vamos.
Los dos se dirigen hasta el estacionamiento donde Paula dejó su auto recién comprado.
—¡Wow, Paula! Qué buen auto. Estos son muy fuertes, desarrollan buena velocidad y son espaciosos. Muy buena adquisición, ¡te felicito!
Ella sonríe mostrando sus dientes perfectos y bien cuidados.
—¿A dónde te diriges? Yo te llevo.
—Tengo que ir a recoger un sobre a la Coordinación de Servicios Periciales con un dictamen físico de un caso, y después regreso al búnker.
Cuando Rafael sube al carro, ella le pregunta directamente:
—¿Qué pasó con el malnacido ese? ¿Ya lo liberaron? Tengo miedo que ande por ahí libre y yo me muevo en la ciudad para hacer mi trabajo y mis actividades.
Él le contesta con evidente molestia:
—La jueza ya soltó el oficio, pero entre que llega al reclusorio y revisan su historial, el tipo no estará afuera antes de mañana al mediodía. Mañana mismo le abren la puerta.
Paula lo deja en la puerta de los Servicios Periciales y da una vuelta a la manzana; después lo recoge cuando sale con un sobre bajo el brazo. Paula conduce hasta la Colonia Doctores y lo deja frente al búnker, como es conocida la fiscalía.
Luego, se dirige a una zapatería para comprar los zapatos para el día de su graduación, que está muy cercano. Después va hasta un museo de arte donde está restaurando una escultura de mármol; es una Diosa del Olimpo rescatada de un naufragio, con un vestido que cae en cascadas drapeadas. Es una hermosa obra de arte. Ella sube unas escaleras hasta la parte del rostro y, con un taladro, le abre unos huecos de anclaje en la mejilla donde le falta un pedazo de mármol. Necesita que el material se quede anclado y que no se caiga a pesar del tiempo. Después de abrir los anclajes, coloca unos pernos para sostener el material de la restauración.
Tras realizar esta fase, se dedica a preparar la resina epóxica de alta calidad mezclándola con carga de mármol; luego añade pigmentos que simulan el color del mármol de Carrara. Paula está muy concentrada en el trabajo que está realizando. Cuando tiene la mezcla en su punto, vuelve a subir la escalera y empieza a aplicar el material por partes para que no queden burbujas de aire. La restauración de obras de arte ha sido su refugio y donde ha encontrado el valor para seguir adelante; parece ser que se restaura a sí misma mientras restaura obras de arte.