Después del ataque que sufrió, no ha ido a un psicólogo. Aunque no ha olvidado ese choque psicológico que tuvo, ella ha sabido afrontar con fuerza su realidad. No es una víctima cualquiera; es una mujer fuerte que se ha levantado y ha luchado. Es valiente y busca su propia justicia, porque sabe que, de otra manera, no la va a conseguir con el sistema judicial, que es muy corrupto en este país.
Paula va colocando el material en la mejilla de la escultura, esperando entre 40 y 45 minutos para aplicar la siguiente capa; con paciencia, espera limpiando sus herramientas. Cuando tiene aplicado todo el material, recoge su equipo y se dirige a su carro. Tiene que dejar reposar la obra toda la noche para que el material esté listo para ser lijado y recibir el acabado final. Después de hacer el minucioso trabajo, se retira a su casa.
En pocos minutos está en su hogar, se pone su ropa deportiva y se va a sus entrenamientos de rutina. Mientras golpea con fuerza los sacos, se le acerca Juan, su entrenador.
—Paula, buenas noches. Hay unas peleas en la jaula; asisten muchos profesionales de las artes mixtas y hay mucho dinero en juego. Puedes ganar una buena suma si triunfas y si pierdes también ganas dinero; además, hay muchas regalías por dar un buen espectáculo. Cómo serás la nueva, nadie va a apostar por ti y vas a ganar más dinero con la bolsa de la victoria porque romperás las apuestas. Hay una peleadora llamada La Salvaje; golpea fuerte, es malhablada, le gusta amenazar e insultar. Sé que tú le darás su merecido. ¿Te gustaría pelear con ella?
—Anótame en esa pelea, que yo voy a pelear con La Salvaje.
—¡Así se habla! Tenemos que entrenar a diario, porque falta poco para esos combates.
Paula se queda pensativa y luego le pregunta a Juan:
—¿Para cuándo es la fecha de los combates? Es que pronto será mi graduación y no quiero llegar ese día con un ojo morado a recoger mi diploma.
—En dos meses y medio serán los combates.
—¡Ah, está bien! Porque yo me gradúo dentro de un mes.
Al siguiente día, Paula se levanta muy temprano, riega las plantas de su jardín y se prepara para salir. Toma un desayuno ligero y se dirige al museo. Enseguida que llega, se pone manos a la obra con un micromotor. Primero usa puntas de diamante para quitar el material sobrante; después cambia la punta y coloca un disco de lija para trabajar la mejilla de la diosa. Estaba tan concentrada que no se había dado cuenta de que ya son las diez de la mañana. Recoge rápidamente sus herramientas y sale corriendo hacia donde dejó su carro.
Conduce atravesando la ciudad hasta llegar al Reclusorio Oriente. Paula detiene su auto a cierta distancia y observa detrás de sus lentes de sol. Justo a tiempo, ve cuando el hombre sale y se encuentra con su familia; abraza a la que parece ser su madre y luego besa en la boca a una joven mujer. _¿El sucio tiene mujer? ¿Qué mujer podría estar con un tipo así?. Se pregunta mientras observa. Frente a ella pasa Renny con su familia y se suben a un todoterreno. Ella los sigue; el auto de Paula tiene un camuflaje perfecto, ya que abundan los modelos de ese color.
Está detrás de una línea de carros y ve cuando el vehículo que viene siguiendo se detiene frente a una casa. Allí se baja Renny con la mujer, y la que parecía ser la madre se despide y se retira. "Ya te tengo, sé dónde vives. Es solo cosa de tiempo", piensa. Pasa frente a la casa y ve cuando están entrando. Después se dirige al museo para continuar con la restauración.
En los siguientes días ha estado espiando los movimientos de Renny, quien ha ido a hacer mercado con la mujer y ha salido muy pocas veces. Hoy sale en un auto negro; ella lo sigue a corta distancia cuando ve con preocupación que le ofrece un "aventón" a una joven estudiante de secundaria. La chica se niega a aceptar y sigue caminando, pero Renny se baja para convencerla y abre la puerta del auto; la inocente joven sube al carro. Paula lo sigue sin perderlo de vista.
Él toma la Autopista Peñón-Texcoco y rueda hasta llegar a una parte desolada cerca del lago; el hombre introduce su carro en un lugar rodeado de vegetación. Paula, que lo venía siguiendo, espera unos minutos y entra por el mismo camino de tierra. Deja su auto escondido en medio de unos árboles y camina. A lo lejos ve el carro detenido de Renny y escucha los gritos de la joven; inmediatamente corre hasta llegar al lugar.
Cuando llega, el hombre le está arrancando la ropa a la joven, que grita muy asustada. Paula le da una patada certera en la cabeza que lo deja un poco trastornado.
—¡Corre, niña! Vete corriendo y no te detengas.
La jovencita recoge su blusa y sale corriendo. Mientras tanto, el hombre recobra la estabilidad e intenta atacar a Paula. De inmediato, ella le lanza fuertes patadas en la entrepierna que lo dejan adolorido, sin poder moverse. Luego lo remata dándole patadas en el músculo del muslo, lo que lo hace caer de rodillas. Con rapidez, salta y le aplica el "mata-león". El tipo pierde el conocimiento inmediatamente y ella mantiene la presión por espacio de cinco minutos.
Cuando está segura de que el hombre no volverá a hacer más daño a mujeres indefensas, con calma recoge la mochila de la jovencita, se quita su chamarra y limpia la guantera, la puerta y las partes donde la joven pudo haber dejado sus huellas. Después va por su carro y conduce de vuelta. Por la carretera encuentra a la niña, que va llorando.
—Sube, niña, que te llevo a tu casa.
Cuando la jovencita ve que es la heroína que la salvó, sube rápidamente al carro.
—Gracias por ayudarme —agradece con lágrimas en los ojos.
—Fue un honor haberte ayudado, pero por favor, no subas a autos de desconocidos nunca más.