Restauración letal

Capítulo 6: La graduación

Los días pasan, y hoy Paula está en el aeropuerto en espera de sus padres, que vienen para el acto de grado de su única hija. Los ve venir por el pasillo y corre a abrazar a sus queridos padres, a quienes no ve desde hace un año.

—Mamá, estás muy bella. Y tú, papá, muy guapo. ¡Bienvenidos!

—Gracias, Paula, pero tú cada día estás más hermosa.

—Gracias, papá, me ves con ojos de amor.

—¡Órale mija, es la mera verdad!

Después del saludo y los abrazos, caminan hasta el estacionamiento, meten las maletas a la cajuela y se dirigen hasta el apartamento que renta Paula. Están sentados a la mesa de la pequeña cocina tomando café con leche y galletas.

—Hija, ya es hora de que compres tu propio apartamento o una casa si lo prefieres —dice Pedro.

—Sí, pa, estoy ahorrando, pero tuve que comprar el carro y tomé dinero de los ahorros. Me quedó para la inicial de una propiedad y voy pagando el resto mensual.

—Yo te voy ayudar para que compres tu propiedad, mija.

—Gracias, pa, pero no te preocupes.

María, que escucha con atención, interviene:

—Te vamos a ayudar, Paula. Nos está yendo muy bien en el rancho.

Pedro aclara:

—Claro que sí, no faltaba más. Has estudiado y prácticamente te has pagado los estudios tú sola; ahora que nuestra economía va mucho mejor, te vamos a ayudar para que tengas tu casa propia.

—Tú siempre me has pagado el alquiler de la casa —le recuerda ella.

—Pero no me parece suficiente. Y ahora que me está yendo muy bien, quiero compensarte.

Al siguiente día, todos se están arreglando para la graduación. Paula está elegantemente vestida, peinada y maquillada por un profesional. María también está muy elegante, arreglada por el mismo estilista. Pedro viste un traje vaquero muy elegante a lo norteño, con su sombrero negro impecable y botas que brillan como un espejo.

Pedro se pone al volante del Jetta y conduce hasta el lugar de la graduación. Los invitados se sientan según el número de su tarjeta y los graduandos son guiados a sus respectivos lugares. Paula, desde su sitio, ve llegar a Rafael, elegantemente vestido con un traje azul oscuro y camisa negra. Una mano la saluda desde el ala de invitados; casi no reconoce a su entrenador, Juan, que siempre viste ropa deportiva. Hoy lleva un traje negro con camisa blanca y moño negro; para la ocasión se ha hecho un excelente corte de cabello y se ha afeitado su barba desgreñada. Paula sonríe al verlo tan elegante y arreglado y en lo profundo de su corazón le agradece mucho el que se haya puesto tan elegante para su graduación.

Paula está en el grupo de los que se gradúan con las mejores calificaciones. La ceremonia de graduación da inicio, el aula magna ha sido decorada para la ocasión y se muestra majestuosa en toda su amplitud y arquitectura monumental.

El rector da unas palabras de apertura y se da inicio a la entrega de diplomas. Llaman a la primera alumna que pasa feliz y radiante a recibir su diploma de graduación y medallas. Por los micrófonos del aula se escucha: Paula González Medina. Ella se levanta y sube al estrado en medio de los aplausos, desde arriba ve a sus cuatro invitados en la misma línea de asientos: a su padre con el sombrero en la rodilla y lágrimas en los ojos. María, su amorosa madre, le sonríe con cariño y orgullo, Juan y Rafael están de pie aplaudiendo. Rafael le hace una inclinación de respeto y admiración mientras sigue aplaudiendo. Paula recibe el diploma de manos del rector de la universidad, también le colocan la medalla de grado colgada de un cordón con los colores de la licenciatura y le hacen entrega de un pin que se utiliza en la vida diaria del profesional. El maestro de ceremonia anuncia por el micrófono:

—Y por su destacada trayectoria, en la restauración de obras importantes del país y de nuestra cultura, se le impone la Medalla al Mérito Académico.

Todos se ponen de pie y el auditorio estalla en aplausos.

Después de Paula, el maestro de ceremonias continúa llamando a los demás en orden alfabético. Al ser un grupo de veinticinco el proceso es ágil pero solemne. Los jóvenes van pasando uno por uno, algunos nerviosos y otros van eufóricos. Mientras tanto Paula sentada en su lugar de honor observa las medallas que lleva en el pecho y piensa en el tiempo que le ha dedicado a su carrera, y hoy por fin ha realizado su sueño.

Después que el último alumno recibe su diploma el maestro de ceremonias vuelve a tomar la palabra:

—Para finalizar este acto, cedemos el micrófono a la alumna con el más alto índice académico de la promoción, quien dirigirá unas palabras en representación de sus compañeros: Paula González Medina.

Ella sube al estrado, coloca su diploma a un lado y toma el micrófono:

—Señor rector y honorables miembros del presídium, profesores, padres de familia y compañeros —dice haciendo una leve inclinación de cabeza y continúa: —Sabemos que restaurar no es solo limpiar un cuadro o pegar trozos de mármol. Es rescatar la historia que otros intentaron borrar o que el tiempo simplemente desgastó. Nos dijeron que esta carrera requiere paciencia, y vaya que la tuvimos. Pero también requiere valentía para tomar el bisturí y decidir qué parte de la obra debe prevalecer. Hoy salimos de aquí con las manos listas para trabajar y los ojos entrenados para ver lo que otros ignoran. Gracias a los profesores que nos exigieron y a nuestras familias por entender que pasáramos horas bajo una lupa. Ahora nos toca a nosotros evitar que la belleza se convierta en polvo. ¡Felicidades a todos!




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