Al día siguiente después de la graduación, Paula va con sus padres a ver algunas casas, pero ella no se decide por ninguna.
—Órale, mija, es hora de volver al rancho, tenemos muchas responsabilidades allá que cumplir. Cuando consigas una casa o un apartamento que te guste, me avisas.
En un momento a solas, mientras Paula ayuda a su madre a hacer la maleta, esta le pregunta:
—Hija, Rafael parece un muchacho bueno. ¿Te gusta él?
—No, mamá, Rafael es solo mi amigo.
—¡Qué lástima! Ya me había hecho ilusiones de tener unos nietos correteando por el rancho.
—Mamá, ¿qué cosas dices?
Paula acompaña a sus padres al aeropuerto. Abraza a su alto e imponente padre; él es un gigante gentil.
—Te amo, papá, gracias por estar siempre.
—Espero verte pronto por el rancho, mija, e invita a tu amigo Rafael, me cayó muy bien.
María interviene:
—Sí, es un muchacho noble.
Paula abraza a su madre en la puerta de la sala de abordaje.
—Hasta luego, madre, ¡te amo un mundo! Trataré de ir lo más pronto posible. Por ahora tengo mucho trabajo, cuando me desocupe dejaré un tiempo para ir al rancho.
Por los altavoces del aeropuerto se escucha:
—Pasajeros del vuelo 406 con destino a Chihuahua, favor de abordar por la puerta cinco.
Sus padres le dieron un último abrazo fuerte, de esos que no necesitan palabras, y caminaron hacia la sala de embarque. Paula dio media vuelta y caminó hacia el estacionamiento. Mientras caminaba por los pasillos del aeropuerto, su mente evocó la sonrisa de Rafael, recordó el hoyuelo que se le hace cuando sonríe.
“Ha de ser porque hoy mis padres estuvieron hablando de él” se dice a sí misma cuando se sorprende pensando en Rafael.
Los siguientes días Paula la ha pasado muy ocupada: termina la restauración de la diosa, que le ha valido muchos elogios porque quedó excelente, y ha estado entrenando horas extras; se prepara para el enfrentamiento. Hoy, a pocos días de las peleas, ella está en un estudio. La idea era grabar un comercial para hacerle publicidad a los combates. Ella está acompañada de Juan, su entrenador, cuando de repente entra La Salvaje. La mujer se le acerca y le pone un dedo en la barbilla.
—¿Esta es la niñita que va a pelear conmigo? ¡Es una lástima que esa linda cara quede destrozada!
Paula la observa. Es una mujer imponente, musculosa; sin embargo, Paula es más alta que ella. Mientras La Salvaje lanza improperios, Paula la mira fríamente, sostiene la mirada sin parpadear y en sus labios se dibuja una leve sonrisa. Los camarógrafos no pierden ni un segundo de toda la interacción.
—¡No se pierdan los combates en la jaula! ¡Este sábado la jaula arde! No te pierdas el evento estelar donde chocan dos mundos. Por un lado, la furia y el instinto de La Salvaje contra la técnica y la frialdad de La Graduada. Fuerza contra inteligencia. ¿Quién saldrá de pie? ¡Compra tus entradas ya y vive la adrenalina de la verdadera lucha!
Cuando van en el auto de Paula, ella le pregunta a Juan:
—¿Qué fue eso, Juan? Creí que íbamos a grabar un comercial.
—Aunque no lo creas, ese fue el mejor comercial que pudieron haber grabado.
—¡Ah, sí! No me lo esperaba de esa manera.
En el rancho de los padres de Paula, ellos recién han cenado y se sientan en la sala de estar a ver la TV. Para sorpresa de ambos, ven la publicidad de los combates.
—¡Es Paula! ¿No puede ser? ¿Cómo es que se va a enfrentar con esa salvaje? —expresa Pedro preocupado, e inmediatamente le hace una llamada a Paula.
—Hola, pa. ¿Qué hay de nuevo?
Del otro lado se escucha la voz alterada de Pedro.
—¿Qué es esa publicidad? ¿Cómo es que vas a pelear con una salvaje?
—Pa, cálmate, sabes que tengo tiempo entrenando artes marciales mixtas y quiero ser profesional y llegar a la UFC.
María, quitándole el teléfono a Pedro, interviene:
—Hija, ¿cómo puedes querer pelear si tú eres una mujer educada y te pueden dar un golpe en la cara o hacerte una herida en tu hermoso rostro?
—Ma, por favor, no estés nerviosa. No te preocupes, no va a pasar nada malo. Yo me sé defender, conozco la técnica y me he preparado muy bien para este enfrentamiento.
Después de tratar de calmar a sus padres y explicarles que es un deporte y que ella está preparada para eso, se despide de ellos, que quedan un poco más calmados.
—¿Qué puedo hacer si mi princesa ha decidido pelear en la jaula? —dice Pedro desconsolado.
María lo trata de calmar.
—Tal vez es como ella dice, que es un deporte y está preparada para enfrentar a La Salvaje.
Pasan los días y la publicidad ha hecho efecto; las entradas se han vendido como pan caliente. Hay mucha expectativa por ver a las dos mujeres enfrentarse, es un choque de dos mundos que atrae a las multitudes. Juan y Paula están preparando el ajuar de La Graduada.