La algarabía que reinaba a su alrededor no le permitía darse cuenta de lo que estaba sucediendo exactamente. Katherine, apenas escuchaba murmullos ininteligibles de voces con presbifonía, cuyos tonos siseaban continuamente y mostraban un ligero temblor en cada pronunciación, algunas palabras arrastraban las sílabas por separado, intentar oír las conversaciones le resultaba un tanto incómodo debido a algún tipo de ronquera proveniente del hombre que hablaba, todos estos sonidos al mismo tiempo la mantenían aturdida. Mientras ajustaba sus sentidos a la situación y tomaba conciencia ella inhalaba y exhalaba contando hasta cuatro en su interior para no explotar en un ataque de pánico.
Lentamente, fue percatándose de la situación, frente a ella se encontraba uno de tantos comedores que muchos años atrás, durante su infancia, en la etapa de escolaridad había visitado para recibir el almuerzo suministrado por la escuela a la asistida, hace tanto de eso… pensó; en estos tiempos los mismos colegios tenían un espacio para ello y muy pocas veces lo utilizaban, ya que aunque era un compromiso del estado, no era frecuente que las instituciones contaran con los recursos para que fuese una actividad constante.
Así mismo, en la época de la educación básica en el liceo, durante los inicios de la revolución fueron creados “comedores populares” en donde eran atendidas las familias de bajos recursos económicos y también aquellas personas en situación de calle. Poco a poco debido a la corrupción de los encargados de los mismos, que en lugar de distribuir los alimentos entre la población que se encontraba en estado de vulnerabilidad comenzaron a repartirlos entre ellos y a lucrarse, terminaron por desaparecer cuando los usuarios tomaron la iniciativa de denunciarlos.
Ahora, de pronto, en estos momentos, de manera improvisada, volvían a existir en la ciudad y tal vez en todo el país. Más allá de un comedor popular el lugar se sentía como una especie de refugio, el mobiliario, evidentemente improvisado, estaba conformado por mesones de estibas o paletas y los asientos eran los bancos de alguna iglesia.
Reconoció inmediatamente a una de las personas que aparentemente era la guía del grupo donde se encontraba, se trataba de quien actualmente era la directora de la institución donde trabajaba, tal como en la realidad, quienes tenían estudios superiores eran los que podían dar las instrucciones allí. La mujer hacia anotaciones en un pizarrón: nombres, edades, géneros, patologías y algunos datos familiares de los presentes, sentados a su alrededor.
Allí, en fila para retirar las raciones de alimentos, que consistían en una porción de arroz frito con huevos revueltos al mejor estilo chino, Khaterine se encontraba con un montón de ancianos, a su lado una de sus hermanas de vida, quien no gustaba de comida tan sencilla, debía la tomar la decisión si coger la bandeja o no, porque no se veía más nada para elegir.
Nuestra soñadora terminó de comer y junto a su compañera se dirigió a buscar a su hijo menor quien también se encontraba en el sueño; bajo un cielo gris iniciaron por la primera vereda que encontraron a su paso, debían subir unas escaleras de cemento pulido y escalones pequeños, del lado izquierdo en uno de los descansos dieron con la entrada de una gran quinta y allí se pusieron a husmear, mientras observaban el jardín casi cubierto de flores amarillas y blancas y variedades de plantas de hojas anchas en porrones bien cuidados, que separaba la reja principal de la entrada de la vivienda un galgo salió a su encuentro.
Khaterine no se asustó, lo miró algo perturbada, ese tipo de perros no es común por esos lados del mundo, es raro encontrarlos en Latinoamérica, no ladró ni se mostró hostil, más bien movía la cola de manera amigable; se iba a marchar para continuar su recorrido y de pronto, como guiada por el instinto se decidió a mirar a través de las rendijas de la puerta entreabierta, vio a su hijo sentado en un sillón, con el cabello mojado y en toalla, con la cara de amargado, como siempre. Este, al percatarse de que el perro estaba fuera de la casa y además estaba siendo observado por su madre y su tía llamó al animal. La mujer comenzó a hacerle señas dándole instrucciones para que saliera de la casa, ella no comprendía cómo estaba él allí, así que se lo estaba preguntando con gestos.
Cuando el hijo se acercó, ésta reparo en que se había teñido el cabello de morado, estilo “pinchos”, se le veía bien y la expresión de su rostro dejaba en claro que ese era su hogar. Khaterine comprendió que esa, era una época adelantada en el tiempo, captó que en medio del caos que existía, su hijo se encontraba en buenas condiciones económicas, no superiores, pero sí buenas, por lo menos para mantenerse estable, vivía en solitario, no habían indicios de que viviera nadie más allí; ni una esposa, ni hijos, ni ninguna otra persona que ella conociera, ni de la familia, ni tampoco ningún desconocido.
Él no las invitó a pasar, no mostró alguna emoción ni sentimiento al verlas, sabía que eran su madre y su tía las que estaban en la puerta, aun así no hizo nada, más bien estaba calmado; ellas no estaban en peligro, ni estaban siendo perseguidas. ¿Cómo llegó a esa conclusión? ¿Por qué deberían estar siendo perseguidas? ¿Por qué habrían de correr algún peligro? Algo no estaba claro, venían de un comedor popular, el ambiente era pesado, la energía que flotaba le hacía pensar que alguna tragedia estaba a punto de suceder o ya había sucedido. Pero no tenía claro qué.
Continuaron subiendo las escaleras y sin llegar al final de los escalones, la mujer junto a su hermana estuvieron analizando el escenario, ¿qué podía significar que la población estuviera comiendo de manera dosificada? En un “comedor popular”, cuando hace mucho que ese sistema se había extinguido. En apariencia y rememorando la situación, los que allí estaban eran todos personas de la tercera edad, los administradores y los guías eran contemporáneos con ellas. En términos de jerarquía profesional, no había posibilidad de que quienes no hubiesen recibido estudios académicos en ningún momento de su vida pudieran tener ese puesto alguna vez en el futuro.
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Editado: 15.06.2026