La joven le sonrió y se subió al auto y salió de allí sudando frío, aumentó la velocidad más adelante, pero salieron dos patrullas más y comenzaron a seguirla.
—¡Rayos, que no tienen nada mejor qué hacer!
Aimius le dijo entonces:
—Calma, ya llegaremos. Cuando la luna llena esté en lo alto.
—No creo que podamos ver la luna -miró por el retrovisor— con ellos persiguiéndonos.
Cuando llegaron cerca del camino hacia el bosque, se bajaron y Alana abrió la cajuela que cedió con facilidad y corrieron hacia el bosque, las sirenas policiales se hicieron escuchar.
El bolso pesaba lo suyo, pero no lo iba a dejar, no podía hacerlo, porque eso sería dejar una cola que pudiera guiar a gente inescrupulosa a ese mundo, a Young.
Un cambio representaba muchas cosas, pero sobre todo el inicio de una vida completamente nueva, extraña y tal vez cargada de sorpresas e inquietudes ¿y después?, no había marcha atrás y todo se dispararía; sin embargo, estaba asustada, porque iba a cambiar su vida de forma trascendental.
No era un simple poner orden en el closet, era cambiar de vida, de mundo, de todo lo conocido.
La policía iba tras ellas y Alana se sentía confundida sin saber qué camino escoger.
La policía había desplegado todo un operativo para detener a la joven y a su amiga, sabían que llegando al bosque las cosas se complicarían, por eso el comisario había dispuesto el uso de perros para rastrear a las fugitivas.
Cuando el camioncito llegó con estos los soltaron contra ellas. Pronto ladridos de perros las perseguían y voces de personas.
Cora miraba a todos lados, estaba perdida, conocía ese bosque, pero ahora le parecía un lugar distinto y eso la aterraba.
—¿Por dónde Alana?
—No lo sé, no recuerdo… Di tantas vueltas y… No sé.
—No es tiempo de jugar, Alana nos siguen.
Aimius le dijo que se serenaran y movió su mano. Los ruidos y voces se escucharon claros, el ladrido de perros más cerca y de repente una niebla empezó a emerger confundiendo a todos, policías y perros y el frío arreció, entonces la luna se mostró en lo alto y Alana recordó el camino.
—¡Es por aquí!
Corrieron por el camino que ella señalaba y cuando llegaron hasta el claro la niebla cubría la mitad de sus cuerpos:
—¿Por dónde Alana, por dónde?
—Es aquí, lo puedo sentir —cerró los ojos—. Las luces están aquí.
—¿Dónde? —daba vuelta Cora—. No las veo.
—Están aquí… Entre nosotras —cerró sus ojos—, solo debes sentirlas.
Las esferas emergieron de la niebla y Cora retrocedió asustada, se pegó a Alana y le dijo con aprensión.
—Tengo miedo, Alana…
—Es de temer, Cora. Si quieres ir a Young.
—Quiero, pero tengo miedo.
Aimius les preguntó entonces.
—¿Listas?
—Sí —sintió la presión de la mano de Cora en su brazo—, tenme cogida Cora y no me sueltes.
—No pienso soltarte, Alana, no hasta que esto termine.
—Es que no terminará, esto va a comenzar —entonces dijo con todas sus fuerzas—. Quiero volver a Young. Quiero volver a ver a mi amor.
Las luces comenzaron a girar y Cora vio que se movían veloces y de repente giraban tanto que comenzaron a marearla y se aferró a su amiga con fuerza y sintió un calor intenso que la hizo perder el conocimiento.
**
El viento soplaba fuerte y agradable remeciendo sus cabellos, había una paz impregnada, algo que no las hacía despertar de su largo sueño, lejos, muy lejos, quedaron los problemas y las insatisfacciones, ahora eran dos personas nuevas en un mundo nuevo.
Cuando Alana despertó, fue horas después y haciendo acopio de valor para poder sentarse y darse cuenta de que ya no estaban en Grendich, sino cerca del puente de madera que conducía a los dominios de Young, era una extraña sensación de alivio y paz la que la envolvía.
Estaba allí después de tantos pesares y ahora sabía que, en algún lugar, Gregory esperaba por ella. Miró el anillo y vio que su brillo era intenso, más intenso que en su mundo y sonrió, Gregory la llamaba, cada destello la gritaba ¡Ven por mí! Entonces solo pudo decirle al viento:
—Espérame, Gregory… Voy por ti amado mío.
En respuesta a sus anhelos, la brisa fresca remeció su cabello, entonces se incorporó y vio el paisaje tan imponente y se dijo emocionada.
—Regresé. Regresé por ti Gregory.
Cora estaba dormida cerca de ella y fue a despertarla, una mariposa extra grande se posó en su nariz, la joven abrió sus ojos y gritó.
—¿Qué sucede?
—Una mariposa enorme —dijo admirada—, muy grande.
Cora no se había dado cuenta todavía de donde estaban realmente, por eso le señaló.
—Cora, ya no estamos en Grendich.
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Editado: 31.12.2025