Retorno a Young

Cap.7 Lo que pasó en el pantano

La zona pantanosa era un sitio bastante peligroso y lúgubre; las aguas quietas ocultaban a uno de los depredadores más resbaladizos y horrorosos de esa zona: los dragones de agua.

Los dragones de agua eran monstruos que bordeaban los 8 a 10 metros de longitud y se contaban algunos de doce y quince metros.

Estos eran similares a los cocodrilos australianos de piel gruesa y como blindada, su hocico estaba cubierto por dos hileras de dientes grandes y filudos y estaban provistos de una lengua similar a la de los sapos con las que capturaban a sus víctimas y las arrastraban hasta sus fauces en donde trituraban con sus potentes mandíbulas a su presa.

La vegetación del lugar los ayudaba en ese menester, pues consistía en árboles que parecían emerger del agua y eran de apariencia robusta y agrestes; sin embargo, no eran tan fuertes como aparentaban ser, lianas colgaban de ellos caprichosamente.

De las aguas oscuras emergían palillos o pequeños tallos, dando un espectáculo extraño a ese sitio como incompleto; raíces y troncos flotantes se paseaban en esas aguas putrefactas.

Las aguas eran oscuras y engañosas, aparte de la densa niebla que predominaba por esos lares que hacía de manto cubriendo el paraje.

Notre fue a inspeccionar el camino a tomar, pues debía asegurarse de poder salir con bien de ese sitio, se dio cuenta de que había muchos árboles que podían ayudarlos si fuese el caso, eso era bueno, además de haber un puente hecho, supuso, por los viajeros para no tener que meterse en las oscuras aguas.

Ese sitio era el hábitat preferido de los samuros negros, que revoloteaban con su chillido lastimero por esos lares.

En principio el puente parecía seguro y casi rozaba las aguas, comenzaron a avanzar con sumo cuidado hasta llegar a él.

El agua les daba por las rodillas, era como más pesada de lo usual y las raíces no ayudaban, pues se enredaban en sus pies haciéndoles dar traspiés, eran trampas perfectas, según pensó Rutia, pues todo ese lugar se alimentaba de la carroña de los otros.

Por ejemplo, cuando un dragón de agua atacaba, los samuros se alimentaban de los residuos de las víctimas y las raíces de la sangre de la gente, era, pues un sitio estremecedor.

Notre les indicó.

—He visto un puente construido por los cazadores, eso nos ayudará a cruzar más rápido.

El puente casi estaba sumergido en el agua, porque era viejo y no se veía nada confiable, más Notre se adelantó diciendo.

—Tengan sus oídos y ojos bien abiertos, pues aquí las criaturas abundan.

Alana no sabía de esas criaturas, porque nunca había visto un dragón de agua, hasta que fijó sus ojos cafés en lo que ella pensó que era un tronco que flotaba y resultó ser una especie de lagarto que abrió sus fauces a ella, entonces vio que tenía muchas hileras de dientes y que se sumergía.

—¡Notre!

—¿Qué?

—Algo viene —entonces el puente se estremeció y Alana gritó sujetándose— ¿Qué pasa?

—¡Son dragones de agua, señora, carnívoros!

—Señora, trate de ir al otro lado —le gritó Rutia— ¡Rápido!

Alana corrió por el resbaloso puente y a la mitad de este, algo enorme saltó frente a ella y con sus fauces la hizo retroceder.

—¡Dios mío!

De la boca del animal salió una lengua similar a la de un sapo y atrapó su tobillo, mandándola al piso resbaloso, estaba siendo jalada hacia las fauces del animal.

La joven intentaba aferrarse a algo para detener la inminente caída. Rutia se percató de lo sucedido e iba en su auxilio cuando un fuerte golpe en la madera la desestabilizó y cayó al agua.

Los gritos de Alana era lo único que se escuchaba, la joven se vio perdida.

Notre también intentaba apartar a dos de esos animales con su espada, cuando faltaba poco para caer en las terribles fauces del animal algo saltó sobre él y lo atravesó con una lanza matándolo en el acto.

Alana intentaba desesperada quitarse esa lengua pegajosa, mientras emergían más animales dispuestos a darse un festín con ella, abrían sus fauces dispuestas a lanzarle encima su lengua pegajosa.

La joven miraba esas fauces abiertas y la lengua pegajosa parecía adherida a sus botas, algo la tomó con violencia y la lanzó hacia las ramas de un árbol en donde estuvo a salvo, más ella no vio a su salvador porque todo fue tan rápido; sin embargo, los animales la habían notado y se acercaban al árbol a golpearlo esperando hacerla caer.

Los árboles de agua (nombre que se le daba a todo árbol que crecía dentro del agua) tenían un tronco más bien quebradizo, parecían moles fuertes, pero su naturaleza era engañosa.

El árbol comenzó a crujir con los golpes de las colas. La joven se aferraba a las ramas con desesperación.

Rutia luchaba por su vida, como hábil soldado logró salir del apuro y logró subirse al puente que tambaleaba y Notre le indicó un árbol cercano.

—¡Sube lo más rápido que puedas!

—¡No lo haré, no te dejaré!

El puente fue partido a la mitad por un dragón de agua mayor, de unos ocho metros, el rugido que dio estremeció a todos.




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