Retrato De Una Familia.

Capítulo 25. (Se aproxima el final).

Cuando el dolor se esfumo y logro ponerse nuevamente de pie, camino despacio hasta llegar a casa, allí evadió cualquier pregunta que su madre le hizo, la cual muy preocupada quedó sin aliento al ver a su otro hijo completamente golpeado. Fueron momentos terribles para la madre.  

...
Al día siguiente.
Esteban caminaba nuevamente hacia el colegio, con la mirada baja pensaba en las mil posibilidades de encontrar a Camilo y darle un fuerte golpe en la cara y que de una vez por todas le explicara aquella situación que el no entendía. Al levantar la mirada al frente lo vio frente a sus ojos, ahí estaba, charlando tan campante con un grupo de amigos que Esteban desconocía. Los observó por muy momento, pero justo en aquel instante sus ojos color café se llenaron de asombro al ver que uno de aquellos le entregó una pistola a Camilo el cual de inmediato guardó en la pretina de su pantalón.  
—¿Qué carajos sucede aquí?. —Murmuro Esteban en voz baja. 
Camilo se dio cuenta de la presencia de Esteban, luego de despedirse de sus colegas camino hacia el. 
—Que tal amigo, hace varios días que no te veo, ¿cómo va todo?. —Comento el muchacho con una gran sonrisa que lo caracterizaba. Esteban lo miró y no respondió nada, al parecer ya se había recuperado del desamor por el que había pasado a causa de Anna María, a simple vista se veía contento y muy tranquilo, como si nada hubiera pasado y realmente había pasado de todo.  
—¿Sucede algo?. —Pregunto Camilo con extrañeza al ver la rara actitud de Esteban.  
—¿Quien diablos eres?. —Pregunto Esteban contundentemente y inmediato tomo con fuerza a su amigo del cuello de la camisa. Con los ojos hirviendo de rabia y cansados de tantas mentiras.  
—Que a pasado, acaso no me conoces.  
—No, ya no se ni quien eres.  
—Suéltame. Deja la bobada, somos amigos, eso somos. 
—No lo somos, desde el maldito momento en el que te desapareciste, desde el momento en el que Lucas te acusa de no se que cosas, desde el momento en el que me dijiste en donde se encontraba mi hermano sin explicarme quien lo hizo y desde el momento en el que me dicen que me aleje de usted.  
—¿Quién te a dicho todas esas patrañas?.  
—Eso es lo que menos importa, lo que importa aquí es que me digas quien carajos eres.  
—Que quieres saber.  
—No te hagas el idiota, conmigo no… vi con mis propios ojos que ese tipo te entrego un arma. 
—Así que ahora, te volviste loco. 
—Aquí en loco es otro.  
Sin previo aviso, Esteban empuñó su mano derecha y le dio un fuerte golpe en la cara a Camilo, de inmediato, lo tomó por las manos y mientras lo sacudía con fuerza, el arma cayó al piso. Al verla, ambos se quedaron viendo a los ojos, Esteban dijo.  
—Que tristeza saber que todo es cierto, lo que dicen y lo que hacen… los negocios torcidos y sucios en los que estas metido, tan bajo has caído. Que tristeza saber que eras mi amigo, de verdad.  
—Nunca fui tu amigo. —Respondió Camilo con sinceridad y continuo diciendo.  
—Necesitaba hacerme pasar como un estudiante común y corriente, llevando un bajo perfil para poder vender la droga, por ahí empecé. Luego, la vendía por las noches en bares, a cualquier prostituta que se me atravesara en el camino o algún drogadicto desquiciado… es gracioso que desde niños no me conocieras del todo bien, realmente no te consideré mi amigo. Ahora, tengo mi propio negocio y un amigo es lo que menos necesito ahora.  
—Entiendo. Si no me considero su amigo en algún momento eso no importa. Pero lo que duele es ver a una persona como usted caer tan bajo con esa porquería de basura.  
—Eso es lo que menos importa Esteban.  
Camilo, tomo el arma del suelo y la guardo en la pretina de su pantalón. Se dio media vuelta para marcharse pero Esteban lo detuvo diciendo.  
—Espera, solo dime algo. Por última vez. ¿Es verdad todo lo que dicen de usted?.  
Camilo volvió la mirada a Esteban, la misma mirada que ahora era fría y cruel… y así respondió.  
—Si, es verdad. Todo lo que dice Lucas y la gente, todo es verdad.  
A Esteban se le deslizaron las lágrimas por las mejillas, al descubrir la doble vida de aquel que una vez considero su mejor amigo. El que estuvo ahí en las buenas y en las malas, en el que confío sin dudarlo y al que una vez le contó sus tristezas con los ojos cargados de melancolía.  
Era su amigo, muy dentro del pecho Esteban lo sentía así. Camilo, muy dentro del pecho también lo sentía así, pero debía alejar a su amigo de todo y del mundo en el que el en ese momento se encontraba metido… la mejor excusa fue decirle que nunca fue su amigo y que nunca lo considero de tal manera, solo sirvió para fortalecer su perfil de estudiante.  
Era la mejor opción. Ya no había marcha atrás.  
—Gracias. —Dijo Esteban.  
—¿Por qué?. —Pregunto Camilo.  
—Por que así, me doy cuenta que hasta el más leal no es lo que parece.  
En ese momento tres desconocidos con el mismo porte con el que habían amenazado a Esteban el día anterior aparecieron en dos motocicletas de la nada, sin aviso y con claro objetivo uno de ellos saco un arma y apunto hacia Camilo y Esteban... los sorprendió.  
Camilo intento sacar el arma para defenderse pero ya era demasiado tarde, aquel desconocido disparo dos veces y las balas entraron en su pecho. El arma cayo al suelo, mientras Camilo se desplomaba lentamente al piso, la sangre salpicó al rostro de Esteban, el cual lo sostuvo para no dejarlo caer… segundos después, se arrodillo y lo sostuvo en sus brazos, de inmediato apretó la herida del pecho y con el terrible desespero que lo acomplejaba le suplico con las lagrimas al borde los ojos.  
—Camilo, hey, hey, por favor, por favor no… despierta, no me deje solo hermano.  
Los tres desconocidos se acercaron a Camilo el cual era su principal objetivo, uno de ellos tomó a Esteban por la camisa y lo apartó del lado de Camilo. El quedo expuesto, moribundo en el piso. Mientras Esteban, desesperado y entre súplicas les dijo.  
—Por favor, no le hagan daño déjenlo en paz.  
En ese instante, Camilo hizo un pequeño movimiento en la cabeza dando aún una señal de vida. Esteban de inmediato lo notó y se alegro al verlo vivo, intento liberarse bruscamente de los brazos de aquel desconocido que lo tenía atrapado con un arma puesta en la cien, mientras que ansioso y desesperado le dijo.  
—Por favor, suélteme. Debo llevarlo a un hospital, Camilo aún sigue con vida. Por favor suelten… maldita sea.  
Camilo, intento tomar el arma que estaba en el piso… pero uno de los desconocidos le piso fuertemente la mano y de una fuerte patada lo hizo revolcarse por unos segundos de dolor. Recargo su arma y le apunto hacia la frente, en ese instante el desespero de Esteban se hizo mayor al ver que aquel hombre iba a dar el último disparo que acabaría de inmediato con la vida de su amigo.  
—No, no lo haga… no, no… por favor no. —Mientras que sujeto por el otro desconocido intento liberarse, pero fue imposible. Cada segundo que transcurría era crucial e imponente.  
Camilo observó por última vez los ojos de su asesino frente a frente y aquel quizás vio en el, el miedo de morir. Apretó sus manos con fuerza y su mente se nubló de repente cuando aquel le disparó en la frente. El desgarrador grito de Esteban se perdió en el eco del disparo.  
Las manos se abrieron lentamente, ya no había fuerzas. Los ojos se le apagaron y una lagrimas se deslizó de ellos cayendo en el asfalto del suelo, su corazón se detuvo y la vida se fue.  
… 
La policía llegó de repente al lugar y de inmediato los desconocidos emprendieron la huida, una persecución entre disparos y velocidad se armó en las próximas cuadras. Uno de los desconocidos, por la precipitación de la motocicleta se cayó al suelo y fue capturado mientras que los otros dos lograron escapar.  
… 
Esteban se acercó a Camilo, lo tomó en sus brazos con mucha tristeza. Por un momento, volvió en si como si de una última palabra se tratara y de sus labios murmuró.  
—Perdón, amigo.  
En ese instante cerro sus ojos, para siempre.  
—No, no por favor no. —Dijo Esteban y lloró con profundo dolor la perdida de su amigo. Desesperado, desconcertado y hecho trizas pidió ayuda entre gritos… una ambulancia hizo presencia en el lugar y la triste noticia empezó a expandirse por toda la ciudad.  
 




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