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ARCO 1 (CADENA DE BONDAD).

CAPÍTULO 1: COBARDE

Lunes, 18 de mayo de 2039

Hayul era una de esas ciudades al norte de Asia donde la gente no vivía, corría. Era un lugar inmenso, ruidoso, lleno de tecnología y de un movimiento constante que nunca parecía detenerse. Karden, una de sus zonas más importantes, era un punto de paso obligatorio para el comercio de todo el país. Por ahí pasaba de todo: petróleo, maquinaria pesada, productos manufacturados, comida, ropa y contenedores; prácticamente cualquier cosa que el mundo quisiera mandar lejos o traer de vuelta. En el corazón de todo este sistema estaba Hayul International Logistics, la empresa encargada de mover mercancías dentro y fuera del país. Era la número uno en exportación y manufactura. Una maquinaria gigantesca que se sostenía gracias al lomo de miles de trabajadores que dejaban la vida en las bodegas. Y entre toda esa multitud, había un muchacho más. Kai Solen, de veintiún años, ayudante general. Él todavía no lo sabía, pero su mundo estaba a punto de hundirse en la oscuridad más absoluta.

A las seis de la mañana, en una pequeña casa de la Barriada Varen, la alarma comenzó a sonar con un pitido molesto. Kai dormía profundamente, arropado por una cobija delgada que apenas lo protegía del frío de la mañana. Al dar la hora exacta, el sonido metálico de la alarma fue reemplazado por la transmisión de la radio local, que comenzó a emitir la voz del locutor de turno.

—Muy buenos días, estimados oyentes. Espero que se hayan levantado con el pie derecho de la cama —decía el locutor con un tono de voz alegre y despreocupado—. Soy Josh, su estimado comentarista de la radio en Karden View, y hoy les tengo las noticias del día. Al parecer, varios astrónomos de la región, que para los que no lo sepan es la ciencia que estudia las estrellas, jajaja, nos dan un aviso de prevención. Nos advierten que el sol está realizando erupciones tan potentes que sus ondas de calor comenzarán a tocar la Tierra en cuestión de días, amigos. Así que yo les recomiendo usar bastante bloqueador solar y comprar un buen aire acondicionado, jajaja. Pero no se preocupen, en realidad no pasa nada grave; los expertos dicen que solo aumentará un poco el calor y eso es todo lo que ocurrirá.

Antes de que el comentarista pudiera agregar algo más sobre el clima, Kai estiró el brazo de mal humor, apagó la radio de un golpe y se levantó de la cama. Se frotó los ojos cansados y caminó despacio hacia el baño para darse una ducha rápida con agua fría que le ayudara a despertar. Al salir, se vistió con la playera azul del uniforme de la empresa y se dirigió a la pequeña cocina para revisar la alacena.

—Bueno, hora de iniciar el día —murmuró para sí mismo, contemplando el interior del refrigerador medio vacío—. Veo que queda un poco de pan en la nevera y algo de queso. Toca improvisar el desayuno de hoy.

Comió rápido, masticando el pan frío en silencio mientras miraba por la ventana las calles grises de la Barriada Varen. No tenía tiempo que perder; el autobús de Karden solía pasar temprano y no podía permitirse llegar tarde al almacén si quería conservar el único ingreso que le permitía pagar las cuentas.

Pocas horas después, Kai ya se encontraba en el inmenso y ruidoso almacén de Hayul International Logistics. El lugar era un laberinto de estanterías metálicas que se elevaban hasta el techo, repletas de tarimas de madera con cajas de todo tipo. El aire olía a cartón húmedo, polvo, grasa de motor y café viejo. A lo lejos, el silbato de los supervisores y el zumbido constante de las luces blancas del techo creaban una atmósfera de prisa constante. Kai se encontraba acomodando unos bultos cuando la voz firme de su jefe directo resonó en el pasillo principal de la bodega.

—¡Solen! ¿Puedes venir un momento, por favor?

Kai dejó de lado la caja que sostenía y reaccionó de inmediato, caminando a paso apresurado hacia el mostrador de control.

—Sí, jefe, ya voy —respondió, deteniéndose frente al escritorio móvil del supervisor.

El señor Jhang tenía las mangas de la camisa azul remangadas hasta los codos, una carpeta de plástico en la mano y una expresión seria pero tranquila. No era un mal tipo; de hecho, era de esos jefes que hablaban muy poco, pero cuando confiaban en el trabajo de alguien, lo hacían de verdad.

—Necesito que te encargues de arreglar este pedido, por favor —dijo Jhang, señalando una hoja de inventario con varios códigos impresos—. Va directo para la sucursal de Ironmark, es uno de nuestros mejores compradores en el sector. Asegúrate de que esté completamente alineado, sellado y sin un solo rasguño en las cajas. Es una compra de quinientos mil dólares. Lo dejo bajo tu total responsabilidad porque eres el mejor trabajador que tengo en este turno. No me vayas a fallar, muchacho.

Kai levantó la cabeza, sintiendo que el corazón le daba un vuelco de sorpresa ante la enorme responsabilidad que le estaban entregando.

—Sí, señor Jhang. Cuenta con eso, no se preocupe.

—Quiero todo en perfecto orden. Nada de retrasos en la carga ni cajas golpeadas.

—Entendido, jefe. Me pongo a trabajar en eso de inmediato.

Jhang lo observó en silencio durante un segundo, asintió con un gesto de aprobación y se alejó para revisar otra sección del almacén. Kai se quedó solo con la hoja en la mano, tragando saliva para calmar los nervios. No era la primera vez que le encargaban organizar un despacho, pero nunca había tenido bajo su cuidado una mercancía de ese valor. Miró las tarimas y respiró hondo para concentrarse. Había mucho trabajo que hacer y el tiempo corría.

A lo lejos, ocultos detrás de una de las estanterías de metal del pasillo lateral, dos de sus compañeros de turno lo miraban con un evidente fastidio y envidia reflejada en el rostro. Eran Jace y Beto.

—Míralo —dijo Jace, cruzándose de brazos con molestia mientras observaba a Kai—. Siempre de lamebotas. Ese desgraciado llegó hace poco y ya actúa como si fuera el hijo consentido del señor Jhang. Me enferma ver cómo se arrastra ante el jefe.




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