Revelado en tu mirada

Capítulo 3: Lo que crees que ves

El primer concierto oficial de la gira no fue un evento, sino una explosión. El aire en el estadio de la Ciudad de México estaba tan cargado de electricidad que el vello de mis brazos se erizaba incluso antes de que la primera luz se encendiera. Desde el foso de prensa, apretada entre el muro de seguridad y una marea de fans que gritaban con una devoción casi religiosa, sentí por primera vez la verdadera escala de lo que significaba estar allí.

Cuando las luces se apagaron y el rugido de miles de personas llenó el estadio, el suelo vibró bajo mis botas. Durante unos segundos no pude ver nada, hasta que una luz azul atravesó la oscuridad y el primer golpe de batería retumbó en todo el recinto.

Axel estaba en lo alto de su plataforma, rodeado de platillos y envuelto en una iluminación fría que dibujaba cada movimiento de su cuerpo. Sus brazos se desplazaban con una precisión brutal, golpeando la batería con una fuerza que parecía imposible de sostener durante más de unos minutos. Sin embargo, no había duda ni cansancio en él. Cada movimiento tenía un propósito y cada golpe parecía arrastrar al resto de la banda detrás de su ritmo.

Levanté la cámara y descubrí, a través del lente, a un Axel diferente al hombre que había conocido durante el ensayo. Seguía siendo serio, pero allí arriba esa seriedad no parecía una barrera; se convertía en concentración. Todo lo demás desaparecía a su alrededor mientras tocaba.

Moví el enfoque de sus manos a su rostro y recordé la Foto 042. La había dejado guardada en mi computadora antes de bajar del autobús y me había prometido no pensar demasiado en ella. El problema era que, ahora que sabía lo que había visto, resultaba imposible ignorarlo. Cada vez que Axel cerraba los ojos o inclinaba ligeramente la cabeza mientras tocaba, esperaba volver a encontrar aquella misma expresión.

Pasé buena parte del concierto desplazándome de un extremo a otro del foso, buscando distintos ángulos y procurando no quedarme demasiado tiempo en un mismo lugar. Fotografíé al vocalista acercándose al público, al guitarrista moviéndose bajo las luces y a Leo sonriendo mientras tocaba el bajo. Sin embargo, inevitablemente, mi cámara terminaba regresando hacia Axel. Era difícil no hacerlo.

Cuando el concierto terminó, el backstage se convirtió en una extensión del caos del escenario. Técnicos, asistentes y miembros de seguridad se movían por los pasillos mientras los músicos desaparecían hacia sus camerinos. Yo me detuve cerca de la zona de carga para cambiar una de las tarjetas de memoria y asegurarme de que todo el material estuviera guardado.

—Me dijeron que no estorbabas, pero nadie mencionó que eras una sombra.

Levanté la cabeza y encontré a Axel apoyado contra una de las cajas de equipo, a pocos metros de mí. Tenía el cabello húmedo pegado a la frente y las vendas de sus manos estaban deshilachadas después del concierto. Su respiración todavía era un poco acelerada, aunque su expresión había recuperado buena parte de la frialdad habitual.

—Solo hago mi trabajo —respondí mientras guardaba la tarjeta en uno de los compartimentos de mi mochila.

Su mirada bajó hacia la cámara que colgaba de mi cuello.

—Tomaste muchas fotos.

—Para eso me contrataron.

—No me refería a la banda.

Me quedé quieta mientras Axel se separaba de la caja y daba un par de pasos hacia mí.

—Pasaste buena parte del concierto apuntándome con esa cosa.

—También fotografié a los demás.

—No tanto.

Intenté no mostrar la incomodidad que me provocaba saber que se había dado cuenta. Hasta ese momento había pensado que, cuando estaba detrás de la batería, nada de lo que ocurría fuera de ella conseguía llamar su atención. Evidentemente me había equivocado.

—Eres el baterista —dije—. Era difícil ignorarte.

Una sombra de diversión apareció en su expresión.

—Qué conveniente.

—¿Me estás acusando de algo?

—Todavía no.

Lo miré durante unos segundos, esperando que continuara, pero Axel parecía más interesado en observar mi reacción que en explicar la suya.

—Entonces, ¿qué quieres saber?

Su expresión cambió apenas.

—¿Qué viste?

La pregunta consiguió descolocarme.

—¿En el concierto?

Asintió.

Pensé en responder algo profesional sobre iluminación, movimiento o energía. Era lo que probablemente habría dicho si cualquier otro integrante de la banda me hubiera hecho la misma pregunta. Sin embargo, recordé la Foto 042 y las palabras de Leo durante la madrugada.

—Vi que eres diferente cuando estás detrás de la batería —respondí finalmente.

Axel permaneció inmóvil.

—¿Diferente cómo?

—No lo sé todavía.

La respuesta pareció sorprenderlo. Me encogí ligeramente de hombros antes de continuar.

—Ayer parecías estar pendiente de todo lo que ocurría a tu alrededor. De mí, de los técnicos, de quién se acercaba demasiado. Hoy, mientras tocabas, parecía que nada de eso importaba.

La mirada de Axel se endureció un poco.

—Observas demasiado.

—Es literalmente mi trabajo.

—Ese es el problema.

No había agresividad en su voz, pero sí una advertencia clara. Apreté la cámara entre mis manos.

—No estoy intentando descubrir ningún secreto, Axel.

Sus ojos permanecieron sobre los míos.

—Más te vale.

Se hizo un silencio extraño entre nosotros. A nuestro alrededor seguían pasando técnicos y asistentes, pero durante unos segundos tuve la impresión de que todo aquel movimiento había quedado demasiado lejos.

Axel bajó la mirada hacia mi cámara una última vez.

—Ten cuidado con lo que crees que ves, fotógrafa. Una imagen puede parecer una cosa y contar una historia completamente distinta.

Antes de que pudiera responder, se alejó por el pasillo. Me quedé observándolo hasta que desapareció entre el equipo, intentando procesar algo que me resultaba todavía más inquietante que el hecho de que hubiera notado cuánto lo observaba: mientras yo trataba de entenderlo a través de mi cámara, Axel también había empezado a prestar atención a cada uno de mis movimientos.




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