Revelado en tu mirada

Capítulo 5 : Antes de mostrar

El concierto de aquella noche, celebrado en una antigua ópera reformada, había sido un desastre técnico. Los monitores fallaron durante dos canciones, el calor detrás del escenario era insoportable y una interferencia obligó a detener la prueba pocos minutos antes de que abrieran las puertas. Para cuando terminó el show, el mánager llevaba horas hablando por teléfono con producción y Axel había perdido la paciencia hasta terminar lanzando sus baquetas contra la pared del camerino.

El ambiente en el backstage estaba tan cargado que nadie parecía dispuesto a quedarse más tiempo del necesario. Los técnicos comenzaron a desmontar parte del equipo, los demás integrantes de la banda desaparecieron hacia los camerinos y yo aproveché la relativa tranquilidad para recoger mis cables y revisar que no hubiera dejado ninguna tarjeta de memoria cerca del foso.

Creí que era una de las últimas personas que quedaban en el recinto hasta que escuché un sonido repetitivo proveniente del escenario. Una baqueta golpeaba una palma con un ritmo seco y constante.

Me asomé entre las estructuras y encontré a Axel sentado en el suelo detrás de su batería, prácticamente a oscuras. Una de las luces de emergencia proyectaba un resplandor rojizo sobre el escenario. Sostenía una baqueta entre los dedos y la golpeaba una y otra vez contra la palma de su mano. No parecía enfadado, sino agotado.

—Pensé que ya te habías ido —dije mientras me acercaba.

La baqueta volvió a golpear su palma.

—Pensé lo mismo de ti.

—Estoy recogiendo mis cosas.

—Siempre estás recogiendo algo, editando algo o fotografiando algo.

—Es sorprendente, considerando que soy fotógrafa.

La baqueta se detuvo. Axel levantó la mirada hacia mí y, durante un instante, creí distinguir algo parecido a diversión en su expresión, aunque desapareció casi inmediatamente.

—El mánager quiere hacer mañana una primera selección para el libro de la gira.

Asentí. Me lo habían mencionado aquella misma tarde.

—Quiere «momentos íntimos» —añadió, haciendo comillas con los dedos—. Lo dijo exactamente así.

La forma en que pronunció aquellas palabras hizo evidente lo poco que le gustaba la idea.

—También me lo dijo.

Axel apoyó los brazos sobre las rodillas.

—Entonces supongo que mañana descubriré qué significa intimidad para alguien de marketing.

—Probablemente una fotografía en blanco y negro mirando por una ventana.

Soltó una risa breve.

—No les des ideas.

Sonreí, pero la expresión de Axel volvió a ponerse seria.

—¿Vas a entregar las tuyas?

No tuve que preguntarle a cuáles se refería. Desde nuestra conversación en la biblioteca, ambos sabíamos que había fotografías suyas que nunca llegaban a la selección oficial. Axel sabía incluso que existía una en particular que todavía no le había enseñado.

—Voy a entregar las que formen parte del trabajo.

—Eso tampoco responde nada.

—Estoy empezando a pensar que ninguna de mis respuestas te satisface.

—Porque eres buena evitando las preguntas.

—Comunicación y medios. Otra habilidad que nos enseñan.

Esta vez su sonrisa duró un poco más. Después volvió a mirar la baqueta que tenía entre las manos.

—Podrías entregar todas.

La seriedad de su tono me hizo dejar de bromear.

—Podría.

—Y probablemente le encantarían.

No respondí. Axel levantó nuevamente los ojos.

—El tipo lleva semanas pidiendo que alguien consiga demostrar que existe una persona debajo de todo esto —dijo, señalándose vagamente a sí mismo—. Si tienes esas fotografías que dices tener, supongo que podrías darle exactamente lo que quiere.

Pensé en la 042. Seguía guardada en mi computadora, separada del resto del material. Había otras imágenes que se habían unido a ella desde entonces: silencios, momentos entre canciones, miradas perdidas y pequeños segundos en los que Axel parecía olvidar que yo estaba allí. Ninguna era tan importante como aquella primera.

—No voy a hacerlo.

Axel permaneció en silencio unos segundos.

—¿Por qué?

Era una pregunta sencilla y, sin embargo, tardé en encontrar la respuesta.

—Porque una cosa es que hayas aceptado que documente la gira y otra muy distinta que todo lo que ocurra frente a mi cámara tenga que terminar publicado.

Su mirada permaneció sobre mí.

—El mánager diría que para eso te paga.

—Por suerte, él no está aquí ahora.

—Eso tampoco responde por qué tú no quieres hacerlo.

Suspiré.

—Porque dijiste algo en la biblioteca que era cierto.

Su expresión cambió ligeramente.

—Eso ocurre más seguido de lo que crees.

—No arruines el momento.

La esquina de su boca se levantó.

—¿Qué dije?

Apreté la correa de mi cámara entre los dedos.

—Que el problema era que yo estaba decidiendo qué fotografías tomar, cuáles guardar y cuáles mostrar. Si una imagen habla de ti de una manera que no esperabas, creo que deberías saber que existe antes de que alguien más pueda verla.

Axel me estudió durante algunos segundos.

—¿Y esa fotografía?

Sabía perfectamente a cuál se refería.

—Sigue guardada.

—¿Nadie la ha visto?

—Solo yo.

—Eso cuenta.

—Entonces dos personas saben que existe, aunque tú todavía no la hayas visto.

Axel bajó la mirada. Por primera vez, la conversación sobre la Foto 042 no parecía una confrontación. No había exigencias ni sospechas, solo aquella extraña tensión que se había instalado entre nosotros desde la biblioteca.

—¿Por qué no me la enseñas? —preguntó.

Podría haber sacado la computadora en ese mismo momento. Estaba guardada en mi mochila y encontrar el archivo me habría llevado menos de un minuto. Sin embargo, algo me detuvo.

—Porque ahora estás cansado, enfadado y acabas de tener una noche horrible.

—He tenido peores.

—Precisamente.

Axel frunció el ceño.




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