Yura
Mando a mi esposita a casa no sin antes dejarla sin aliento en mi oficina, me escudriña con la mirada desde la camioneta pero solo le guiño un ojo haciendo que se sonroje y aparta sus ojos de mí a la vez que el vehículo arranca. Saco el teléfono y le marco a Sergey que responde de inmediato.
-Está listo. -avisa a través de la linea- Angie acaba de entregármelo, voy para allá.
Corto la llamada y me dirijo nuevamente al edificio a supervisar a mis pacientes, me apasiona mi carrera y mientras soy el doctor Maximov me entrego a ella hasta que me convierto en el Pakhan. Me dirijo a la habitación del maldito de Vaugh pero me encuentro al abogado en el camino que me detiene rabioso.
-No confío en ti. -me suelta como si me interesara lo que él piensa.
-¿Y eso es algo que debería interesarme? -respondo serio porque me está haciendo perder el tiempo con sus idioteces.
-Si supieras quien soy te interesaría.
Si Benjamin Vaugh no se cegara por dinero se daría cuenta la clase de inepto que iba a incluir en su respetada familia.
-Porque sé quién eres es que no me interesa en absoluto lo que digas, solo quiero que sepas que si te acercas a mí esposa nuevamente te corto las manos. -digo como un juramento.
-¿Me estás amenazando? -pregunta incrédulo con una expresión burlona.
-Si supieras quien soy, no habrías preguntado semejante estupidez pero te lo voy a responder… -me acerco a él- Sí, te estoy amenazando y ahora apártate de mi camino porque me estás haciendo perder el tiempo con tus mariconadas de hombre herido.
Abre la boca para contestar pero lo esquivo dejándolo con la palabra en la boca. Entro a la habitación de Vaugh encontrando a Elizabeth limpiando su pecho, si supiera la cantidad de mujeres que se ha follado a su espalda le clavaría un puñal en el pecho haciéndonos un favor a todos y a ella misma.
-¿Todo bien? -le pregunto interrumpiendo su tarea y ella asiente.
-No me gusta verlo así, Dante siempre ha sido un hombre muy activo y verlo así me hace preocuparme. -confiesa a punto de llorar y reprimo las ganas de poner los ojos en blanco por las tonterías que dice.
El hijo de perra ya fuera despertado pero me he encargado de mantenerlo dormido hasta que termine lo que quiero hacer.
-Puedes estar tranquila, él va a mejorar -desgraciadamente- pero debes entender que el estrés al que ha estado sometido, ya sea situaciones familiares, laborales y otras en estos momentos le están pasando factura y su cuerpo se está reponiendo de todo eso.
Me encantaría decirle que esas otras situaciones son las drogas, alcohol y las mujeres a las que se folla a su espalda.
-Gracias señor Maximov, me tranquiliza saberlo. -dice soltando un poco de su preocupación en un suspiro- Quiero que vuelva a ser el mismo de antes.
-Lo será, puedes estar segura.
Intento que mi odio hacia el maldito no salga a la superficie, necesito que esta chica abra los ojos por si sola y cuando lo haga será una enemiga que Dante no espera tener porque ha sido la tonta que ha manipulado desde el primer momento comportándose como el novio perfecto que no es.
-¿Puedo pedirte algo? -pregunto y ella asiente- Podrías no decirle a Dante que estuvo internado aquí cuando se vayan.
-¿Por qué? Tu haz ayudado y es justo que él lo sepa.
-No me tiene en muy buen concepto desde que Morgan se escapó conmigo y no quiero que se sienta obligado a tratarme bien solo porque lo ayudé, quiero ganarme su respeto yo mismo. -aprieto los labios para no reírme porque es la mayor mentira que he dicho en mi vida- ¿Me harías ese favor? Y que tu amigo tampoco diga nada.
Se acerca y toma mis manos, sonriendo hacia mí.
-Está bien, es muy lindo eso que dices y tienes razón en querer ganarte a tu cuñado por ti y no por lo que tienes o haces. -aprieta mis manos y ya quiero que deje de tocarme- Guardaré el secreto y por Carl no te preocupes que no dirá nada.
«Si lo hace le corto la lengua también.»
-Debo irme, sólo quería saber cómo estabas, si necesitas algo llama al número de la tarjeta, te traerán lo que quieras.
-Muchas gracias señor Maximov, se lo agradezco.
-Dime Yura, seremos cercanos en algún momento.
-Gracias Yura.
Salgo de la habitación deseando que deje de ser tan tonta y abra los ojos pero tendré que ayudarle un poco a que se quite esa venda que Dante le puso muy bien.
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-¿A qué hora se larga esa mujer de allí? -habla Sergey con impaciencia- Está tieso, no se va a ir a ningún lado.
-Ten paciencia, en algún momento se cansa. Que fastidioso te pones. -responde mi primo y Novikov le enseña el dedo medio, lo que me hace poner los ojos en blanco por esa idiotez.
«Inmaduros.»
-Lo sé pero ya tenemos horas aquí. -vuelve a quejarse Sergey.
Sigo revisando algunos informes hasta que me hartan sus habladurías y los mando a callar.