Las cabezas de los presentes también tenían letreros azules cuyos nombres pasaban de Jeroglíficos a árabe indicando también otras cosas como rangos, edad y estados de salud. Marwan miró a su madre quien lo examinaba con la vista. Un letrero apareció:
[Ex Avispa] [Poder Natural: Voto del Nazareo y Monacato] [Tipo: Habilidades psíquicas] Inactiva. [Joya: Ninguna] [Arma: Ninguna].
Toda la información que él veía estaba actualizada y era cierta. Marwan miró la espada y salió una ventana más pequeña sobre ella:
[Arma: Espada Khopesh] [Mejora de un 100%] Nivel+100 [Poder: Absorción de energía].
Marwan la tomó y la espada curva comenzó a iluminarse en el filo mientras una energía blanca se iba desde su mano derecha por el mango hasta la punta. Marwan movió la espada y ésta brilló dejando un hilo de energía en el aire. Y, sin pensarlo dos veces, elevó la espada victorioso frente a todos los presentes quienes se cubrieron el rostro por la incandescencia de la luz.
Una lluvia de aplausos inundó el ambiente en la Corte después que la espada dejase de emitir luz. Lo había logrado, consiguió lo que tanto ansiaba, un don digno del rey de Egipto y Sudán, ¿pero qué eran esos cuadros que veía sobre las personas y objetos? Desde que se puso el brazalete habían comenzado a aparecer y en escritura jeroglífica. Negó con la cabeza quitando de su mente esa preocupación, era hora de celebrar.
Marwan sintió el aroma de la victoria y la gloria, era dulce como el perfume de una mujer e inconfundiblemente espeso como ningún otro aroma, frío en su nariz al inhalar a pesar del calor que hacía en el ardiente verano. Su madre le dirigió una mirada que decía "te lo dije", pero eso no le importó, ahora era digno de la corona y solo le faltaba una cosa...
Un auto se detuvo y de él bajaron dos encapuchados, una de color blanco y otra negro con símbolos de águila y el Ankht (cruz egipcia) bordada en dorado.
La tela blanca de la capucha tenía muchos collares de diseño tribal alrededor de la cabeza. Uno de ellos, el de negro, se la quitó revelando que era Mariam-Yandit I, líder de la Guardia Real. Una mujer casi calva, de rostro estirado, pómulos marcados y muy oscura.
El corazón en el pecho de Marwan comenzó a latir con fuerza, era el momento de ver a su prometida después de esos cinco años que habían pasado separados. Una sonrisa se dibujo en su rostro y ese aroma a victoria volvió a su nariz.
No iba a faltar a su promesa, como tanto temía, sino que estaba listo para mostrarle el poder que había conseguido.
Aunque no lo entendiera en realidad.
Pero no solo estaba ansioso por ello y ruborizado por una simple demostración, sino por saber que tanto había cambiado en estos cinco años, que tan alta se había vuelto, sí lo sería más que él, sí le había crecido el cabello, el cuerpo y...
Sus pensamientos se detuvieron cuando Mariam-Yandit II, su prometida, se quitaba los collares de su cabeza y después la capucha estando ya en la escalera, justo antes de la explanada de su trono.
Sintió ganas de abalanzarse y quitar ese manto de una vez por todas para verla por fin, pero con escasa fuerza se contuvo. Muchos en los alrededores comenzaron a cuchichear, su madre comenzó a saludar a Mariam-Yandit I con un abrazo, mientras lentamente su prometida se revelaba frente a él.
Marwan elevó su mano, tragó con fuerza y con los ojos brillantes de curiosidad tomó la tela, pero esta se quitó sola dejando ver a la joven que estaba detrás. Con una armadura ceñida al cuerpo, teniendo protectores pectorales, en hombros, cuello, abdomen, falda, muslo, rodilla y piernas de color oscuro como el ébano.
La parte ceñida era de color cobriza con forma anillada. Y sobresalía de su espalda un aparato con forma de arco sin hilo para tensar. El cabello de Mariam-Yandit II había crecido mucho y estaba amarrado en muchas guedejas similares a los rastas.
Marwan suspiró, con las mejillas aún más calientes que antes. Al ver su rostro, más afilado, serio, sus ojos oscuros como la noche y su piel brillante como piedra ónice bajo la luz de la Corte.
Delicada de mejillas como hacía cinco años, pero mucho más grande y corpulenta, más madura. Su belleza era impresionante.
No estaba usando un vestido, sino el traje de la Guardia Real, pero aún así se veía maravillosa. Una sonrisa apareció en sus mejillas, sin poder ocultar su felicidad. Mariam-Yandit II le entregó su mano y Marwan la tomó sin pensarlo. Él miró a su madre y a su futura suegra las cuales asistieron. La sonrisa en el rostro de ambas mujeres era suficiente confirmación de lo que debía hacer.
—¿Tan hermosa estoy, majestad?— susurró su prometida y subió, tomada de su mano, a la explanada en el lado derecho del trono del joven rey.
—¡Viva el Rey y Califa Marwan, Señor de las dos tierras y su futura esposa, la siguiente líder de la Guardia Real!— gritó Cesarión y todos los demás en la Corte gritaron—¡Viva!
—al unísono.
Incluso las madres de ambos se sumaron al grito.
Marwan volvió a ver a Mariam-Yandit II encontrándose con una advertencia en un rectángulo rojo la cual decía abajo: [sin información]. Marwan frunció el ceño, ¿qué era esa señal sobre la cabeza de su prometida? Algo raro estaba pasando y no debía ignorarlo.