Neferu Basemat corrió por los pasillos siguiendo con la vista la presencia invisible que se movía en el techo. No había respondido la pregunta de Mariam-Yandit II, pero no, no podía verlo.
Solo tenía una ligera sensación, como un presentimiento, acompañado de una parte que se deformaba en el espacio, en dirección al lugar y así poder dar con el aura que emitía.
La luz roja y la alarma no la ayudaban a concentrarse para poder localizar su dirección por lo que había dejado varias marcas quemadas en el techo por su imprecisión.
Sintió que algo se acercaba, por lo que dando un salto rápido esquivó y con la palma incendiada hizo explotar otro ataque. La onda de choque la hizo retroceder. El sudor se escurrió por su mejilla. El humo se desvaneció rápido.
Sacudió su mano derecha al sentir un dolor punzante, pero renovó la pose de combate. No había tiempo para heridas. Juntó sus palmas y se elevó impulsada por el fuego hasta la zona cercana al techo. Pero salió despedida por un golpe invisible hacia la pared.
Neferu Basemat escupió sangre manchando el hábito blanco que está utilizando. Se arrodilló mirando en la dirección que le habían atacado, pero no sintió ningún peligro. Miró atrás y adelante, pero nada sucedió.
Era como si se hubiera esfumado. Se levantó con dificultad sintiendo una punzada de dolor en medio de la espalda. Sus piernas temblaron causando que cayera. Un escalofrío le recorrió los hombros como si las uñas de una mano pesada le acariciaran. Sus vellos se erizaron y un frío entró en su agitada respiración.
La luz roja del pasillo era casi imperceptible y el sonido de la alarma era lejano. Alrededor suyo era oscuro, como si estuviera hundida en un pozo y viese hacia arriba el paisaje. Cada vez estaba más y más en el fondo. Basemat cerró sus puños y levantándose gritó:
—¡Sé bien que estás aquí, espectro! No me asustas con tu oscuridad, porque en mis manos tengo una llama que me servirá de linterna— el fuego carmesí de sus manos se abrieron paso entre la oscuridad.
Basemat sintió dos presencias que aparecieron en la oscuridad, una estaba unida en extensión a la otra por muchos hilos de aura. Sus puños se incendiaron y nuevamente se elevó sobre el suelo directo contra la fuerte presencia.
—Estúpida— escuchó como un susurro.
La presencia más débil se fue acercando por detrás mientras ella volaba hasta el techo y justo con una tercera presencia aparecía, Basemat desvió con su pie en la pared del pasillo la dirección de su vuelo.
Con ambas manos encendidas golpeó haciendo estallar las esferas de fuego en el impacto. La oscuridad que llenaba el ambiente desapareció al igual que el frío, siendo reemplazado por un ambiente cálido. El humo se esparció por todo el techo, el aroma a nitroglicerina inundó su nariz uniéndose a la respiración de una ya cansada Basemat.
Las dos presencias más débiles habían desaparecido ya, solo quedando la más fuerte que poco a poco menguaba hasta ser igual a las anteriores.
La presencia ahora estaba a ras del suelo tan débil como un hilillo para un bola de estambre que antes era. El juego del gato y el ratón había terminado. Basemat intentó pararse, pero un 'crack' en su espalda la detuvo dejándola de rodillas y en sus cuatro extremidades.
De pronto el hilillo volvió a hacerse más grueso sólo para desprenderse de la primera presencia en una gran cantidad de aura acumulada.
Basemat cerró los ojos esperando el golpe. Me encomiendo a ti, mi señor Za... Una explosión parecida a un rayo se estrelló con el aura acumulada. Neferu salió despedida hacia atrás siendo detenida por un cuerpo.
—'Dos son mejor que uno, porque si uno cayera el otro lo levantará..— dijo Mariam-Yandit II sosteniendo con su mano derecha a Basemat.
—Y si uno tuviera frío ambos se calentarán. Gracias— dijo Basemat con una sonrisa en el rostro. Mariam-Yandit II asintió y volvió a tensar su arco creando una flecha.
—Dime donde y yo golpeo.
—No lo veo, pero sé dónde está— admitió Basemat sentada en el suelo respirando con dificultad. —Está débil, creo que con dos o tres flechas lo dejarás inconsciente
—Oh, creo que una será suficiente— la flecha de energía se fue haciendo cada vez más y más grande hasta parecer una lanza de largo y un bastón en grosor.
—¡No lo hagas! ¡Si lo matas no habrá forma de interrogarle!— Basemat sostuvo de la pierna a Mariam-Yandit II.
—Nunca fue mi intención que hubiera un interrogatorio— la joven Tai-Seiti apretó los dientes, preparándose para soltar. —Dime dónde está— Basemat negó con la cabeza. —Oye, no tengo tiempo para esto, solo dime la dirección.
—No voy a ser partícipe de esto— Basemat apretó con más fuerza el pie de Mariam-Yandit II quien trataba de quitársela de encima.
—Oye, monja...
—¡No soy una monja, soy novicia!— gritó Basemat.
— ¡Ah! Se va a ir— Basemat negó con la cabeza. —Ese ser o lo que sea atacó al rey, lo dejó inconsciente. Ni siquiera sabemos lo que le hizo, por eso debes pagar.
—No, por eso debes vivir. El sabe lo que está pasando, su información es importante. ¡Hay que dejarlo vivir!
Una fuerte presencia inundó el lugar haciendo estremecer a Mariam-Yandit II y a Basemat. La joven sobrina del clérigo cayó por la presión que sentía, mientras que la comprometida de Marwan se mantuvo en pie, pero apretando los dientes por el esfuerzo de mantener esa posición.
De pronto, frente a ellas apareció un hombre con una máscara negra de Chacal destruida por la mitad. Su cabeza era calva, rasurada y en su mejilla derecha tenía... ¿Un tatuaje de escorpión? notó Mariam-Yandit.
Su torso estaba desnudo, pálido y huesudo, repleto de tatuajes en jeroglíficos por todo el cuerpo y de rodillas en el suelo riéndose a carcajadas. Aquella escritura antigua desapareció de su cuerpo como si la borraran.
Mariam-Yandit II volvió a tensar el arco, Basemat intentó acercarse al pie de la joven Tai-Seiti con los ojos cerrados, pero la presión no le permitía moverse.