Rey de las dos tierras: Arco del Califa poseído

Síntomas

Marwan sintió que pasaron solo unos segundos desde que su prometida había salido hasta que llegó el doctor con una prisa que hizo estrellar la puerta al abrirla. Ese fue el tiempo que le había tomado idear un plan. Dos enfermeros, un hombre de cara recia y barbón y una mujer mayor regordeta, entraron con una camilla que golpeaba sus ruedas contra el suelo.

El sonido que hicieron los enfermeros al acomodar la camilla junto a su cama fue como si golpearan sus tímpanos con clavos. Marwan se tapó las orejas, pero el doctor le quitó las manos de los oídos y le abrió los párpados con sus dedos fríos. Mariam-Yandit II llegó después con su madre y la reina quienes lucían más preocupadas que antes.

—Linterna— gritó el doctor y la enfermera encendió una luz frente a Marwan quien ni se inmutó ante el acto, solo un leve movimiento en sus párpados al intentar cerrarlos. La enfermera miraba al doctor quien le examinaba con el rostro cerca. Una exhalación de nariz y el aroma a menta llegó a Marwan. —Paciente, dígame si ve la luz—.

Marwan no solo la veía, le ardía en sus retinas como tachuelas al enterrarse el que la tuvieran fija en su cara, pero tenía que fingir lo máximo posible o descubrirían el verdadero problema no era médicamente recetable ni se podía averiguar por un diagnóstico. Pero, a costa de ello, estaba preocupando demasiado a todos.

El médico negó con la cabeza, otra exhalación por la nariz. Su suegra abrazaba y arrullaba a Neftis diciéndole que "todo saldría bien" mientras lágrimas bajaban por sus ojos. Lo siento mamá, pensó Marwan, pero esto es necesario.

—Alto— se apagó la linterna. El doctor masticó con fuerza el chicle en su boca. En el pecho de su bata Marwan vió un gafete con el nombre 'Al-Dawud'. —Sus pupilas están dilatadas. ¡Amir, la intravenosa!— Marwan vió cómo el enfermero sacaba debajo de la sábana doblada en la camilla una máquina similar a una consola con un Joystick integrado y una pantalla unido a ella por un cable.

El enfermero tomó la máquina y un brazo mecánico se acercó al brazo en donde estaba la intravenosa. Se la desconectaron y en lugar de ella entró un cable tan delgado que a ojos del joven rey podría pasar por el ojo de una aguja. El frío se extendió por su brazo y más allá, era como una serpiente al moverse, El hombre movía el Joystick lentamente y mirando la pantalla. La mano del doctor tocó el rostro de Marwan y lo sacudió apretando sus mejillas.

—Joven Marwan, quiero examinar el movimiento de su rostro para saber si está entumecido— Marwan asintió. Le hablaba cuidando la velocidad con que lo hacía. —Sonría, luego debe abrir la boca y por último inflar sus cachetes con aire— El joven rey hizo todo en el mismo orden. El doctor se detuvo un momento y, pensativo volvió en dirección a las mujeres.

—Díganos, ¿qué ocurre?— Intervino Neftis antes de que pudiera hablar dejándolo con la boca abierta. La enfermera sujetaba los pies de Marwan presionando los muslos y las pantorrillas, para luego continuar con los pies. Una risa estuvo a punto de salirle al rey, pero se la aguantó.

—¿Sientes todo esto?— preguntó la enfermera. El asintió y ella se detuvo. El enfermero también había dejado de mover el Joystick y llamó a su compañera para que también viera la pantalla.

—Excelentísima reina y heroína nacional, Mariam-Yandit I, no veo ninguno de los otros síntomas de los que nos habló la joven— su prometida bajó la cabeza y sus ojos vieron a Marwan. Él asintió aprovechando la distracción de todos. —Solo la dilatación de las pupilas es anormal— el doctor miró un momento la pantalla haciendo apartar a los enfermeros. —Y por lo que veo aquí no existe ningún coágulo que pueda causar daño cerebral.

Neftis suspiró de alivio al igual que la suegra de Marwan. Mariam-Yandit II miraba con aprehensión la situación. Sus manos estaban inquietas saliendo y entrando en los bolsillos de su abrigo.

—¿Entonces no es nada grave, o si doctor?— preguntó Neftis con voz quebrada.

—Aún no puedo decir que no lo sea— Neftis suspiró, su nariz ya estaba roja, y volvió a llorar. —Puede que los otros síntomas de los que nos contó la joven Mariam-Yandit sean por debilidad ya sea por el daño que sufrió o por pies entumecidos por mantener una misma posición, pero en su cuerpo y en el lugar de impacto no hemos encontrado nada que nos indique daño grave. A pesar de esto, que sus pupilas estén dilatadas puede ser señal de daño cerebral, por eso es necesario que le realicemos terapia por resonancia.

—¿No le parece exagerado, doctor?— intervino Mariam-Yandit I aún abrazada a su amiga. —Si no hay nada concluyente y conociendo la forma en que alcanzó el desmayó, creo que la medicina alcanzó su límite—

El doctor suspiró y dejó de masticar el chicle. Los enfermeros lo miraron con preocupación.

—Puede ser, pero no hay que apresurarnos, es peligroso sacarlo sin tomar estos exámenes como preventivos— el doctor tomó un bolígrafo de su bata y comenzó a escribir en una pizarra de papeles que sacó de sus bolsillos inferiores. —Sin embargo me preocupa los dolores de cabeza repentinos, la saliva y sus pupilas dilatadas. No son un fenómeno aleatorio, es suficiente para diagnosticar algo grave—

Mariam-Yandit I se quedó pensativa buscando con la mirada en el suelo, pero cuando iba a intervenir Neftis habló.

—Procedan de inmediato con la resonancia, tomaremos todo el camino antes de apresurarnos— dijo decidida. Mariam-Yandit I se quedó pasmada, como sorprendida por la respuesta, pero bajó la cabeza e hizo la señal de la cruz Ankh con un rosario de cuentas en la mano derecha.




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