—Esa es la visión que recibí, un reino, el nuestro, en donde las personas que no tienen sombra se desvanecen bajo el sol. Eso fue lo que ví— habló Neferu cubriendo sus ojos.
—¿Eso es lo que significan tus palabras? ¿Pero cómo es eso posible?— dijo Mariam-Yandit II mientras levantaba el brazo de Marwan y miraba el suelo esperando ver algo, pero no aparecía nada. —En verdad no está tu sombra, ¡no aparece!— se alarmó Mariam moviendo brazo y brazo y comparando el movimiento con la suya.
Marwan se movió por fin y a pesar de ello no le seguía nada. Aquello que siempre había dado por hecho y ni siquiera era el centro de su atención, ni la de nadie, ahora era algo que le faltaba. El joven rey miró su mano, el círculo aún a su vista. Tragó con fuerza y negando con la cabeza volvió a sentarse.
—Calma, chicas, tranquilas. Es solo una sombra, solo mi sombra. Vamos a relajarnos— dijo Marwan a pesar de que el corazón quería salirse de su pecho. Si la visión de Neferu era literal, tendría que evitar la luz del sol a toda costa. Comenzó a darle una comenzó repentina en la espalda.
—Marwan, no es algo para tomar a la ligera— intervino Neferu. Mariam-Yandit II notó que Marwan se rascaba con demasiada fuerza. Detuvo su mano quien seguía moviendo los dedos. —Según mis antiguos ancestros la sombra era importante, una parte del alma física, que viajaba al más allá y tenía conexión con el dios Anubis.
—Si, pero son mitos, ficciones de demonios. ¿Cómo puede ser real aquí?— Preguntó Mariam-Yandit II.
Marwan comenzó a retorcerse, la comezón había pasado de un simple picor en la piel a un ardor que se esparcía dentro de su espalda. El rostro del joven rey se arrugó de dolor, sus dientes se apretaron y un quejido de dolor le acompañó. El dolor comenzaba a palpitar como si de un corazón se tratase. Su prometida rompió de un tirón la ropa del hospital, pero no veía nada.
—Marwan, ¿qué te ocurre?— El joven rey cayó de la camilla al suelo, sus manos temblaban y sus puños se cerraban sujetando la nada. Mariam-Yandit II lo sujetó tratando de darle la vuelta.
—¡No le des la vuelta!— intervino Neferu quien, juntando sus manos, respiró hondo y dijo: —Revela lo oculto, muestra el mal escondido— su mano derecha comenzó a irradiar el fuego carmesí. Se acercó a Marwan y sobre su espalda pasó la mano, Sobre él apareció un círculo de jeroglífico tatuado en el lugar que se rascaba marwan y en medio del círculo una imagen de Anubis tomando en manos un ave con cabeza humana.
—¿Qué es eso?— Los párpados de Mariam-Yandit II se abrieron y, al intentar tocar las marcas en jeroglífico se sobrepusieron a sus manos desapareciendo. Y al quitarlas volvían a su lugar.
—Es el símbolo de la sombra de Marwan en jeroglífico, no sé qué dice, pero sí sé que el ataque que recibió fue para quitarle la sombra— Neferu acercó más su mano a la espalda de Marwan, pero su fuego se volvió morado y violento lo que hizo apartar a Mariam.
Neferu quitó su mano, el fuego desapareció y acercando su cabeza al oído de Marwan le susurró unas palabras. El joven rey dejó de estremecerse y quedó inconsciente en el suelo. La marca en su espalda desapareció.
—¿Qué le hiciste?— dijo Mariam-Yandit II atrayendo a Marwan a sus piernas. Recostó la cabeza del rey en sus muslos.
—Suprimir el dolor con una bendición, funciona para contrarrestar maldiciones, pero hasta que no recuperemos su sombra las cosas no mejorarán.
—¿Por qué? ¿No puede tu bendición anular la maldición?— dijo Mariam-Yandit con la voz quebrada. Sus manos acariciaban el cabello de Marwan. Ella se acercó a su cabeza y juntó su frente con la del rey. —Te bendigo, por Zanich el profeta, enviado de Dios—
—No funcionará, tal vez tu madre haga más que nosotras aquí solas. La reina Neftis, tu madre, ellas necesitan saberlo— dijo Neferu. Mariam-Yandit asintió, las lágrimas comenzaron a bajar por su mejilla. Su respiración se agitó al recordar las palabras de su juramento: —protegeré al rey con mi vida—.
—Ve a buscarlas, yo me quedaré con él— Neferu Basemat asintió, pero cuando iba abrir la puerta el doctor entró por ella. El hombre se detuvo y, mirando con extrañeza a Neferu, volvió su atención a Mariam-Yandit encontrando al joven rey inconsciente. El médico corrió en dirección a ellos.
—¿Qué ha pasado? ¿Quién eres tú, jovencita?— preguntó el doctor a Neferu. Seguido del doctor entró una enfermera regordeta. —Necesito que llame a un camillero. Señorita Mariam-Yandit, ¿qué le pasó al joven rey?— Cuando la enfermera iba a salir por la puerta, Neferu la cerró y se interpuso.
—No deben llamar a ningún camillero, sino a la reina Neftis y a Mariam-Yandit I, profetisa y vidente— la enfermera se volvió al doctor, quien la miró consternado.
—Señorita, no tenemos tiempo para avisar a su madre, debemos intervenir de inmediato, ¡podría ser producto de un colapso cerebral!— dijo el doctor con urgencia. Cuando trató de levantar a Marwan, Mariam-Yandit II lo sujetó con fuerza.
—No lo mueva, solo llamen a mi madre y a la reina, solo a ellas las necesita— el doctor se levantó y con la cabeza le indicó algo a la enfermera. Cuando la mujer regordeta se dio la vuelta se encontró con la mano de Neferu incendiada con fuego carmesí.
—Hagan lo que dice Mariam, porque el rey no sufre de ningún síntoma médico, sino que está maldito— la enfermera se fue alejando de Basemat a paso lento y quedó parada junto al doctor. Neferu giró el seguro de la perilla. —La única forma en que ustedes salgan de esta habitación es siguiendo lo que les decimos y uno se quedará aquí con nosotros—
—Jovencita, yo conozco como cualquier otro las hazañas de la heroína nacional Mariam-Yandit I y de la reina Neftis en la época de la dictadura de Nimeiry, pero no podemos dejar cerrada la posibilidad de que verdaderamente sea un caso de daño cerebral— dijo el médico. Miró de reojo a la enfermera quien, asustada, solo asentía confirmando las palabras del doctor.