Rey de las dos tierras: Arco del Califa poseído

Pandora

Neferu caminó por el pasillo del palacio haciendo un eco con cada paso que daba. Ahora que había recibido el alta, más por el incidente en la habitación del rey, que por orden médica, podía moverse para estar apercibida de otros acercamientos del enemigo.

La voz del espectro con apariencia de Anubis resonaba en su cabeza, al igual que la voz que vino con la oscuridad. Que ellos pudieran estar cerca la inquietaba. Neferu miró a su alrededor buscando algún atisbo de aura extraña, pero no encontró nada. Respiró hondo. No entres en paranoia, se dijo, para tranquilizarse.

La segunda presencia era mucho más fuerte, pesada y peligrosa. ¿Qué significaban esas palabras que había dicho el primero? ‘Falsa profetisa y reina impostora’ susurró. Algo más que un ataque fortuito se estaba fraguando en oculto y ambas voces trabajaban juntas.

El odio en sus palabras significaba algo más que una maldición común. Llegó a la puerta de la habitación de Marwan. Afuera, a izquierda y derecha de ella estaban dos guerreros Tai-Seiti, con el mismo traje ceñido a la piel y con el arco pegado a la espalda.

Uno era más claro que el otro, al igual que en lo robusto de sus cuerpos. Uno de ellos, el más oscuro y robusto de mandíbula fuerte, se movió y abrió la puerta. Basemat hizo una reverencia con su cabeza y procedió a pasar dentro de la habitación.

El lugar por dentro, a pesar de ser la habitación de un rey, ahora estaba repleta de máquinas médicas y personas que estaban volvieron al verla pasar. A la izquierda estaba el rey en su cama, recostado boca abajo y con la espalda descubierta.

Frente a él estaba Mariam-Yandit I con las manos brillando cerca del cuerpo de Marwan. Sonrió al verla. Quienes estaban ahí eran Cesarión, elegante como siempre, comiendo unas uvas en un tazón.

Dos mujeres, cubiertas con tela negra como un velo que las cubría, y en los hombros una roja, junto a un sillón blanco en el cual estaba la reina Neftis y frente a ella un holograma de Pandora sentado en otro sillón de un solo asiento. Su imagen era fluctuante y de color enterarme azul claro, parecido al celeste. Tenía un brazo metálico, unos lentes circulares negros, rastas por cabello y vestía un traje de mangas largas.

Basemat se acercó a la profetisa y, extendiendo la prenda de sus manos, las levantó con el fuego carmesí fluctuante. El color cambió a un tono azul al acercarse a la espalda de Marwan. El círculo jeroglífico con anubis en el centro era visible. Y ambas comenzaron a recitar en voz baja:

—Dios te bendiga y te guarde. Dios haga resplandecer su rostro sobre ti y tenga de ti misericordia. Dios alce sobre ti su rostro y ponga en ti paz. Amén— dijeron al unísono.

Pandora continuó.

—Me parece que tu ingratitud es demasiado violenta, reina Neftis— dijo Pandora cuando la mano de la Neftis golpeó el brazo del sillón. Neferu se sobresaltó al escuchar el ruido.

—Concéntrate— le susurró Mariam-Yandit I al oído. —La diplomacia es su tema, el nuestro es que el joven rey sea reanimado— Neferu asintió. La heroína más grande de su nación había confiado en ella para el ritual de bendiciones, no debía defraudarla. Notó que alrededor de los ojos de la profetisa habían ojeras y que parecían sus párpados cerrarse con frecuencia como si estuviera agotada.

—Pero, no me ofenderé solo porque la reacción es producto de la frustración de una madre viendo a su hijo en un estado de coma repentino— un holograma con forma del brazalete de Marwan y la espada apareció en medio de ambas reflejado por una máquina que también hacía lo mismo con el holograma de Pandora.

—¡No me hables con ese tono condescendiente, Pandora!— Las palabras de Neftis eran, al oído de Neferu, como amenazas con un cuchillo puesto en el cuello. —Sabes muy bien que cuando te confíe la joya y la espada, fue como una muestra de confianza en el apoyo que le darías a Mariam-Yandit en la región de Fashoda— Pandora asintió, su postura se enseñoreaba del sillón. Neferu miró de reojo a la profetisa encontrándose con que sus labios se apretaban.

—Este suceso, CEO Pandora, comprenderá que para nosotros es más que un inconveniente. Es una falta grave de su parte contra nuestro rey— intervino Cesarión después de devorar la última uva. Pandora sonrió al verlo levantarse. —Concuerdo con el malestar de la reina Neftis. Esto amerita respuestas y no solo ellas, sino compensaciones— afirmó moviendo el brazo derecho, mientras jugaba con los dedos del izquierdo en su espalda.

—¡No me interesan las compensaciones, solo quiero que te hagas responsable!— dijo tajante la reina. Pandora intercambió una mirada sonriente con Cesarión. —¿Qué fue lo que le hiciste a través de mis reliquias?—

—Lo siento, es secreto empresarial y de ingeniería— respondió cambiando la postura de sus pies. —Como su nación es fronteriza con mi empresa, sería peligroso, y lo es para mí, que financien un proyecto similar al mío con los Ansat'ez de la Federación de Etiopía y Eritrea. Pero les aseguro que Marwan no corre ningún peligro— Pandora se detuvo, pensativa y luego acotó. —No por mí, por supuesto. Pero puedo brindarles apo…—

La transmisión se cortó al Neftis destruir de un pisotón la máquina de holograma. Varios pedazos saltaron al aire. Cesarión se rascó la nariz e hizo un gesto de molestia negando con la cabeza.

—Creo que tendremos problemas comerciales con la LTE— soltó Cesarión como un suspiro.

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Marwan siguió caminando, los ojos en el tronco de la palmera lo observaban con detenimiento y los otros ojos en las palmeras siguientes vagaban como si el seguimiento con la mirada comenzara donde terminaba el ojo anterior.

No había brisa ni viento que Marwan sintiera en su piel, pero aún así la marea era lanzada con fuerza contra la arena negra y las copas de los árboles se estremecían unas veces sí y otras no.

—¿Por qué los ojos nos ven?— preguntó el joven rey sintiendo un escalofrío repentino que le hizo estremecerse.




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