Rey de las dos tierras: Arco del Califa poseído

¿Samarajin qué?

El espectro hecho como de llama de fuego, sin humo, se quedó ahí flotando en el aire sin decir palabra alguna. Ahora que Marwan recordaba todo no iba a permitir que ese ser lo dirigiera a su antojo, tenía que confrontarlo allí en definitiva. Le había estado estorbando con preguntas sin responder claro.

—¿No dirás nada? No pienso moverme de aquí contigo hasta que me digas por qué estás conmigo aquí, qué es este lugar y quién eres— dijo Marwan sentándose en la arena negra a esperar. El hombre-ave se le acercó.

—Mi rey, pero hace un momento usted hablaba con toda amabilidad con él. ¿Cómo es que no le conoce?— dijo perturbado. Marwan apartó la cara del hombre-ave. Tenía la leve sensación de haberlo visto con curiosidad positiva hacía algunos momentos, pero ahora le perturbaba lo anormal de su aspecto. Si de verdad era quien decía ser, ¿cómo es que había terminado así con esa forma? Tal vez todas las respuestas las tenía el espectro.

El espectro se mantuvo fijo, con el calor que manaba debajo de él cristalizó la arena negra de tanto mantenerse flotando sobre un solo lugar. No respondía, tampoco reaccionaba. Era como si en realidad no estuviera ahí. Un calor creciente subió del pecho de Marwan a su cabeza. Su mano se cerró tomando arena en ellas.

—¡Dí algo!— gritó mientras lanzaba arena que se dispersaba en el aire al espectro. Cuando lo atravesó cayó haciendo un ruido pesado. El joven rey comenzó a lanzarle más y más arena. —¡Te ordeno que me hables!

—No recibo órdenes, joven rey, ni mandatos de niños. Solo de aquel que es poderoso— respondió arrastras sus palabras. El sonido de la arena era incluso menos seco que el de su voz. —¿Eres tu poderoso rey?

Marwan se levantó del suelo al escuchar esas palabras. El hombre-ave se apartó de un brinco asustado. Con la cabeza caliente y apuntó de estallar de ira, el joven rey se abalanzó contra el espectro quien lo esquivó sin mucho esfuerzo. Golpes, patada tras patada, ninguno acertaba. Su respiración comenzó a volverse entrecortada, sus movimientos eran más lentos y sus pies ya ni siquiera se elevaban para dar patadas.

—Te ves agotado, joven rey. ¿Seguirás hasta cansarte?— Marwan sintió cierto deje de burla en su tono.

—Te derrotaré antes de eso— arrodillado en la arena negra el joven rey lanzó un puñetazo que traspasó el cuerpo del espectro. El humo comienza a subir al igual que el fuego que se extendió por toda su mano.

El rey se lanzó a la arena enterrando su mano en ella para apagar las llamas, pero no dejaba de quemarse. El dolor en su mano lo hizo estremecerse. Era como si miles de veces pellizcaran su piel al mismo tiempo. Miró el mar y corrió hacia él al notar que el fuego seguía extendiendo su alcance por el brazo hasta casi llegar a su hombro.

—¡Rey, rey!— dijo el hombre-ave sin saber cómo reaccionar. Miró al espectro quien se volvió en su dirección. El hombre-ave retrocedió gimiendo de miedo. Sus patitas tambaleando en la arena.

Marwan se lanzó al agua, pero cayó en la arena cuando ésta se retrajo. El fuego ya había alcanzado su cuerpo y estaba a punto de quemar su cabeza. Se arrastró por la arena negra, que por alguna razón no estaba mojada, a la orilla y una ola por fin dio contra él.

A pesar de estar sumergido, el fuego no se apagó en el agua. La sensación de pellizcos lo devoró por completo. Marwan cerró los ojos y dejó de luchar.

—Perdóname, hombre-ave— dijo Marwan con la voz quebrada. —Yo soy muy débil para ayudarte. No puedo salvar a nadie—

Marwan recordó lo que había visto en el hospital. Como en aquel día en la piscina le había dicho a Mariam-Yandit II que no necesitaría protección. Como, cuando ella estaba por irse, le prometió que viéndola a los ojos que cuando volviera le demostraría el poder que había obtenido.

—Pero tú puedes hacerlo, eres hijo de Zanich el Unificador— sus labios temblaban al pronunciar. Sus ojos pasaban del rey al espectro con incredulidad. —Eres la esperanza de nuestro Reino, mi esperanza de salir de aquí— el espectro fue acercándose al hombre-ave lentamente.

'Eres el rey de las dos tierras, hijo mío. Si vencieres te harás el amo de aquel que venciste' recordó Marwan como un silbo apacible en su oído. Ya ni siquiera sentía dolor en su piel. Las palabras del espectro resonaron en su mente.

—Yo soy, poderoso— dijo Marwan abriendo los ojos. Se levantó de la arena, el agua amarilla le golpeó la espalda. En su mente pasaba el momento en que hería al intruso. El entrenamiento de combate con su amigo Alí y Abdul su padre. —¡El poder es mío!— el joven rey, con sus ojos quemándose, corrió hasta el espectro. El fuego que lo quemaba se desvaneció y su cuerpo comenzó a irradiar una energía blanca.

El hombre-ave dio un grito agudo al verle y la esperanza en forma de sonrisa, y lágrimas, fue dibujada en su rostro. Marwan sintió que su fuerza era renovada al igual que la energía. Sus pies eran ligeros, ya no pesados.

—¡Yo soy Marwan, el rey!— gritó manteniendo el alarido. Cerró los puños y cuando estuvo cerca del espectro soltó el golpe. Una explosión de luz blanca hizo que todo a su alrededor se iluminara.

[Despertar del Samarajin: Faraón de las dos tierras] Nivel 10+ [Forma de Heredero: Hijo de Horus] [Ascensión del Rey]

El hombre-ave, al igual que las palmeras con ojos, cerraron sus párpados por la luz. Y después un viento recio hizo mover los árboles, la arena hasta el mar. El hombre-ave salió despedido por la onda de choque hasta estrellarse contra un árbol.

La oscuridad fue llenando el cielo nuevamente y la luz se concentró en el lugar en donde estaba el espectro y Marwan.

Cuando el joven rey abrió los ojos se encontró con que el espectro ahora tenía grillos en sus manos con cadenas de luz blanca que salían de sus palmas.

La energía era como hilos pequeños y brillantes que se agrupaban creando la forma de los eslabones irradiando.

Apareció un gran sello con patrones de jeroglíficos flotando en medio de ambos. El espectro comenzó a dejar de flotar hasta tocar la arena. Le aparecieron piernas y manos más humanas y su capucha que cubría su rostro desapareció al igual que los harapos de fuego que vestía.




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