Rey de las dos tierras: Arco del Califa poseído

Leyendas

Neferu volvió su atención a la puerta de la habitación del joven rey. Después de dos golpes se abrió en par, lento y pesado, y entraron unos tres encapuchados estando una mujer, sin capucha, en frente.

Todos llevaban un sudario negro y amarillo que se arrastraba por lo largo que era, y cada uno tenía un manto de color distinto sobre sus hombros. Habían llegado los que Mariam-Yandit I había llamado.

La que iba al frente era de semblante aguileño, piel canela, mejillas finas y ojos pequeños. Usaba un manto negro con cruces Ankh bordadas.

—No puede ser— susurró Neferu.

Desde la boca hasta su ojo izquierdo se marcaba una cicatriz de corte y quemadura alrededor. El ojo ciego de la mujer miró a Basemat mientras el otro miraba al frente.

El corazón de Neferu se movía con violencia mientras sus párpados no dejaban de cerrarse al pensar que lo que estaba viendo era una ensoñación. Lo mismo que su boca abierta. ¡Ahinoam del Sinaí! Notó la joven novicia aguantando la respiración.

—Cierra la boca, jovencita— dijo la mujer con voz ronca. Al pasar junto a ella le subió la mandíbula con la mano. La boca de Neferu comenzó a temblar como si tuviera escalofríos y esa era la sensación más cercana para describir lo que estaba sintiendo. Una heroína legendaria había tocado su rostro.

Pasó por la mente de la joven novicia comenzar desde ese día un voto de renuncia al baño para siempre, pero al imaginar el olor que tendría negó para sí. Inhaló una gran bocanada de aire, no se llevaba las manos a la cabeza de no ser por estar atendiendo al joven rey.

¡Una de las profetisas más famosas del norte, compañera de la Apóstol General contra la dictadura, estaba ahí con ella en un mismo lugar! Si ella moría en ese momento, estaría satisfecha.

Detrás de ella las otras siluetas, con sus rostros cubiertos por una cabecera de manto puntiagudo, pasaron saludando a Basemat con un gesto de mano. Solo eran visibles sus labios debajo de ellos. Uno de los encapuchados hizo la señal de la cruz y se escuchó un sonido como de cadenas golpeándose seguido del movimiento.

Ahinoam enterraba con mano temblorosa el bastón con cada paso que daba. Una sonrisa apareció en su duro semblante. Basemat miró en dirección a Mariam-Yandit I quien se acercó a Ahinoam con un abrazo y beso en la mejillas, e hizo lo mismo con los demás.

—Amiga, Ahinoam— dijo Mariam-Yandit I con tono meloso. —¿Cuánto tiempo?—

—No mucho, me parece— respondió sonriendo.

Delante de Neftis, el grupo recién llegado hizo una reverencia. La reina se levantó al igual que Cesarión y las dos Avispas se acomodaron, como avisadas, en su postura militar. Le devolvieron el saludo.

—Mi señora, gracias por la bienvenida— dijo Ahinoam saludando a la reina de la misma manera. Se detuvo a verle el rostro y le acarició las mejillas. —Las lágrimas ya no son necesarias, ahora es el tiempo de combatir. Estamos aquí— Neftis asintió con la cabeza. Luego se dibujó esperanza en su rostro. Mariam-Yandit I fue saludando a las otras encapuchadas con abrazos y besos de igual forma, mientras Cesarión, guardando distancia se limitaba a asentir.

Los otros se quitaron el sudario de su cabeza revelando su identidad. La que realizó la señal de la cruz era de ojos filosos y boca estirada, con un manto de rayas rojas con negro y portando en su antebrazo una gran cantidad de anillos dorados que llenaban de chirridos la habitación. Cesarión arrugaba y disimulaba rascando sus orejas que se las tapaba.

—¡Elizabeth Reth-Kiriath, la magistrada!— las manos de Neferu se quitaron de sobre Marwan para pasar a cubrir su boca, pero al darse cuenta, rápido las devolvió. Todos miraron en su dirección. La sonrisa se desvaneció del rostro de Elizabeth. Basemat bajó la cabeza al sentir el peso de sus ojos sobre ella. Un silencio incómodo compartió lugar con el ruido de las pulseras.

—No es por ti, jovencita— dijo otra de las que estaban encapuchadas que tenía un gorro piel de leopardo sobre su pequeño afro. Neferu se ruborizó. Era mucho más regordeta, de cara amigable, que hasta sus ojos parecían sonreír. En su boca tenía cicatrices al igual que en sus mejillas. —Vamos, nena, ven a saludarnos, ja, ja— su risa sonaba como tos pausada.

Eran otras dos heroínas nacionales, Nyadä Nhial, ‘la cazadora’ y a su lado, Ayen Atong, ‘la pescadora’ con marcas en sus mejillas típicas de los Dinka y portando un símbolo de pez en su manto. Neferu nunca se había cohibido tanto de gritar como en ese momento, ni siquiera en las horas de silencio.

—Ella es de quien te conté— dijo Mariam-Yandit. Nyadä se acercó a paso lento.

La única persona encapuchada que Neferu no conocía, ni admiraba era aquel joven de piel color arcilla y delgado, con cabello en guedejas. Estaba hablando con Cesarión y le entregaba un papel en mano. Portaba un manto con dos líneas azules en sus hombros.

—Beta-Israel— susurró Basemat. Todas las capuchas fueron tomadas por las Avispas, excepto la de aquel joven.

—Así que este es el talento del papado copto— la estudió con mirada inquisitiva. Neferu comenzó a temblar al estar frente a frente. La mujer la abrazó hasta levantarla del suelo. —Ya decía yo que la reina Neftis no sería la única con un don fuerte en esa familia— todos rieron excepto el joven Beta-Israel y Elizabeth Reth-Kiriath.

—Bien, nena, gracias por tu ayuda, pero nos gustaría que te vayas a descansar para que nosotras continuemos con el trabajo, ¿sí?— Nyadä Nhial, la mujer que desafió a los hombres de su tribu Nuer y combatió a las fuerzas de la dictadura en la batalla del Sudd; le estaba agradeciendo por sus palabras. Neferu no se contuvo más y le devolvió el abrazo.

—Bien, ya basta de saludos— intervino Elizabeth. Neferu hizo un puchero.

—Si, no es a lo que vinimos— habló Ahinoam. Cada una de ellas comenzó a tomar posiciones alrededor de la cama del joven rey; Mariam-Yandit I también. Nyadä acarició la cabeza de Neferu y tomó el lugar en el que estaba. —¿Listas?— Preguntó poniendo sus manos en posición sobre la espada de Marwan al igual que las otras. Unos círculos de energía aparecieron en las manos de ellas, todos de color amarillo.




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