Rey de las dos tierras: Arco del Califa poseído

Tiara de Compromiso

Neferu vio a Mariam-Yandit II abrazando sus pies con tristeza antes de que la puerta se cerrará tras sí. La muerte de la enfermera, recordó Neferu Basemat. Ese evento trágico no lo había presenciado al salir de la habitación en búsqueda de la reina Neftis y la profetisa Mariam-Yandit I para que solucionaran el problema de la posesión.

La mano de Marwan, aún en coma, sosteniendo el cuello de su prometida mientras ella se ahogaba era lo que habían encontrado al llegar. Desde que habían llegado del hospital no habían tenido la oportunidad de hablar con ella para saber cómo ocurrió todo, pero a juzgar por la reacción de la joven Tai-Seiti, Neferu estaba segura de que había sido traumático.

Una mano en la cabeza trajo de vuelta a la realidad a la joven novicia. Era la de la Apóstol General y profetisa Mariam-Yandit I quien la miraba con aprehensión, mientras Nyadä había recuperado del joven Tai-Seiti la comida y había vuelto a devorarla con gusto. Ayen, por otro lado, la mirada con mala cara, aunque a juzgar por su expresión, parecía más bien haber chupado un limón.

—Novicia Neferu Basemat Taahor, me gustaría hablar contigo sobre ciertas cosas, si no tienes ningún inconveniente— el corazón de la novicia dio un salto. La heroína nacional le pedía que se reuniera con ella. Dios le estaba regalando una oportunidad para brillar. Gracias, santo Zanich, agradeció en su mente. Sus palmas se reunieron para realizar el gesto con las manos.

—Si, por supuesto, mi señora— respondió emocionada. Ayen y Nyadä la miraron con una sonrisa cada una. Incluso Nyadä le susurró algo a Atong que la hizo sonreír con fuerza.

—Puedes decirme Mariam, si no tienes un problema con eso— Neferu asintió mucho hasta que la profetisa detuvo su cabeza. —Con un si es suficiente—

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Cuando la puerta se cerró, Mariam se revolvió entre las sábanas con frustración. Caleb, quien ahora estaba sentado en la silla junto a su cama, la miró incrédulo, mientras Alí no se movía de su posición.

—¡Ah, no puedes ser!— Mariam-Yandit II golpeaba la cama haciéndola rechinar. Calle levantó una ceja incrédulo ante tal espectáculo. Volvió a mirar en dirección a Alí quien se encogió de hombros.

—Si es por lo que pasó en el hospital...— Mariam abrió los ojos y se detuvo de su berrinche. En un instante tapó la boca de Caleb sosteniendo sus labios. La joven Tai-Seiti dio un brinco en la cama que la hizo estar sentada.

—No lo digas— intervino, tajante.

—¿Decir qué?— Su voz sonada como por una radio por hablar con los labios apretados.

—Que no fue para tanto y que no estaba a mi alcanza— Mariam quitó su mano de la boca de Caleb quien se limpió los labios con una toallitas húmedas del cubito que tenía a un lado en una mesa. Los sermones sobre el poder no estaban siendo útiles, solo la hacían conformita y mediocre. Una futura líder de la Guardia Real y Reina de la unión, no podía conformarse con la inutilidad.

Eres débil, aún resonaban las palabras del león en su cabeza y la de todos los demás. Incluso la imagen de su madre y de Marwan muertos en el suelo, desangrados, hasta que se volvían esqueletos. Una idea le vino a la mente, haciendo que chasquea los dedos. Caleb reaccionó al sonido.

—No quiero oír eso, sino quiero que me cuentes todo lo que oíste— Calbe asintió. Mariam quitó delante de ella la cabeza de su primo, apretándolo por las mejillas, viendo a Alí junto a la puerta, aún parado y con amabas manos detrás de sí. —¿Tú que haces ahí?— Mariam arqueó una ceja, incrédula.

El joven Alí se encogió de hombros de nuevo y por fin se quitó de la puerta acercándose a la mesa, por detrás de Caleb, con paso lento y dubitativo. Pateaba la mano y evita verla al rostro. Mariam se tocó el cabello y pasó sus manos por el rostro buscando algo malo.

—¿Tengo algo en la cara?— Sueño primo negó y una sonrisa apareció en su cara.

—Pero no creo que estés así por algo malo, sino por tu cara misma—

—Oye, Alí, ¿vas a actuar así después de 5 años que no nos veíamos?— Dijo Mariam-Yandit II haciendo un puchero mientras se cruzaba de brazos. Alí negaba con la cabeza. —¿Dónde estabas que no te vi en la Corte? ¿Y el señor Abdul?—

—Mi padre está bien, gracias por preguntar señorita...— Mariam-Yandit II le dio una patada en la pierna que le hizo escogerse. Caleb ni se inmutó ante el gesto.

—No vengas con eso de 'señorita', tonto— Mariam se levantó de la cama y abrazó a Alí quien no le devolvió el abrazo, antes se sobaba la pierna en donde había recibido el golpe. —Vamos, ¿que traes detrás de tí?— La joven Tai-Seiti comenzó a meter su mano detrás de Alí quien retrocedió de inmediato, aunque la pierna en que recibió el golpe tambaleó al movimiento. Caleb bufó al ver el gesto.

—No es nada, solo una flores que me encontré y quise traerlas a la joven novicia Neferu Basemat— la sonrisa despareció del rostro de Mariam-Yandit II quien se sentó, cruzada de brazos, en la cama. Alí observó preocupado el gesto.

—Ah, parece que tu también estás encantado con esa monja— dijo entre dientes. Sus dedos no paraban de moverse sobre sus brazos cruzados. Alí miró a Caleb quien le negó con la cabeza y le hizo una equis con las manos.

—Señor... Mariam, ¿te molesta Neferu?— Caleb se echó para atrás con la silla y hacía de la vista gorda.

—Es que es un presumida y creída— Mariam imitó la forma de hablar de Neferu en boz baja hasta suspirar. Intentó soplar un rasta, pero no se movía, por lo que se pasó la mano volviéndolo hacia atrás. —Aparte, bajo la excusa de querer interrogar al intruso, me robó la oportunidad de vengar a Marwan— el puño cerrado de Mariam chocó contra la cama.

—Yo creo que es una buena idea— expresó Caleb levantando las manos. Mariam lo miró de reojo y suspiró como el relindo de un caballo.

—Buena idea o no, la muy presumida quiso corregir mi forma de tratar a Marwan y sabes qué me, ¡ah!— Dio un grito la joven Tai-Seiti cayendo de espaldas a la cama. —No la soporto—




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